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Geoparques: México tiene dos de los 241 que reconoce la UNESCO

Los geoparques de Comarca Minera y Mixteca Alta guardan lava, fósiles marinos y saberes locales. Qué son, qué hay en cada uno y por qué importan, según la UNAM.

Por Editor web Maya Comunicación · 26 de octubre de 2026 · Lectura de 5 min

Cañón de roca volcánica cubierto de vegetación con una cascada que cae a una poza verde

Por Oliver García

Los geoparques son territorios donde la historia de la Tierra se lee en las rocas, pero también en el agua, los cultivos y la cocina de quienes los habitan. México tiene dos de los 241 geoparques mundiales reconocidos por la UNESCO: Comarca Minera, en Hidalgo, y Mixteca Alta, en Oaxaca, según un reportaje de UNAM Global Revista difundido este 26 de octubre de 2026 por la Gaceta UNAM.

El tema gana relevancia porque en 2026 la UNESCO sumó 12 nuevos geoparques a su red internacional, que ahora reúne 241 territorios en 51 países. Los dos mexicanos recibieron la distinción en 2017 y ambos han contado con participación científica de la Universidad Nacional, de acuerdo con el texto universitario.

Lo que falta, advierte la propia publicación, es medir con rigor sus beneficios de largo plazo: cuánto empleo generan, cuánto ingreso llega a los productores y cómo se reparten las oportunidades entre comunidades.

Qué son los geoparques y en qué se distinguen

Un geoparque es un territorio con sitios y paisajes de importancia geológica cuya conservación se vincula con la educación y el desarrollo sostenible. Cuando ese patrimonio tiene relevancia internacional y cumple ciertos requisitos de gestión, puede recibir el reconocimiento de Geoparque Mundial de la UNESCO. La diferencia con otros espacios naturales es que no se limita a proteger rocas, montañas o fósiles: también considera su relación con la biodiversidad, la historia, la cultura y la economía local.

La Gaceta UNAM aclara un punto que suele confundirse: un geoparque no es necesariamente un parque nacional ni constituye, por sí mismo, una categoría de área natural protegida. Su reconocimiento tampoco implica que todas las actividades económicas queden prohibidas. Lo que exige la UNESCO es que existan mecanismos para conservar el patrimonio geológico y promover su aprovechamiento responsable, conforme a las leyes de cada país, con participación de las comunidades en las decisiones. Si planeas visitar un territorio de este tipo, conviene repasar qué revisar antes de caminar por un área natural protegida, porque muchas de esas precauciones aplican igual.

Comarca Minera: prismas basálticos y plata

El Geoparque Mundial UNESCO Comarca Minera ocupa aproximadamente 1,848 kilómetros cuadrados en el centro-sur de Hidalgo y su historia está ligada a la actividad volcánica y a la explotación de minerales. Su sitio más conocido son los prismas basálticos de Santa María Regla, enormes columnas geométricas que se formaron por el enfriamiento y la contracción de la lava hace millones de años y que parecen construidas a propósito.

El patrimonio del geoparque incluye la historia minera de Pachuca y Real del Monte, donde la extracción de plata dejó huella económica, arquitectónica y cultural. Según la Gaceta UNAM, la llegada en el siglo XIX de mineros de Cornualles, en Reino Unido, transformó técnicas y costumbres locales; el paste, hoy símbolo gastronómico de Hidalgo, es uno de los ejemplos. El Instituto de Geofísica de la UNAM ha participado en el respaldo científico del territorio.

En agosto de 2026, especialistas de la UNESCO realizaron una visita de evaluación al geoparque para revisar avances en conservación, educación ambiental, geoturismo y participación comunitaria. Durante esa visita se presentaron 36 geoproductos locales y se entregaron 17 reconocimientos: cinco a geoguías, ocho a geoproductores y cuatro a cocineras tradicionales. También se revisaron nuevas rutas, entre ellas la georruta de los Tinacales. Estas evaluaciones forman parte del proceso con el que la UNESCO verifica que un geoparque mantenga las condiciones para conservar su reconocimiento.

Mixteca Alta: un mar antiguo en la montaña

El segundo geoparque mexicano, Mixteca Alta, abarca alrededor de 415 kilómetros cuadrados en nueve municipios de Oaxaca. Destaca por sus paisajes erosionados y por un dato que sorprende: algunas de sus rocas conservan evidencias de ambientes marinos. Las investigaciones paleontológicas han identificado fósiles de moluscos y otros invertebrados que vivieron en un mar poco profundo durante el Cretácico temprano, hace entre 140 y 110 millones de años.

Uno de los espacios donde se estudia y divulga ese pasado es el Geosendero Yutoto. La Gaceta UNAM subraya que el conocimiento de los habitantes ha sido clave para localizar formaciones, quebradas, cascadas y zonas de interés paleontológico. Las comunidades también han desarrollado durante generaciones técnicas para enfrentar la erosión, como los lamabordos, estructuras que retienen sedimentos y crean superficies de cultivo, con antecedentes de más de tres mil años.

La riqueza del territorio se extiende a la alimentación. Una investigación del Instituto de Geografía de la UNAM identificó 42 especies de plantas silvestres alimenticias que las comunidades de la Mixteca Alta usan para autoconsumo, entre ellas quelites blancos y cenizos, quintoniles, alaches, guajes y coyules. En 2025, ese mismo instituto dio a conocer el proyecto de un Jardín Geobotánico de más de 2 mil metros cuadrados en Santo Domingo Yanhuitlán, para mostrar cómo rocas, suelos y relieve se relacionan con magueyes, palmas, maíz, frijol y calabaza.

Por qué importan los geoparques y qué falta por medir

El geoturismo es una de las herramientas centrales de estos territorios: busca que el visitante entienda el origen geológico del paisaje y su relación con la historia y la cultura local. Un recorrido puede incluir fósiles, talleres artesanales y cocina regional, lo que abre oportunidades para guías, productores, artesanos y hospedajes. En Maya ya hemos explicado qué preguntar para elegir una experiencia de turismo comunitario responsable, un criterio útil también aquí.

La publicación universitaria, sin embargo, no idealiza el modelo: el turismo no garantiza por sí mismo el desarrollo sostenible. Más visitantes pueden presionar los recursos naturales, alterar dinámicas comunitarias o concentrar los beneficios en pocos sectores. Por eso, concluye, los geoparques necesitan mecanismos de gestión que protejan los recursos, respeten las decisiones de las comunidades y repartan las oportunidades de forma más equitativa.

La conservación de paisajes de origen volcánico tiene ejemplos también dentro de la capital, como la Reserva del Pedregal de la UNAM, que resguarda 1,800 formas de vida sobre la lava del Xitle. Lo que sigue para Comarca Minera y Mixteca Alta es sostener su reconocimiento en las evaluaciones periódicas de la UNESCO y demostrar con datos que la conservación del patrimonio geológico se traduce en bienestar para quienes viven en esos territorios.

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