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¿Por qué se hunde la Ciudad de México? Causas y efectos del hundimiento del suelo

La capital se asienta sobre el antiguo lecho lacustre y la extracción de agua del subsuelo acelera su hundimiento. Te explicamos por qué ocurre y qué consecuencias tiene.

Por Editor web Maya Comunicación · 20 de octubre de 2026 · Lectura de 4 min

Especialistas miden el hundimiento del suelo en una calle de la Ciudad de México

Por Anabel Beltrán

Quien camina por el Centro Histórico de la Ciudad de México puede notarlo a simple vista: templos ligeramente inclinados, banquetas onduladas, puertas que quedaron por debajo del nivel de la calle. No es un efecto del paso del tiempo solamente. La capital del país es una de las grandes ciudades del mundo con mayor velocidad de hundimiento del suelo, un fenómeno que los especialistas llaman subsidencia y que está ligado a su historia geológica y a la forma en que obtiene su agua.

Una ciudad construida sobre un lago

La Cuenca de México es una cuenca cerrada rodeada de montañas y volcanes. Durante miles de años, el agua de lluvia y de los ríos se acumuló en su fondo y formó un sistema de lagos: Texcoco, Xochimilco, Chalco, Zumpango y Xaltocan, entre otros. Sobre un islote de ese sistema, los mexicas fundaron Tenochtitlan.

Con la llegada de los españoles comenzó un largo proceso de desecación para evitar inundaciones. Siglos de obras hidráulicas, como el Tajo de Nochistongo, el Gran Canal del Desagüe y, más recientemente, el Drenaje Profundo, sacaron el agua de la cuenca. La ciudad creció sobre los antiguos lechos lacustres, formados por arcillas muy blandas y con un alto contenido de agua.

El papel de los pozos

Esas arcillas se comportan como una esponja saturada. Cuando se extrae agua de los acuíferos que están debajo mediante pozos profundos, la presión del agua en el subsuelo disminuye y las capas de arcilla se compactan. El resultado es que la superficie desciende. Como buena parte del abastecimiento de la capital proviene del acuífero, la extracción constante mantiene activo el proceso.

El hundimiento no es uniforme. Las zonas asentadas sobre los antiguos lagos, especialmente en el oriente y en partes del centro y sur de la ciudad, se hunden más rápido que las zonas de lomas y de roca volcánica, como el poniente o el Pedregal. Estudios con mediciones satelitales han documentado que en ciertas áreas el suelo baja varias decenas de centímetros por año.

Las huellas en la ciudad

Los efectos están por todas partes. La Catedral Metropolitana fue objeto de complejos trabajos de corrección geométrica en la década de los noventa para frenar su inclinación diferencial. El Monumento a la Independencia ha requerido que se le añadan escalones a lo largo de su historia, porque el terreno a su alrededor descendió mientras su cimentación profunda lo mantuvo relativamente estable.

  • Grietas y fracturas: en algunas alcaldías del oriente aparecen grietas en calles y viviendas por el hundimiento diferencial.
  • Fugas en la red hidráulica: las tuberías se deforman y se rompen, lo que provoca pérdidas de agua.
  • Drenaje: el sistema que antes funcionaba por gravedad necesita bombeo en varios puntos.
  • Infraestructura: líneas de transporte, puentes y edificios requieren mantenimiento adicional.

Una paradoja hídrica

La Ciudad de México vive una contradicción: sufre inundaciones en temporada de lluvias y escasez de agua en temporada seca. El hundimiento agrava ambas cosas. Por un lado, deforma la red de drenaje y genera zonas bajas donde se acumula el agua; por otro, las fugas derivadas de tuberías dañadas reducen el agua que llega a los hogares, lo que a su vez presiona para extraer más del acuífero.

¿Se puede frenar?

Los especialistas coinciden en que el hundimiento no puede revertirse, porque las arcillas compactadas no recuperan su volumen original. Lo que sí es posible es reducir su velocidad. Las estrategias que se discuten desde hace años incluyen disminuir la dependencia de los pozos, reparar fugas, captar agua de lluvia, recargar artificialmente el acuífero con agua tratada y proteger el suelo de conservación del sur de la ciudad, donde se infiltra buena parte del agua que alimenta el subsuelo.

A escala doméstica también hay acciones que ayudan: reportar fugas en la vía pública, instalar dispositivos ahorradores, reutilizar el agua cuando sea posible y considerar sistemas de captación pluvial en viviendas y escuelas. Cada litro que no se extrae del acuífero representa un pequeño alivio para el subsuelo.

Una ciudad que se mueve

El hundimiento es un recordatorio de que la Ciudad de México sigue dialogando con su pasado lacustre. Las calles que hoy pisamos fueron agua hace algunos siglos, y el suelo guarda memoria de ello. Conocer el fenómeno ayuda a entender por qué ciertas obras se deterioran más rápido, por qué el tema del agua es central en la agenda de la capital y por qué cuidar el acuífero es, literalmente, cuidar el piso que sostiene a millones de personas.

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