Palabras del náhuatl que usas todos los días sin saberlo
Aguacate, chocolate, chicle o papalote: el náhuatl vive en el español de México y en otros idiomas del mundo. Te contamos el origen de algunas de estas palabras.

Por Anabel Beltrán
Cada vez que alguien pide guacamole, compra chicles o vuela un papalote, está hablando, sin darse cuenta, un poco de náhuatl. Esta lengua, hablada por los mexicas y por muchos otros pueblos de Mesoamérica, dejó una huella profunda en el español de México y, a través de él, en idiomas de todo el mundo. A estas palabras se les llama nahuatlismos.
Una lengua viva
Antes de hablar de préstamos, conviene recordar que el náhuatl no es una lengua muerta. De acuerdo con los censos del INEGI, es la lengua indígena con mayor número de hablantes en México, con más de un millón y medio de personas que lo hablan en estados como Puebla, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Guerrero y la Ciudad de México, entre otros. Sus variantes son diversas y siguen evolucionando.
De la cocina al mundo
Muchos de los nahuatlismos más conocidos nombran alimentos que eran desconocidos en Europa antes del siglo XVI. Al viajar los productos, viajaron también sus nombres:
- Aguacate: de ahuacatl. En inglés se transformó en avocado.
- Tomate: de tomatl. En México, jitomate viene de xitomatl.
- Chile: de chilli, palabra que pasó al inglés casi intacta.
- Cacahuate: de tlalcacahuatl, algo así como «cacao de tierra».
- Chocolate: su origen se relaciona con el náhuatl y con la palabra cacahuatl, aunque los lingüistas aún debaten la etimología exacta.
- Elote: de elotl, la mazorca tierna.
- Tamal: de tamalli.
- Pozole: se relaciona con pozolli.
Animales con nombre náhuatl
- Coyote: de coyotl.
- Ocelote: de ocelotl, nombre de un felino que también designaba a los guerreros jaguar.
- Guajolote: de huexolotl.
- Ajolote: de axolotl, el anfibio de Xochimilco.
- Tecolote: de tecolotl, búho.
- Chapulín: de chapolin.
Objetos de todos los días
Los nahuatlismos también nombran objetos cotidianos. El chicle viene de tzictli, la resina del chicozapote que se masticaba desde tiempos antiguos. El papalote proviene de papalotl, mariposa, por la forma en que el juguete vuela. El petate viene de petlatl, la estera tejida de palma. El metate proviene de metlatl, la piedra para moler, y el molcajete de una palabra relacionada con la salsa, molli, y el recipiente. El comal se relaciona con comalli, y la jícara con xicalli.
Palabras con sentimiento
Algunas palabras de origen náhuatl expresan emociones y acciones cotidianas. Apapachar, que significa abrazar o consentir con cariño, suele relacionarse con un término náhuatl vinculado a ablandar o acariciar. Mitote, que en México se usa para referirse a un alboroto o chisme, proviene de una palabra que designaba un tipo de baile. Achichincle, para referirse a un ayudante, también tiene raíz náhuatl.
Nombres de lugares
La huella del náhuatl es evidente en la toponimia. México, Tlaxcala, Oaxaca, Michoacán, Jalisco, Zacatecas, Colima y Chiapas, entre muchos otros, tienen nombres de origen náhuatl o adaptados a través de esa lengua. Las terminaciones -tlán, -tepec o -co, que significan aproximadamente «lugar de», «en el cerro» o «en», son pistas que permiten reconocer un topónimo náhuatl.
Más allá del náhuatl
El náhuatl no es la única lengua indígena que aportó palabras al español. Del maya yucateco provienen términos de uso regional en la península, y de lenguas del Caribe, como el taíno, llegaron palabras como huracán, canoa o barbacoa, que los españoles adoptaron antes de llegar a Mesoamérica. La riqueza del español de México se explica, en buena medida, por ese contacto constante entre lenguas.
Una herencia que nos define
Los nahuatlismos son una prueba de que la cultura mesoamericana no desapareció con la Conquista, sino que se mezcló y sigue presente en la vida diaria. Conocer el origen de estas palabras es una invitación a valorar las lenguas indígenas de México, que siguen siendo habladas por millones de personas y que enfrentan el reto de transmitirse a las nuevas generaciones. Cada vez que decimos aguacate o apapacho, honramos, sin saberlo, esa herencia.



