Códices mesoamericanos: qué son, cuántos sobreviven y qué nos cuentan del México antiguo
Pintados sobre piel de venado o papel de amate, los códices registraban calendarios, linajes y tributos. Te explicamos qué son, cómo se leen y por qué tan pocos llegaron a nuestros días.

Por Anabel Beltrán
Antes de la llegada de los europeos, los pueblos de Mesoamérica registraban su historia, sus creencias y su conocimiento en libros pintados. Hoy los llamamos códices, y son algunos de los documentos más valiosos para entender el México antiguo. Su historia es también la de una gran pérdida: de los miles que debieron existir, solo un puñado de ejemplares prehispánicos sobrevivió.
Libros que se pintaban
Los códices se elaboraban sobre tiras largas de piel de venado curtida, de papel de amate, obtenido de la corteza de árboles del género Ficus, o de fibra de maguey. Las tiras se cubrían con una capa delgada de estuco blanco, sobre la cual los especialistas pintaban con pigmentos minerales y vegetales. Muchas veces se doblaban en forma de biombo, lo que permitía consultarlos página por página o extenderlos por completo.
Los encargados de elaborarlos eran especialistas altamente preparados. En náhuatl se les llamaba tlacuilos, palabra que se relaciona tanto con escribir como con pintar, porque en la tradición mesoamericana ambas actividades estaban unidas.
¿Cómo se leen?
Los códices combinan imágenes, glifos y convenciones visuales. En la tradición maya existía una escritura capaz de registrar el lenguaje hablado con gran precisión, mientras que en el centro de México predominaba un sistema pictográfico con elementos fonéticos, en el que figuras, colores, posiciones y signos calendáricos transmitían información. Su lectura requería conocimientos especializados, y probablemente se acompañaba de una narración oral.
Los temas
- Calendario y ritual: registros de los ciclos del tiempo, fiestas y presagios.
- Historia y genealogía: linajes de gobernantes, alianzas y conquistas.
- Tributo y administración: listas de bienes que pagaban los pueblos sometidos.
- Cartografía: límites territoriales y rutas.
Por qué sobrevivieron tan pocos
Durante la Conquista y los primeros años del virreinato, muchos códices fueron destruidos por considerarse vinculados con la religión antigua. Otros se perdieron por el paso del tiempo, la humedad o los conflictos. Antes incluso de la llegada europea, algunos registros fueron destruidos o reescritos por los propios gobernantes indígenas para reinterpretar la historia.
Por eso, los códices prehispánicos que existen hoy son muy pocos, y la mayoría se conserva en bibliotecas y museos de Europa. Entre los más conocidos están el Códice Borgia, en la Biblioteca Apostólica Vaticana; el Códice de Dresde, uno de los pocos libros mayas que sobrevivieron, en Alemania; y diversos códices mixtecos que narran genealogías y hazañas de gobernantes como el señor 8 Venado Garra de Jaguar.
Los códices coloniales
Después de la Conquista se siguieron elaborando códices, ahora con influencia europea y con glosas en náhuatl, español u otras lenguas. Muchos se hicieron por encargo de autoridades virreinales o como pruebas en litigios por tierras. El Códice Mendoza, que hoy se encuentra en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, registra la historia de los gobernantes mexicas, los tributos y aspectos de la vida cotidiana. La Tira de la Peregrinación, también llamada Códice Boturini, narra la salida de los mexicas de Aztlan y su travesía hasta la Cuenca de México; se resguarda en México.
Una obra excepcional es el Códice Florentino, resultado del trabajo de fray Bernardino de Sahagún y colaboradores indígenas en el siglo XVI, que reúne en náhuatl y español una enciclopedia del mundo nahua, con miles de ilustraciones.
Dónde verlos en México
La Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, vinculada al Museo Nacional de Antropología, resguarda una de las colecciones más importantes de códices del país. Por su fragilidad, los originales rara vez se exhiben, pero existen facsimilares, exposiciones y proyectos digitales que permiten estudiarlos con detalle.
Una memoria que sigue hablando
Investigadores de distintas disciplinas siguen descifrando los códices, y comunidades indígenas los reivindican como parte de su historia. Cada página es un testimonio de que los pueblos mesoamericanos desarrollaron sistemas propios para guardar su memoria, y de que esa memoria, aunque fragmentada, sigue dialogando con el presente.



