Halloween y Día de Muertos: por qué no son la misma fiesta
Halloween y Día de Muertos coinciden en fechas, pero no en origen ni sentido. Del nabo irlandés a la ofrenda mexicana, te contamos qué las separa.

Por Alejandra Lugo
Cada fin de octubre, en muchas casas mexicanas conviven una calabaza tallada y una ofrenda con cempasúchil. Halloween y Día de Muertos caen casi en las mismas fechas y comparten calaveras, velas y dulces, pero tienen orígenes, propósitos y significados muy distintos. Entender en qué se parecen y en qué no ayuda a disfrutar ambas sin confundirlas.
De dónde viene Halloween
La explicación más difundida sitúa las raíces de Halloween en Samhain, una celebración gaélica que, según la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, marcaba el fin del verano y el cierre de la cosecha. El Museo Nacional de Irlanda explica que Samhain caía el 1 de noviembre, era una de las cuatro grandes fechas del calendario tradicional irlandés y señalaba la llegada del invierno; como en otras fiestas irlandesas, lo principal ocurría la noche anterior, el 31 de octubre.
La misma Biblioteca del Congreso relata que en el siglo VIII el papa Gregorio III designó el 1 de noviembre para honrar a los santos. La víspera de ese día, All Hallows’ Eve en inglés, terminó contraída como Halloween. Más tarde se sumó el 2 de noviembre como día de los Fieles Difuntos, lo que reforzó la idea de que en esas fechas los vivos y los muertos estaban más cerca.
Conviene un matiz: varios historiadores discuten cuánto de las costumbres actuales proviene realmente de los antiguos celtas, porque esas comunidades dejaron pocos registros escritos. Lo que sí está documentado por el museo irlandés es la tradición rural que llegó hasta el siglo XX: máscaras, juegos con manzanas y nueces, fogatas, adivinaciones sobre el matrimonio y visitas de casa en casa.
La primera calabaza era un nabo
Uno de los datos más curiosos es que la famosa calabaza con cara empezó siendo otra hortaliza. En Irlanda se tallaban nabos para convertirlos en linternas que se llevaban en la mano o se colocaban en las ventanas, según el Museo Nacional de Irlanda, que conserva en su colección un “nabo fantasma”. La calabaza, explica la institución, es un desarrollo estadounidense de esa idea.
La Biblioteca del Congreso recoge la leyenda que dio nombre a la linterna: Jack el Tacaño, un hombre que engañó varias veces al diablo y que, al morir, no fue aceptado ni en el cielo ni en el infierno, por lo que quedó condenado a vagar con un carbón encendido dentro de un nabo hueco. Es una leyenda, no un hecho histórico, pero explica el nombre de jack-o’-lantern.
Lo mismo ocurre con pedir dulces. El museo irlandés documenta el guising, en el que hombres o niños disfrazados iban de casa en casa a cambio de un convite, y la Biblioteca del Congreso añade que el trick-or-treat moderno ganó popularidad en Estados Unidos en la década de 1950, cuando las empresas de golosinas comenzaron a vender dulces pequeños envueltos de forma individual. Hasta entonces era igual de común recibir fruta, nueces, monedas o juguetes.
Qué celebra el Día de Muertos
El Día de Muertos tiene otra lógica. La UNESCO inscribió en 2008 “Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos” de México en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, tras haberlas proclamado en 2003. En su descripción, el organismo explica que la fiesta celebra el retorno transitorio a la tierra de familiares y seres queridos fallecidos, y que estas fechas coinciden con el final del ciclo anual del maíz.
La UNESCO detalla que las familias esparcen pétalos y colocan velas y ofrendas en el camino de la casa al cementerio, preparan los platillos favoritos de sus difuntos y, en algunas comunidades, dedican días específicos a distintas categorías de muertos según su edad o la causa de su fallecimiento. También subraya que la celebración es una fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas introducidas en el siglo XVI.
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Halloween y Día de Muertos: en qué se parecen y en qué no
Las dos fiestas comparten un punto del calendario. Tanto Halloween como el Día de Muertos quedaron enlazados con el 1 y el 2 de noviembre, las fechas que la Iglesia católica dedicó a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos. Las dos, además, nacieron en sociedades agrícolas y se relacionan con el cierre de un ciclo de cosecha.
Las diferencias, sin embargo, son de fondo:
- El propósito. En la tradición irlandesa que describe el museo nacional, disfraces, máscaras y linternas servían para asustar o protegerse de espíritus. En el Día de Muertos, según la UNESCO, la ofrenda es una bienvenida a los difuntos que regresan.
- El tono. Halloween juega con el susto; el Día de Muertos es memoria familiar, con espacio para el humor y la comida compartida.
- El centro de la fiesta. En Halloween el protagonismo está en la calle y en los disfraces; en el Día de Muertos, en el altar doméstico y en el panteón.
- El reconocimiento. El Día de Muertos indígena mexicano está reconocido por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad.
Hasta la calabaza tiene destinos distintos en cada fiesta: aquí se cocina con piloncillo y allá se ilumina con una vela. Lo contamos en Calabaza en tacha y calabaza de Halloween: misma especie, distinto duelo.
¿Se pueden celebrar las dos?
Nada impide disfrazarse el 31 de octubre y poner la ofrenda el 1 y el 2 de noviembre. La clave está en no confundirlas: una calavera de azúcar con el nombre de un abuelo no es un adorno de terror, y un nabo tallado en Irlanda tampoco era una ofrenda. Conocer de dónde viene cada costumbre es, al final, una manera de respetar a quienes las sostienen.


