Luis Ernesto Miramontes: el químico mexicano detrás de la píldora anticonceptiva
En 1951, en un laboratorio de la Ciudad de México, un joven químico nayarita sintetizó la noretisterona, compuesto clave de los primeros anticonceptivos orales. Esta es su historia.

Por Anabel Beltrán
Pocas innovaciones del siglo XX transformaron tanto la vida cotidiana como la píldora anticonceptiva. Lo que muchas personas desconocen es que uno de sus componentes fundamentales fue sintetizado por primera vez en la Ciudad de México, por un joven químico mexicano: Luis Ernesto Miramontes Cárdenas.
Un estudiante nayarita
Luis Ernesto Miramontes nació en 1925 en Tepic, Nayarit. Se trasladó a la Ciudad de México para estudiar y se formó como ingeniero químico en la Universidad Nacional Autónoma de México. Mientras era estudiante, comenzó a trabajar en Syntex, una empresa farmacéutica con sede en la capital que en esos años se convirtió en uno de los centros mundiales de investigación en química de esteroides.
México, potencia en hormonas
El papel de México en esta historia no fue casual. En la década de 1940 se descubrió que el barbasco, un tubérculo silvestre de las selvas del sur y sureste del país, contenía diosgenina, una sustancia que podía transformarse en hormonas esteroideas de manera mucho más económica que con los métodos anteriores. Este hallazgo, al que contribuyó el químico estadounidense Russell Marker, convirtió a México en un actor clave en la producción mundial de hormonas.
Syntex reunió a un grupo de científicos, entre ellos el químico de origen húngaro George Rosenkranz y el joven químico Carl Djerassi, con quienes trabajó Miramontes.
El 15 de octubre de 1951
El objetivo del equipo era desarrollar un compuesto similar a la progesterona, la hormona que inhibe la ovulación, pero que fuera eficaz al tomarse por vía oral. La progesterona natural perdía buena parte de su efecto al ingerirse.
El 15 de octubre de 1951, Miramontes, que entonces tenía 26 años, logró sintetizar la noretisterona, también conocida como noretindrona, un progestágeno sintético activo por vía oral. Este compuesto se convertiría en uno de los ingredientes de los primeros anticonceptivos orales. La patente fue registrada a nombre de Djerassi, Miramontes y Rosenkranz.
Reconocimiento tardío
Durante décadas, el nombre de Miramontes quedó en segundo plano en la historia de la píldora, que suele asociarse con científicos estadounidenses que desarrollaron otras etapas de la investigación clínica y la comercialización. Con el tiempo, sin embargo, su aporte ha sido cada vez más reconocido. La Academia Mexicana de Ciencias y otras instituciones han destacado su contribución, y su invento ha sido señalado en distintas ocasiones como uno de los más importantes de la ciencia mexicana.
Una carrera más allá de la píldora
Miramontes no se limitó a ese descubrimiento. A lo largo de su vida publicó numerosos trabajos científicos y obtuvo decenas de patentes en áreas como la química farmacéutica, la petroquímica y la química de contaminantes atmosféricos. Fue también profesor e investigador, y trabajó en instituciones como el Instituto Mexicano del Petróleo. Falleció en 2004, en la Ciudad de México.
El impacto de un compuesto
- Salud reproductiva: la anticoncepción oral dio a millones de mujeres mayor control sobre su fertilidad.
- Cambios sociales: contribuyó a transformaciones en la educación, el trabajo y la planificación familiar.
- Medicina: los progestágenos sintéticos se utilizan también en otros tratamientos hormonales.
- Ciencia mexicana: demostró la capacidad de los laboratorios nacionales para generar innovación de alcance mundial.
Una historia para las aulas
Divulgadores y docentes han propuesto incluir la historia de Miramontes en la enseñanza de ciencias, no solo como dato curioso, sino como ejemplo de cómo funciona la investigación: trabajo en equipo, rigor experimental y la combinación de recursos naturales del país con conocimiento científico de frontera.
Un orgullo para recordar
La historia de Luis Ernesto Miramontes es un recordatorio de que la ciencia hecha en México ha cambiado el mundo, aunque a veces sus protagonistas no aparezcan en los libros de texto. Su hallazgo, logrado en un laboratorio de la capital cuando apenas comenzaba su carrera, figura entre las aportaciones científicas mexicanas de mayor impacto global. Conocer su nombre es también una forma de inspirar a nuevas generaciones de científicas y científicos del país.



