Leyenda del Callejón del Beso: la historia de amor trágico que se cuenta en Guanajuato
Dos balcones separados por unos cuantos centímetros y un amor prohibido: así es la leyenda del Callejón del Beso, uno de los relatos más famosos de Guanajuato.

Por Anabel Beltrán
Entre las calles empinadas y los callejones de la ciudad de Guanajuato hay uno que atrae a visitantes de todo el mundo, sobre todo a parejas. Es el Callejón del Beso, un pasaje tan estrecho que los balcones de las casas que lo flanquean casi se tocan. Su fama no se debe solo a su arquitectura, sino a una leyenda de amor trágico que se ha transmitido de generación en generación.
Un callejón diminuto
El Callejón del Beso se encuentra en el centro histórico de Guanajuato, ciudad cuyo trazado irregular se adaptó a las cañadas y montañas donde surgió como centro minero durante el virreinato. En el punto más estrecho del callejón, los balcones de dos casas enfrentadas quedan separados por unos 68 centímetros, una distancia tan corta que dos personas asomadas podrían tomarse de las manos.
La leyenda
Como ocurre con muchos relatos populares, existen distintas versiones, pero la más difundida cuenta la historia de Ana, una joven de familia acaudalada, y Carlos, un muchacho humilde, en algunas versiones minero. Ambos se enamoraron, pero el padre de Ana, hombre de carácter violento, se oponía rotundamente a la relación y prohibió a su hija verlo.
Para impedir el romance, el padre amenazó con encerrar a Ana en un convento o casarla con un hombre rico de España. Desesperado, Carlos encontró una solución ingeniosa: compró o rentó la casa que estaba justo enfrente de la de Ana, al otro lado del estrecho callejón. Así, cada noche, los enamorados podían asomarse a sus balcones y conversar, e incluso besarse, sin que nadie lo supiera.
Una noche, el padre descubrió a los amantes. Enfurecido, entró a la habitación con una daga y, en el arrebato, la clavó en el pecho de su hija. Carlos, impotente desde el balcón de enfrente, solo alcanzó a besar la mano de Ana mientras ella moría. Según el relato, el joven, devastado, terminó quitándose la vida tiempo después.
La tradición del tercer escalón
De la leyenda surgió una tradición que hoy cumplen miles de visitantes. Se dice que las parejas que se besan en el tercer escalón del callejón, debajo de los balcones, tendrán siete años de felicidad o de buena suerte. En cambio, quienes pasen por ahí y no se besen sufrirán siete años de mala suerte en el amor. Por eso es común ver filas de parejas esperando su turno para la fotografía y el beso.
Entre la historia y la ficción
No existen pruebas documentales de que la historia de Ana y Carlos haya ocurrido. Los especialistas en tradición oral explican que muchas leyendas urbanas mexicanas se construyen a partir de elementos reales, como un sitio peculiar o conflictos sociales de una época, y se enriquecen con detalles que se van añadiendo con cada narración. En este caso, la diferencia de clases, la autoridad paterna y el amor imposible son temas que resonaban con fuerza en la sociedad virreinal y decimonónica.
La leyenda ha sido recopilada por cronistas y escritores, representada en obras de teatro y recreada por las estudiantinas y callejoneadas que recorren la ciudad por las noches, donde los músicos la narran entre canciones.
Una ciudad de leyendas
Guanajuato es tierra fértil para los relatos fantásticos. Además del Callejón del Beso, se cuentan historias sobre las momias de Guanajuato, apariciones en antiguas minas, túneles subterráneos y personajes como la Llorona, que en distintas regiones del país tiene sus propias versiones. Las callejoneadas son la manera ideal de escucharlas.
Visitar el callejón
- Ubicación: se encuentra a pocas cuadras del Jardín de la Unión, en el centro de la ciudad.
- Mejor horario: temprano por la mañana para evitar filas.
- Balcones: en algunas ocasiones es posible subir a uno de ellos mediante una cuota, lo que permite tomar fotografías desde arriba.
- Respeto: las casas del callejón son habitadas, por lo que se pide no hacer ruido excesivo.
Real o inventada, la leyenda del Callejón del Beso demuestra el poder de las historias para dar vida a un lugar. Un pasaje de piedra se convirtió, gracias a la memoria colectiva, en uno de los símbolos románticos más reconocidos de México.



