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Análisis y Coyuntura

Pollo de Brasil en pausa: qué se juega México en precio y abasto

México suspendió el pollo de Brasil por Newcastle. Brasil aportó un cuarto del pollo importado en 2025; el efecto en precios depende de cuánto dure.

Por redaccion · 20 de octubre de 2026 · Lectura de 9 min

Pechugas de pollo crudas sobre una tabla de madera, con otras piezas desenfocadas al fondo

Por Bruno Cortés

México cerró la puerta, por tiempo indefinido, al pollo de Brasil. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), a través del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), suspendió este lunes 19 de octubre la importación de carne de ave, despojos, huevo fértil, pollitos y aves vivas de ese país, tras confirmarse un brote de la enfermedad de Newcastle en el estado de Santa Catarina. La medida es sanitaria, pero cae sobre un mercado en disputa: en tres años, Brasil se convirtió en el segundo origen del pollo que México importa, con arancel cero al menos hasta finales de diciembre. La pregunta no es si ese pollo es peligroso —las autoridades dicen que no—, sino cuánto durará la pausa y quién pagará el ajuste.

Qué se suspendió y por qué

Según el comunicado de Agricultura, la Dirección General de Salud Animal del Senasica inactivó las Hojas de Requisitos Zoosanitarios para productos avícolas brasileños, con lo que no pueden tramitarse nuevas importaciones, ni comerciales ni en el equipaje de turistas. La dependencia no fijó fecha de reanudación; de acuerdo con El Financiero, el comunicado advierte que las compras se retomarán cuando Brasil aporte evidencia científica de que el brote está bajo control. El argumento oficial es proteger la producción nacional, porque México es libre de la enfermedad; según el Senasica, citado por la agencia EFE, el país está libre de la forma más virulenta de Newcastle desde 2015.

Del lado brasileño, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAPA) informó que el foco se ubica en un establecimiento de Nova Itaberaba con alrededor de 6,000 pavos de engorda, que no salieron a consumo; la granja fue clausurada y se vigilarán unas 133 propiedades de la zona. Hay una discrepancia que conviene registrar: el comunicado mexicano habla de «pollos de engorda»; el gobierno brasileño, de pavos. Para la restricción da igual, porque cubre todo producto avícola.

La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) describe a Newcastle como una infección viral muy contagiosa entre aves, con alta mortalidad en las parvadas; según las autoridades, no representa un riesgo grave para las personas, y el ministro brasileño André de Paula insistió en que la carne inspeccionada es segura. Dato: el problema es de sanidad animal y de comercio, no de inocuidad alimentaria.

Cuánto pesa Brasil en el pollo que comemos

Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), citado por El Economista, la participación de Brasil en las importaciones mexicanas de carne de pollo pasó de 10.8% en 2022 a 25.4% en 2025, mientras que la de Estados Unidos bajó de 86.6% a 72.7%. Las cifras de la agencia brasileña de comercio exterior (Secex), recogidas por S&P Global, indican que Brasil envió a México 243,829 toneladas de productos avícolas en 2025 y 170,722 toneladas entre enero y septiembre de 2026. Con otra medición, la Agencia Reforma reportó que a julio Brasil era el segundo proveedor avícola del país, con 19% de la demanda externa y un volumen 20% mayor que un año antes.

El corte que más importa es la pechuga deshuesada. De acuerdo con la Unión Nacional de Avicultores (UNA), las importaciones brasileñas de ese producto pasaron de alrededor de 90,000 toneladas en 2022 a más de 196,000 en 2025, un aumento de 118%. Para dimensionar la escala nacional: el USDA proyecta que la producción mexicana de pollo crecerá 2.6% en 2026 y llegará a 4.365 millones de toneladas en 2027, mientras que las importaciones de carne de pollo alcanzarían 1.1 millones de toneladas ese año. Interpretación: México produce la mayor parte del pollo que consume, pero depende de compras externas para una porción considerable de su abasto.

Estimación propia, solo aritmética y sin ajustar por estacionalidad: si se reparten las 170,722 toneladas de 2026 entre nueve meses, Brasil envió en promedio unas 19,000 toneladas mensuales a México. Una pausa de tres semanas equivaldría, en ese promedio, a cerca de 13,000 toneladas que tendrían que sustituirse con producción nacional, con Estados Unidos o con inventarios.

El precio: lo que dicen los datos y lo que todavía no

La suspensión llega cuando el pollo ya venía subiendo. Según el INEGI, el precio del pollo aumentó 1.78% en septiembre respecto de agosto, en un mes en que la inflación general anual repuntó a 3.45%. En la primera quincena de septiembre, el pollo ya figuraba entre los genéricos con mayores alzas, con 1.53%. En el mercado mayorista internacional también había presión: exportadores brasileños citados por S&P Global reportaron que el precio de venta a México llegó a 2,800 dólares por tonelada en octubre para embarques de noviembre, frente a 2,650 dólares en las operaciones cerradas en septiembre.

Interpretación: una oferta externa más corta en un mercado que ya pagaba más tiende a presionar los precios mayoristas de la pechuga, que es el producto donde Brasil ganó terreno. Pero no hay, al día de hoy, una cifra pública que permita afirmar que el precio al consumidor subirá, ni cuánto. Dependerá de tres variables sin datos abiertos: los inventarios de los importadores, la capacidad de Estados Unidos para cubrir el hueco y la duración real de la suspensión. Conviene desconfiar de pronósticos categóricos.

