Tope a la Modalidad 40: quién pierde y qué busca el IMSS
El IMSS topó la Modalidad 40 al último salario más una UMA. Datos de la ASF explican por qué y quién pierde con las nuevas reglas.

Por Bruno Cortés
Desde este jueves 22 de octubre, quien quiera entrar a la Modalidad 40 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ya no podrá escoger el salario con el que cotiza. El tope a la Modalidad 40 lo fija ahora el último salario registrado con un patrón, más una Unidad de Medida y Actualización (UMA) como máximo. Parece un ajuste técnico, pero cierra el atajo más usado por la generación que cotizó antes de julio de 1997 para mejorar su pensión, y sin pasar por el Congreso. La pregunta de fondo no es si el esquema desaparece —no desaparece—, sino quién pagaba el costo de esas pensiones y quién se queda ahora fuera de la ventanilla.
Qué cambió y desde cuándo
El Consejo Técnico del IMSS aprobó el acuerdo ACDO.AS2.HCT.101026/302.P.DG en una sesión extraordinaria del 10 de octubre; se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 21 y entró en vigor hoy. Según el texto del acuerdo citado por El Universal y La Jornada, las nuevas incorporaciones a la Continuación Voluntaria en el Régimen Obligatorio —el nombre formal de la Modalidad 40— se harán «a razón del último salario base de cotización registrado al momento de causar baja en el régimen obligatorio o hasta el importe de éste, más una Unidad de Medida y Actualización», sin bajar nunca del salario mínimo general.
Hay otros tres cambios. El aseguramiento contará solo a partir de la fecha de la solicitud, sin pagos hacia atrás. Quien esté inscrito como persona trabajadora independiente, en la fracción I del artículo 13 de la Ley del Seguro Social, no podrá contratar al mismo tiempo la Modalidad 40. Y el trámite será exclusivamente digital, con un canal para casos especiales. Quienes ya estaban inscritos conservan sus condiciones hasta que termine el periodo contratado, y el IMSS reconocerá las semanas y salarios efectivamente pagados. En Maya publicamos una guía práctica de lo que cambia en la Modalidad 40; aquí nos ocupamos del porqué y de sus consecuencias.
Del techo de 25 UMA al último salario
Hasta ayer, la regla permitía elegir un salario de cotización superior al último registrado, con el límite legal de 25 UMA. Con la UMA de 2026, que el INEGI fijó en 117.31 pesos diarios, ese techo equivale a 2,932.75 pesos al día. El salario mínimo general para el resto del país es de 315.04 pesos diarios en 2026, según la resolución de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos.
Reforma ejemplificó el cambio así: alguien que cotizaba con 500 pesos diarios podía, si tenía recursos, pagar sobre el máximo de 2,932 pesos; ahora su límite será 617.31 pesos. Según nuestro cálculo, eso equivale a apenas 21% del techo anterior; para un último salario de 600 pesos, el nuevo máximo de 717.31 pesos representa 24%. El mismo diario estimó que, con 2,000 semanas cotizadas, 60 años de edad y el salario máximo, un trabajador podía recibir al menos 61,500 pesos al mes.
Lo que encontró la auditoría
El dato más revelador viene de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). En su auditoría de desempeño a la Modalidad 40 sobre la Cuenta Pública 2024, la ASF reportó que al cierre de ese año había 275,087 asegurados en el esquema, frente a 211,796 en 2020, un crecimiento promedio anual de 6.8%. Solo en 2024 el instituto gestionó 89,486 inscripciones, 111,381 bajas y 17,638 reingresos.
La auditoría documenta para qué se usaba el esquema. En promedio, los asegurados se inscribieron con un salario base de cotización 5.0 veces superior al último registrado en el régimen obligatorio: 1,974 pesos diarios en promedio, y el salario elegido con más frecuencia fue el máximo permitido. El 64.1% de los inscritos de 2024 eligió entre 2,171.4 y 2,714.3 pesos diarios, el tope vigente ese año. La ASF describe una tendencia a asegurarse antes de los 60 años con el salario máximo para darse de baja después de esa edad, lo que, en sus palabras, reflejó el uso de la modalidad «como recurso para acceder e incrementar la cuantía de la pensión».
También halló fallas de control: el IMSS registró 36,853 movimientos de «modificación de salario», de los cuales 84.6% correspondió a solicitudes de asegurados, aunque ese movimiento no estaba normado para la Modalidad 40; inscribió a 270 personas y reingresó a 129 sin que acreditaran uno o más requisitos, y su sistema tenía registros inconsistentes en edades y fechas.
En el lado de las pensiones, la ASF contó 91,083 pensiones otorgadas a personas que tuvieron Modalidad 40; 98.4% bajo la ley de 1973. Las de cesantía en edad avanzada oscilaron entre 3,130.7 y 84,345.1 pesos, con un promedio de 23,663.7 pesos para mujeres y 27,138.6 para hombres.
El costo para las finanzas públicas
Las pensiones de la generación de transición —quienes cotizaban antes de la reforma de 1997— no se pagan con un ahorro individual, sino con recursos del gobierno federal. «La generación de transición se está financiando con impuestos», explicó en junio a Reforma Alejandra Macías, investigadora del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), quien advirtió que una tasa de reemplazo superior a 100% del salario no es sostenible y recordó que la OCDE considera adecuada una de entre 70% y 80%.
