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Lesión del ligamento cruzado anterior: por qué ocurre y cómo prevenir una de las lesiones más temidas en el deporte

Por Editor web Maya Comunicación · 19 de marzo de 2026 · Lectura de 3 min

El ligamento cruzado anterior es una de las estructuras más importantes de la rodilla, ya que actúa como un estabilizador clave que controla los movimientos de rotación y desplazamiento entre los huesos. Su función resulta esencial en actividades deportivas que implican cambios bruscos de dirección, saltos o frenadas, como el fútbol, el básquetbol, el tenis o el esquí.

Las lesiones en este ligamento suelen producirse de forma repentina. De acuerdo con el traumatólogo Fernando Jordá, del Hospital Quirónsalud Torrevieja, los desgarros ocurren con frecuencia al detenerse de golpe, aterrizar incorrectamente tras un salto o sufrir un impacto directo en la rodilla. Uno de los signos más característicos es un chasquido audible al momento de la lesión, seguido de inflamación rápida, dolor e inestabilidad al intentar apoyar o girar la pierna.

Aunque el dolor y la hinchazón pueden disminuir en pocas semanas, la sensación de inseguridad en la articulación suele persistir. Este síntoma es clave, ya que indica que la rodilla ha perdido estabilidad y requiere valoración médica especializada para evitar complicaciones a largo plazo.

Diversos factores influyen en el riesgo de sufrir esta lesión. Aspectos anatómicos como el ángulo de la rodilla, la pronación del pie o el índice de masa corporal pueden predisponer a una mayor vulnerabilidad. También intervienen factores hormonales, neuromusculares y ambientales, como el tipo de superficie o incluso condiciones climáticas. El uso de calzado inadecuado y la fatiga muscular aumentan significativamente la probabilidad de lesión.

En el caso de las mujeres, estudios del National Institutes of Health han demostrado que el riesgo de rotura del ligamento cruzado anterior puede ser hasta cuatro veces mayor que en los hombres. Esta diferencia se explica por factores biomecánicos y hormonales que afectan la estabilidad de la rodilla durante la actividad física.

Si no se trata correctamente, una lesión del ligamento cruzado anterior puede tener consecuencias importantes, como la aparición temprana de artritis en la rodilla. En muchos casos, especialmente en deportistas, es necesaria una intervención quirúrgica para reconstruir el ligamento mediante injertos de tejido, que pueden provenir del propio paciente o de un donante.

La recuperación no termina en el quirófano. La rehabilitación es un proceso fundamental que incluye ejercicios progresivos para recuperar la movilidad, fortalecer los músculos —especialmente cuádriceps e isquiotibiales— y mejorar la propiocepción, es decir, la capacidad del cuerpo para controlar la posición de la articulación. Durante las primeras semanas, el uso de muletas ayuda a proteger la rodilla mientras cicatriza.

Además del tratamiento, la prevención juega un papel clave. Los especialistas recomiendan realizar calentamientos adecuados, trabajar la fuerza muscular, mejorar la técnica deportiva y prestar atención a la alineación de la rodilla durante los movimientos. La educación del deportista y la colaboración entre entrenadores, fisioterapeutas y médicos permiten reducir significativamente el riesgo de lesión.

En un contexto donde cada vez más personas practican deporte de forma regular, entender cómo proteger el ligamento cruzado anterior no solo ayuda a evitar una lesión incapacitante, sino también a mantener una vida activa y saludable a largo plazo.

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