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Reserva del Pedregal: la UNAM resguarda 1,800 formas de vida

La Reserva del Pedregal de la UNAM alberga 1,800 formas de vida y una mezcla de especies única en el país. Así la moldeó el Xitle y esto falta por estudiar.

Por Editor web Maya Comunicación · 25 de octubre de 2026 · Lectura de 5 min

Campo de roca volcánica oscura con grietas y una cueva, cubierto de matorral con flores amarillas y pastos

Por Oliver García

La Reserva del Pedregal de San Ángel, el área natural que la UNAM protege dentro de Ciudad Universitaria, alberga 1,800 formas de vida y una combinación de especies que no existe en ningún otro lugar del país. Así lo informó Silke Cram Heydrich, secretaria ejecutiva de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA) e investigadora del Instituto de Geografía, en un comunicado difundido por la universidad el 24 de octubre de 2026.

La cifra importa porque se trata de un ecosistema original rodeado por una de las ciudades más grandes del mundo. Hace tres años, en el 40 aniversario de la reserva, la misma especialista hablaba de un registro de 1,500 formas de vida, todas plantas y animales, y advertía que de hongos, bacterias y otros microorganismos se sabía casi nada. El nuevo número confirma que el inventario sigue creciendo y que todavía hay mucho por descubrir bajo la roca volcánica.

El dato se presentó durante el Seminario Institucional 2026 del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC), en el auditorio Dr. Julián Adem, dentro de una sesión dedicada a los pedregales remanentes del campus y a las ciencias de la Tierra, la atmósfera y la astronomía.

Por qué la Reserva del Pedregal es tan diversa

La explicación está en el volcán Xitle. Según detalló Cram Heydrich, su erupción cubrió con lava casi 80 kilómetros cuadrados del sur del Valle de México y dejó una superficie llena de grietas, hondonadas, promontorios y cuevas. Cada uno de esos rincones crea un microambiente con distinta humedad, temperatura, luz y nutrientes, y esa variedad de condiciones en espacios muy pequeños es la que multiplica la biodiversidad.

El ecosistema dominante es el matorral xerófilo, que la investigadora describió como uno de los más diversos del Valle de México porque conserva organismos de todos los reinos: flora, fauna, hongos, protistas y bacterias. De los dos primeros grupos hay mucha información acumulada; de los últimos, en cambio, el conocimiento es limitado, lo que la UNAM presenta como una oportunidad abierta para la investigación. Además, en la Ciudad de México convergen distintas zonas biogeográficas, lo que explica que en la reserva convivan especies de origen muy diferente.

La conservación de la fauna nativa no termina en la reja de la reserva: también pasa por los jardines, azoteas y balcones de la ciudad. Para quien quiera aportar desde casa, en Maya explicamos qué plantas que sí ayudan a atraer colibríes en la Ciudad de México.

Una reserva que casi duplicó su tamaño

De acuerdo con la secretaria ejecutiva, la superficie de la REPSA casi se ha duplicado desde 1983, año desde el cual es un área natural protegida a cargo de la universidad. A esa zona núcleo se suman los llamados pedregales remanentes: espacios del campus con afloramientos de roca volcánica que, sin formar parte formal de la reserva, se consideran corredores biológicos y reservorios de vida silvestre nativa a partir del sexto acuerdo de la Reserva, emitido en 2025.

La escala del reto quedó clara en 2023, cuando Cram Heydrich explicó a Gaceta UNAM que más del 60% del derrame de lava original ya está urbanizado y que de aquel paisaje quedaban apenas 2.37 kilómetros cuadrados protegidos. Ese contexto ayuda a entender por qué cada fragmento de pedregal cuenta, en una ciudad donde la presión urbana también ha dejado huella en otros fenómenos, como el hundimiento del suelo de la capital.

Geopedregal: 70 tesis en un pedazo de lava

En Ciudad Universitaria también está el primer geositio restaurado con una propuesta de conservación del geobiopatrimonio: el proyecto Geopedregal, iniciado en 2013 en un pedregal ubicado entre los institutos de Geología y Geografía. María del Pilar Ortega Larrocea, investigadora del Instituto de Geología, informó que de ese proyecto se han derivado alrededor de 70 trabajos de tesis, varios de ellos sobre indicadores de restauración ecológica como la captura de carbono, la infiltración del agua y la biodiversidad.

Ortega Larrocea subrayó que restaurar un ecosistema va más allá de recoger basura, retirar pasto o proteger especies: implica también reconstruir los lazos sociales de las comunidades que conviven con él. Por eso el sitio se usa para divulgar, experimentar y formar especialistas de disciplinas tan distintas como la arquitectura y la psicología, y la universidad imparte un diplomado para que más personas aprendan a apreciar los pedregales y participen en su mantenimiento. La investigadora añadió que el espacio podría albergar una estación de monitoreo de la atmósfera, por tratarse de un sitio resguardado y destinado a la ciencia.

Qué sigue para los pedregales de la UNAM

Marie Noëlle Guilbaud, investigadora del Instituto de Geofísica, recordó que los pedregales de los institutos de Geología, Geofísica y Geografía conservan parte del campo de lava original. En agosto de 2025, las tres entidades firmaron un acuerdo de colaboración para protegerlos y estudiarlos, con el objetivo de proponer un plan de manejo.

Según la especialista, preservar este patrimonio exige tres pasos: conocerlo, es decir, ubicar, identificar e interpretar lo que se observa; valorarlo, mediante restauración, difusión y educación; y conservarlo, con medidas de protección y el propio plan de manejo. Para lograrlo, dijo, hace falta la participación de varias disciplinas y un esfuerzo constante de geoeducación.

El mensaje de fondo es que la biodiversidad urbana no está garantizada. Las 1,800 formas de vida del Pedregal son un recordatorio de lo que se pierde cuando un ecosistema desaparece bajo el concreto, en un momento en que estudios internacionales documentan el declive de casi la mitad de las especies de aves migratorias. La siguiente tarea para la UNAM será completar el inventario de los grupos menos estudiados, como hongos y bacterias, y convertir el acuerdo de los institutos en un plan de manejo concreto.

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