El margen es estrecho. De acuerdo con el Paquete Económico 2027 que Hacienda entregó al Congreso, citado por Expansión, el gasto en pensiones y jubilaciones será de 1.84 billones de pesos el próximo año, y con las pensiones no contributivas del Bienestar el total llega a 2.48 billones, cerca de 23% del gasto público y alrededor de 6% del PIB. El especialista Rolando Talamantes dijo a Forbes México que el tope «definitivamente es un tema presupuestal» y recordó que en 2020 ya hubo un intento legislativo de limitar la modalidad.
El Gobierno pone el acento en otro lado. Eduardo Alcaraz, titular de la Unidad de Incorporación al Seguro Social, afirmó, según La Jornada, que los cambios buscan «evitar prácticas de simulación y garantizar que este mecanismo se use correctamente, a fin de proteger los derechos pensionarios de los trabajadores». El experto Moisés Pérez Peñaloza mencionó a Forbes México casos de empleos simulados y de venta de semanas e incrementos salariales fraudulentos.
Quién gana y quién pierde
El efecto no es parejo. Jorge Ponce Yépez, del Colegio de la Contaduría Pública de México, explicó a La Razón que el golpe recae sobre quienes tuvieron un último empleo formal mal pagado, porque pierden la posibilidad de elevar su promedio salarial, mientras que quienes ganaban mucho apenas lo resentirán, pues su último salario ya estaba cerca del techo.
Aquí cabe una lectura propia, que conviene marcar como tal. La Modalidad 40 nunca fue un instrumento al alcance de todos: según cifras de El Economista con datos del IMSS y del INEGI, cotizar al tope cuesta en 2026 unos 12,703 pesos al mes, y la cuota sube cada año, de 14.438% del salario en 2026 a 18.8% en 2030. Forbes México reportó que muchos recurrían a préstamos para pagarla. Con las reglas anteriores, entonces, el beneficio se concentraba en quien podía reunir más de 150 mil pesos al año, y el costo se repartía entre todos los contribuyentes. Con las nuevas, el atajo se cierra justo para quien tuvo los peores salarios formales. Ninguna de las dos versiones es neutral.
Un cálculo ilustrativo, también nuestro, con los promedios de la ASF: si los inscritos de 2024 eligieron en promedio un salario cinco veces mayor que el último, su último salario rondaba los 395 pesos diarios. Con la regla nueva, ese asegurado promedio podría cotizar, como máximo, alrededor de 512 pesos, casi 75% menos de lo que eligió. Es una aproximación con promedios, no un caso real.
Escenarios: lo que puede pasar
El acuerdo instruye a la Dirección de Finanzas del IMSS a analizar en un máximo de seis meses el efecto de la Modalidad 40 en la situación financiera del instituto, y da a la Dirección Jurídica otros seis meses para proponer cambios normativos. La Razón reportó que el instituto prevé una vigencia de 12 meses para las medidas temporales.
Con esos plazos, vemos tres escenarios, que son análisis y no pronóstico. En el primero, el estudio financiero confirma el costo y el Consejo Técnico vuelve permanente el tope, o lo lleva a una reforma legal más amplia que también fije un límite a la tasa de reemplazo, como propone el CIEP. En el segundo, prosperan los litigios: Ponce Yépez anticipó a La Razón una posible «ola de amparos», con el argumento de que un acuerdo del Consejo Técnico no equivale a la ley ni a su reglamento; si los tribunales concedieran suspensiones, el IMSS tendría que administrar dos reglas a la vez. En el tercero, el tope se mantiene, pero se suaviza para casos especiales mediante el canal de atención que el propio acuerdo ordena crear.
Qué significa para ti
Si ya pagas Modalidad 40, nada cambia por ahora hasta que termine tu periodo contratado; el punto ciego es qué pasará al renovarlo, porque una nueva incorporación ya entraría con las reglas temporales. Si pensabas inscribirte, el primer paso es conocer tu último salario base de cotización y tu historial; puedes consultar tus semanas cotizadas en línea antes de comprometer dinero. Si tu último salario era bajo, la inversión rendirá menos que antes y conviene recalcular la pensión estimada antes de pagar. Y si el monto no alcanza, Ponce Yépez sugirió a La Razón complementar con ahorro de largo plazo, como un Plan Personal para el Retiro.
Lo que falta por saber
El IMSS no ha dicho públicamente cuánto le cuesta hoy al erario la Modalidad 40, cuánto ahorraría con el tope, cómo se definirá el «periodo contratado» en un esquema que muchos pagan mes a mes y qué salario contará como «último registrado» para quien sale y quiere volver a entrar. Sin esas cifras, el debate se libra entre la sostenibilidad que invoca el instituto y la expectativa de miles de personas que planearon su retiro con las reglas de ayer. El análisis financiero prometido debería hacerse público: es la única forma de saber si el tope corrige un abuso o solo traslada el costo a quienes menos pueden pagarlo.


