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Primer salto en paracaídas: la hazaña de Garnerin cumple 229 años

El 22 de octubre de 1797, André-Jacques Garnerin hizo el primer salto en paracaídas desde un globo, sobre París. Así fue su hazaña y lo que cambió después.

Por Editor web Maya Comunicación · 22 de octubre de 2026 · Lectura de 4 min

Globo aerostático claro flotando al amanecer sobre un extenso bosque, con el sol saliendo en el horizonte

Por Alejandra Lugo

Un día como hoy, el 22 de octubre de 1797, el francés André-Jacques Garnerin realizó el primer salto en paracaídas desde un globo del que se tiene registro. Lo hizo sobre el actual Parque Monceau, en París, y aterrizó a salvo frente a una multitud que lo vio descender entre gritos de angustia.

La fecha importa porque marca el momento en que el paracaídas dejó de ser una idea de inventores y se convirtió en un recurso probado para descender desde gran altura. De aquel aparato de seda nacieron, con muchas mejoras, los equipos que hoy usan pilotos, rescatistas, deportistas e incluso las cápsulas espaciales.

Guinness World Records reconoce ese descenso como el primer salto en paracaídas desde un globo y estima que se hizo desde unos 914 metros de altura, el equivalente a 3,000 pies. La revista National Geographic Historia, con base en el relato del astrónomo Joseph Lalande, testigo de la época, habla de unos 900 metros.

Cómo fue el primer salto en paracaídas

Según National Geographic Historia, Garnerin sujetó el paracaídas a un globo de hidrógeno con una cuerda. Al alcanzar la altura prevista, cortó el cabo y comenzó a caer. El aparato era una cúpula de seda de siete metros de diámetro, sin bastidor rígido en los bordes, unida a una cesta por un mástil central parecido al de un paraguas y por 12 cuerdas atadas al borde de la tela.

El descenso no fue tranquilo. Lalande relató que el paracaídas bajó rápidamente y con una oscilación tan fuerte que a los espectadores se les escapó un grito de terror. Aun así, Garnerin se posó en el parque en medio de una multitud que, según ese testimonio, mostró su admiración por el talento y la valentía del joven aeronauta.

Aquella oscilación tuvo una solución sencilla que todavía se usa. El propio Lalande sugirió abrir un pequeño agujero en la parte superior de la tela para que el aire saliera de manera ordenada y el paracaídas dejara de balancearse. Hoy, muchos diseños incluyen una abertura con esa misma función.

La idea nació en una prisión

Garnerin nació en París en 1769, estudió física y combatió en las guerras revolucionarias, de acuerdo con National Geographic Historia. Cuando cayó prisionero de los austriacos, pensó que un paracaídas podría servirle para saltar el muro de la cárcel y escapar. No llegó a usarlo para fugarse, pero en 1797, ya en libertad, construyó su primer prototipo.

No fue el primero en pensar en el invento. En 1783, el mismo año en que los hermanos Montgolfier presentaron el globo aerostático, su compatriota Louis-Sébastien Lenormand saltó desde lo alto del observatorio de Montpellier con una tela sostenida por cuerdas. A él se atribuye la palabra «parachute», que une el griego «para», contra, y el francés «chute», caída.

Hay una curiosidad más en los registros: el nombre del protagonista aparece en distintos órdenes. Guinness lo identifica como André Jacques Garnerin, mientras que National Geographic Historia lo escribe Jacques-André. Se trata de la misma persona, y la fecha del 22 de octubre de 1797 coincide en ambas fuentes.

Del parque de París al espacio

Garnerin hizo después decenas de exhibiciones. En 1802, tras la firma de la paz de Amiens entre Francia y Gran Bretaña, cruzó el canal de la Mancha en globo y descendió en paracaídas sobre suelo británico desde unos 2,400 metros, según la misma revista. Entre quienes lo vieron saltar en 1797 estaba Jeanne-Geneviève, quien se convirtió en su alumna y esposa y, en 1799, en la primera mujer paracaidista.

Más de dos siglos después, el principio sigue siendo el mismo: una superficie amplia que frena la caída con la resistencia del aire. Las cápsulas espaciales lo usan para regresar a la Tierra, como ocurrió en el amerizaje de Artemis II, y los globos que inspiraron a Garnerin todavía llenan el cielo en eventos como el Festival Internacional del Globo de León.

La historia del paracaídas es también un recordatorio de cómo los inventos rara vez nacen de golpe: se prueban, fallan, se corrigen y se perfeccionan durante décadas. Si te gustan este tipo de historias, en Maya repasamos los inventos mexicanos que usas todos los días. Hoy se cumplen 229 años de aquel salto sobre París.

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