MC disputa Campeche, pero su división amenaza la ruta a 2027
Movimiento Ciudadano conserva una base electoral competitiva, aunque el factor Eliseo y la sucesión interna podrían partir al bloque naranja.

Movimiento Ciudadano llegará a la sucesión de Campeche de 2027 como la principal fuerza capaz de disputar la gubernatura a Morena, pero tendrá que resolver dos asuntos antes de cantar victoria: la situación jurídica de Eliseo Fernández Montúfar y la convivencia entre su grupo político y la estructura encabezada por la alcaldesa de Campeche, Biby Rabelo de la Torre.
Los resultados electorales ofrecen una medida más sólida que el ruido de las encuestas anticipadas. En la elección de diputaciones locales de 2024, Morena obtuvo 163 mil 785 votos y Movimiento Ciudadano alcanzó 129 mil 294. Frente a una votación estatal aproximada de 436 mil sufragios, ambas fuerzas concentraron la mayor parte de las preferencias, mientras PRI y PAN quedaron a considerable distancia.
Esas cifras colocaron a MC alrededor de 29.6 por ciento de la votación legislativa estatal, contra cerca de 37.5 por ciento de Morena. El PRI rondó 11.4 por ciento y el PAN quedó cerca de 5.7 por ciento. Aunque una elección de gobernador responde a dinámicas distintas, el resultado confirma que en Campeche el partido naranja no juega como comparsa ni como tercera vía testimonial: cuenta con una estructura capaz de competir por distritos, municipios y representación en el Congreso.
El antecedente más claro se encuentra en la elección de 2021. Layda Sansores ganó la gubernatura por una diferencia inferior a seis mil votos sobre Eliseo Fernández, entonces candidato de Movimiento Ciudadano. La cercanía del resultado obligó al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a ordenar un recuento total, debido a que los votos nulos superaban la diferencia entre el primero y el segundo lugar.
Fernández conserva desde entonces una base identificada con la idea de que MC estuvo cerca de arrebatarle el gobierno a Morena. Su narrativa política se ha construido alrededor de la confrontación con la administración estatal y de la denuncia de una persecución en su contra. Ese discurso mantiene cohesionados a sus simpatizantes más duros, pero también puede dificultar el acercamiento con electores moderados que buscan una alternativa sin pleitos permanentes.
El panorama jurídico del exalcalde cambió en junio de 2026, cuando un tribunal colegiado le concedió un amparo y dejó sin efecto la resolución administrativa que lo inhabilitaba durante 20 años para ocupar cargos públicos. La sentencia anuló ese impedimento específico, aunque no equivale a borrar automáticamente cualquier otro proceso o investigación relacionada con su gestión. Cada expediente deberá revisarse por separado antes de determinar si puede registrarse como candidato en 2027.
La otra carta relevante de MC es Biby Rabelo, cuya fortaleza proviene del gobierno municipal de la capital y de una estructura que opera directamente sobre colonias, servicios públicos y liderazgos comunitarios. Su perfil representa una ruta distinta: menos dependiente de la confrontación estatal y más ligada a la administración cotidiana. En términos de barrio, una cosa es dominar la conversación en redes y otra muy distinta saber quién mueve la casilla, quién conoce a los vecinos y quién mantiene caminando la maquinaria territorial.
Esa diferencia puede convertirse en la mayor fortaleza o en el principal problema del partido. Eliseo Fernández concentra reconocimiento, identidad opositora y una base movilizada; Rabelo dispone de estructura municipal y un perfil potencialmente menos polarizante. Si ambos grupos llegan a un acuerdo, MC podría presentar una candidatura competitiva. Si la dirigencia nacional intenta imponer una decisión sin procesar el equilibrio local, la naranja podría partirse antes de llegar a la mesa.
Morena conserva la ventaja de gobernar el estado y contar con el impulso de su marca nacional. Sin embargo, deberá seleccionar a su candidato o candidata sin trasladar a la campaña el desgaste de la administración de Layda Sansores. Los nombres promovidos en conversaciones y mediciones preliminares todavía no constituyen candidaturas oficiales, por lo que los porcentajes difundidos sobre Carlos Ucán, Liz Hernández u otros perfiles deben tomarse como fotografías temporales, no como pronósticos cerrados.
El punto débil del oficialismo se encuentra en la evaluación cotidiana del gobierno. Seguridad, servicios, empleo, conflictos políticos y capacidad de coordinación entre autoridades serán asuntos más determinantes que la discusión ideológica. Si Morena reduce la elección a la fuerza de sus siglas, corre el riesgo de no identificar a tiempo un voto de castigo que ya encontró en MC una vía organizada para expresarse.
PRI y PAN enfrentan un escenario más complicado. Los resultados de 2024 mostraron que ambas organizaciones perdieron capacidad para competir por separado contra los dos bloques principales. El PRI conserva algunas redes municipales y el PAN mantiene núcleos de militancia, pero ninguno aparece actualmente con la fuerza suficiente para encabezar por cuenta propia la disputa estatal. La posibilidad de acuerdos locales sigue abierta, aunque MC ha manejado posiciones distintas sobre eventuales alianzas.
El amplio segmento de ciudadanos que todavía no define su preferencia será decisivo, pero cualquier cifra cercana a 47 por ciento de indecisos debe acompañarse de la metodología, la fecha, el tamaño de la muestra y la casa encuestadora que la produjo. Sin esos elementos, el dato sirve para alimentar la conversación política, pero no para asegurar que casi la mitad de Campeche esté disponible para cualquier partido.
Tampoco existe evidencia pública suficiente para concluir que los mensajes favorables al gobierno estatal provengan de manera generalizada de granjas de bots. La repetición de contenidos, el uso de frases idénticas y la actividad coordinada pueden ser indicios, pero demostrar una operación artificial requiere análisis técnico de cuentas, horarios, redes de amplificación y comportamiento automatizado.
Campeche se perfila así hacia una elección de dos fuerzas dominantes, pero con final abierto. Morena cuenta con el gobierno y una marca consolidada; Movimiento Ciudadano posee antecedentes electorales, control municipal y una figura que ya estuvo cerca de ganar. La clave será sencilla de explicar y difícil de ejecutar: MC necesita ordenar su casa, Morena debe contener su desgaste y ambas fuerzas tendrán que convencer a una ciudadanía que ya no compra cualquier discurso nomás porque viene envuelto en propaganda.