El reloj del Pacic corre en paralelo

La exención de aranceles que permitió la entrada de pollo brasileño forma parte del andamiaje del Paquete Contra la Inflación y la Carestía (Pacic), cuyo acuerdo de precios el Gobierno federal renovó en mayo, como informó Maya sobre la renovación del Pacic y la canasta básica de 910 pesos. A inicios de 2026 se hizo oficial el retiro de la exención a carne de res y cerdo, leche, frijol, arroz y otros productos, pero se mantuvo la de la carne de ave. De acuerdo con el USDA, esa vigencia está programada para terminar a finales de diciembre de 2026, aunque el Gobierno puede renovarla.

La incertidumbre ya movía el mercado antes del brote: S&P Global reportó que proveedores brasileños redujeron sus ofertas de pechuga a México y que los últimos embarques se preveían para mediados de noviembre, para llegar antes del 1 de enero de 2027. Interpretación: si la suspensión se extiende varias semanas, la ventana de 2026 para el producto brasileño libre de arancel se estrecha, y la discusión sobre su futuro llegará a diciembre con más presión política.

La disputa de fondo: arancel cero o cupos

En agosto, el presidente de la UNA, Lorenzo Martín Martín, solicitó la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum para eliminar la exención a la pechuga deshuesada brasileña y sustituirla por un cupo de importación «con reglas transparentes». Según estimaciones de la industria, el sector acumuló pérdidas por más de 27,000 millones de pesos entre agosto de 2025 y agosto de 2026; la UNA calcula que por cada mil toneladas de pechuga importada se dejan de producir 4 millones de pollos y 280 empleos, y que desde 2022 se habrían dejado de generar más de 40,700 plazas. La organización sostiene, además, que la apertura no logró bajar el precio al consumidor. Son cifras de una de las partes; Maya no encontró una evaluación oficial independiente que las confirme o las refute.

El argumento contrario es el que dio origen al Pacic: más competencia para contener la inflación de alimentos. Dato: nada en el comunicado de Agricultura vincula la suspensión con esa disputa; la justificación es sanitaria. Interpretación: la coincidencia de tiempos hará que cada decisión sobre la reapertura se lea también en clave comercial.

Lo que enseñan los precedentes

Brasil reportó un brote de Newcastle en Rio Grande do Sul en julio de 2024. Analistas de JPMorgan, citados por Reuters, estiman que las exportaciones brasileñas de pollo cayeron alrededor de 25% —unas 100,000 toneladas— en el mes de restricciones, pero se recuperaron rápido al reabrirse los mercados; México fue de los destinos que levantaron o regionalizaron la medida con prontitud. En 2025 hubo otro episodio, por influenza aviar, cuando México y otros compradores frenaron el pollo brasileño entre mayo y junio, como reportó Maya cuando México le cerró la puerta al pollo de Brasil por influenza aviar. Es la segunda suspensión en un año y medio.

Tres escenarios

Primero, una pausa corta y regionalizada. Con base en los plazos de 2024, Safras proyecta que México podría reanudar compras alrededor del 9 de noviembre, aunque aclara que no hay fecha garantizada. JPMorgan considera que el impacto podría ser menor que en 2024 porque varios países aplican ahora restricciones por radio y no por país. El efecto en precios sería acotado.

Segundo, reapertura nacional con Santa Catarina fuera. La variable clave, según Safras, es la regionalización: Brasil podría volver a exportar desde otros estados mientras el estado del foco sigue vetado. Santa Catarina representa poco más de 20% de las exportaciones brasileñas de pollo, según la consultora, y alrededor de 23%, según datos citados por El Financiero. Habría producto, pero con proveedores reacomodados y probablemente más caro.

Tercero, nuevos focos. Si aparecen casos adicionales, la suspensión podría prolongarse hasta chocar con el fin de la exención del Pacic. El ajuste dejaría de ser sanitario para volverse estructural, con una decisión de política comercial ineludible antes de fin de año.

Qué significa para ti y qué vigilar

Para el consumidor, lo inmediato es sencillo: según las autoridades sanitarias, Newcastle no es un riesgo para quien come carne inspeccionada. Interpretación: con Estados Unidos como origen de casi tres cuartas partes de lo importado y la producción nacional como base, no hay elementos públicos para hablar de desabasto. Lo que sí conviene seguir es el precio de la pechuga en las próximas semanas. El primer termómetro llega el jueves 22 de octubre, cuando el INEGI publique la inflación de la primera quincena de octubre; todavía no reflejará la suspensión completa, pero dirá si el pollo sigue al alza.

Para fondas, restaurantes y procesadores que compran pechuga en volumen, lo prudente es revisar contratos y proveedores alternos, sin compras de pánico. Para la política pública, la lección es clara: un abasto que descansa en una exención temporal es más frágil de lo que parece. La discusión de diciembre sobre el Pacic ya no será solo de aranceles, sino de cuánta seguridad alimentaria se compra con producción propia y cuánta con importaciones.

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