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Cultura

Códice Azcatitlan: la historia pintada entre dos mundos

El Códice Azcatitlan narra el camino de los mexicas desde Aztlán hasta una ciudad transformada por la Conquista.

Por Editor web Maya Comunicación · 19 de julio de 2026 · Lectura de 6 min

El códice habla

Nací cuando una ciudad todavía recordaba sus templos, pero ya escuchaba campanas.

Mis pintores conocían las plumas, los escudos y las huellas antiguas. También habían visto caballos, cruces, barbas y armaduras. Pintaron el pasado con manos educadas en un mundo que desaparecía y con ojos obligados a mirar el que comenzaba.

En mis páginas, los mexicas salen de Aztlán, encuentran el águila, levantan su ciudad y eligen gobernantes. Después llegan hombres que parecen cubiertos de metal. El agua se llena de embarcaciones y el cielo de presagios.

Yo soy una memoria atravesada por dos tiempos. En mí, Tenochtitlán continúa respirando debajo de la Ciudad de México.

Un manuscrito de la transición

El Códice Azcatitlan es una historia pictográfica de los mexicas elaborada después de la Conquista. Su relato abarca desde la migración originaria y la fundación de México-Tenochtitlán hasta acontecimientos del primer periodo colonial.

Su fecha exacta continúa siendo objeto de discusión. Generalmente se sitúa su elaboración en la segunda mitad del siglo XVI, aunque algunos investigadores consideran que determinadas intervenciones o anotaciones pudieron añadirse posteriormente.

Tampoco se conoce la identidad del tlacuilo o de los tlacuilos responsables. El estilo del códice revela una combinación de convenciones indígenas y recursos europeos. Esa mezcla no debe verse como una simple pérdida de autenticidad, sino como el testimonio de artistas que adaptaron su lenguaje para narrar una realidad alterada.

El manuscrito se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, en París. Su nombre actual se relaciona con Azcatitlan, un topónimo incluido en la narración, aunque el documento ha tenido diferentes propietarios y denominaciones a lo largo de su historia.

¿Qué cuenta?

El Códice Azcatitlan comienza con la salida de Aztlán y el viaje de los mexicas. Como en otras tradiciones históricas nahuas, los pueblos migrantes aparecen asociados con glifos, caminos, cerros y acontecimientos calendáricos.

La peregrinación conduce hacia la cuenca de México. Allí se representan episodios de sometimiento, alianzas y conflictos previos al establecimiento definitivo de los mexicas. La fundación de Tenochtitlán ocupa un lugar decisivo porque marca el paso de un pueblo errante a una comunidad asentada bajo protección divina.

El códice desarrolla después una historia dinástica. Presenta a los huey tlatoque, los gobernantes supremos de México-Tenochtitlán, y relaciona sus reinados con conquistas, ceremonias y acontecimientos políticos.

A diferencia de una crónica escrita exclusivamente con palabras, el manuscrito organiza su información mediante la posición de las figuras, los glifos nominales, la vestimenta, los objetos y las relaciones visuales. Un trono identifica la autoridad; un templo en llamas puede señalar una conquista; un camino de huellas comunica desplazamiento.

Uno de los aspectos más valiosos del códice es que su narración continúa hasta la irrupción española. Hernán Cortés y sus hombres aparecen con atuendos, armas y rasgos que revelan la observación indígena de una presencia desconocida.

Las escenas de la Conquista no constituyen una ilustración neutral. Son la memoria de una ruptura. La llegada de los europeos, la guerra y el establecimiento del orden colonial se integran a una historia que había comenzado en el tiempo de los antepasados.

¿Quién lo encargó y por qué?

No existe certeza sobre su comitente. Pudo ser elaborado para una élite indígena interesada en conservar su historia, para autoridades coloniales que buscaban conocer el pasado de Tenochtitlán o para un entorno religioso y administrativo en el que los manuscritos pictográficos se utilizaban como instrumentos de información.

Es posible que el documento cumpliera varias funciones al mismo tiempo. Podía enseñar la historia de los mexicas, preservar genealogías, presentar una versión política del pasado y explicar la transición hacia el gobierno novohispano.

El códice pertenece a una época en la que los nobles indígenas debían negociar su posición dentro de la nueva sociedad. Recordar los linajes gobernantes y las conquistas anteriores ayudaba a sustentar prestigio, derechos y autoridad local.

Dos maneras de representar el mundo

La fuerza del Códice Azcatitlan está en su condición híbrida. Algunos personajes conservan la rigidez y el perfil característicos de la tradición pictográfica mesoamericana; otros presentan volumen, movimiento o detalles relacionados con modelos europeos.

La perspectiva no siempre obedece a reglas occidentales. Los acontecimientos pueden coexistir en un mismo espacio sin representar un instante único. El objetivo no era reproducir lo que habría visto un espectador situado frente a una escena, sino comunicar relaciones históricas, políticas y sagradas.

Este procedimiento permite comprender una diferencia central: el tlacuilo no buscaba pintar una ventana hacia el mundo, sino construir un mapa de significados.

Los glifos personales y territoriales también expresan una idea profunda: el nombre de una persona podía estar unido a una imagen, y la identidad de un lugar podía condensarse en un cerro, una planta, un animal o una corriente de agua.

La cosmovisión mexica

En el Códice Azcatitlan, la historia humana está vinculada con la voluntad de los dioses, el calendario y el territorio. La fundación de Tenochtitlán no es únicamente una decisión política; responde a señales sagradas que autorizan la ocupación del espacio.

El gobernante tampoco aparece como un individuo aislado. Representa una continuidad dinástica, ritual y comunitaria. Su poder depende del vínculo con los antepasados, de su capacidad guerrera y de su responsabilidad ante las fuerzas divinas.

La Conquista trastorna ese orden. Sin embargo, el códice no deja que el mundo mexica desaparezca por completo. Al incluir a los españoles dentro de una narración indígena, los pintores sometieron el acontecimiento extranjero a su propia arquitectura de la memoria.

El resultado es una paradoja: el documento cuenta la caída de una civilización utilizando el lenguaje visual de esa misma civilización.

Un puente conservado en París

El recorrido del manuscrito fuera de México refleja la dispersión del patrimonio documental mesoamericano. En distintos momentos formó parte de colecciones europeas hasta integrarse a los acervos franceses.

Su permanencia en París plantea preguntas sobre la historia del coleccionismo, la circulación de antigüedades y el acceso de las comunidades mexicanas a su patrimonio. Las reproducciones digitales han permitido ampliar su consulta, pero el original continúa siendo una pieza físicamente distante del territorio cuya historia relata.

El Códice Azcatitlan es, en ese sentido, un viajero doble. Narra una migración antigua y él mismo terminó cruzando el océano.

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