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Fotoperiodismo

Robert Capa: el fotógrafo que llevó al mundo hasta la guerra

El creador de algunas de las imágenes más reconocidas del siglo XX transformó la cobertura de guerra mediante cercanía, riesgo y humanidad.

Por Editor web Maya Comunicación · 17 de julio de 2026 · Lectura de 6 min

Robert Capa no se limitó a fotografiar guerras: colocó al espectador dentro de ellas. Sus imágenes, tomadas entre soldados, refugiados y civiles, modificaron la manera de documentar los conflictos armados y establecieron una referencia para generaciones de fotoperiodistas. Su trabajo demostró que una fotografía informativa también podía transmitir miedo, incertidumbre y pérdida sin abandonar su valor documental.

Nacido como Endre Ernő Friedmann el 22 de octubre de 1913 en Budapest, Hungría, creció en una familia judía y salió de su país después de ser detenido por su actividad política. Pasó por Berlín antes de establecerse en París, donde encontró en la fotografía una forma de vida y conoció a Gerda Pohorylle, quien más tarde adoptaría el nombre profesional de Gerda Taro.

Ambos construyeron la identidad de “Robert Capa”, presentada inicialmente como la de un fotógrafo estadounidense reconocido y difícil de contratar. La estrategia permitió que sus imágenes fueran mejor pagadas en un mercado donde dos jóvenes refugiados encontraban pocas oportunidades. Con el tiempo, Friedmann asumió definitivamente el nombre, mientras Taro desarrolló una trayectoria propia que terminaría en 1937, cuando murió durante la cobertura de la batalla de Brunete.

La Guerra Civil española representó el ascenso internacional de Capa. Entre 1936 y 1939 fotografió los combates, la movilización de las tropas republicanas y el desplazamiento de la población civil. En lugar de observar desde posiciones seguras, trabajó cerca de los protagonistas, con cámaras ligeras de 35 milímetros que le permitían desplazarse y reaccionar ante escenas imprevistas. En 1938, la revista Picture Post lo presentó como uno de los principales fotógrafos de guerra de su tiempo.

De aquella cobertura surgió Muerte de un miliciano, captada en 1936 y convertida en una de las fotografías más difundidas del siglo XX. La imagen parece mostrar el instante en que un combatiente republicano recibe un disparo y cae hacia atrás. Su lugar de realización, la identidad del hombre y la espontaneidad de la escena han sido cuestionados durante décadas. El debate continúa abierto y forma parte del estudio crítico de la obra de Capa; su valor histórico no elimina la obligación de examinar las circunstancias en que fue producida.

En 1938 viajó a China para cubrir la resistencia frente a la invasión japonesa. Allí amplió su mirada sobre la guerra: además de los movimientos militares, registró entrenamientos, ciudades atacadas y las consecuencias del conflicto sobre la población. Esa cobertura confirmó uno de los elementos constantes de su trabajo: los civiles no aparecían únicamente como fondo de las operaciones, sino como protagonistas de sus propias historias.

Durante la Segunda Guerra Mundial fotografió campañas en el norte de África, Sicilia e Italia, además de la liberación de París y el avance aliado hacia Alemania. En Leipzig tomó otra de sus imágenes más recordadas: la muerte de un soldado estadounidense alcanzado por un francotirador en abril de 1945. El casco caído, el cuerpo en el suelo y la sangre que se extiende junto a él condensan el costo individual de una guerra que estaba cerca de terminar.

Su cobertura más conocida ocurrió el 6 de junio de 1944. Capa desembarcó con tropas estadounidenses en la playa Omaha durante la primera jornada de la invasión de Normandía. Trabajó bajo fuego, dentro del agua y detrás de los obstáculos colocados en la costa. Las imágenes conservadas, movidas y parcialmente desenfocadas, no ofrecen una descripción ordenada de la operación: transmiten la dificultad de comprender lo que ocurría en medio del combate.

La versión difundida durante décadas sostiene que tomó más de un centenar de fotografías y que la mayoría se perdió durante un accidente en el laboratorio de Life en Londres. Sólo sobrevivió una pequeña serie, conocida como The Magnificent Eleven. Algunos investigadores han cuestionado posteriormente el número de negativos y los detalles del supuesto error de revelado. Más allá de esa discusión, las fotografías existentes constituyen uno de los testimonios visuales más cercanos al desembarco en Omaha.

La visión de Capa suele resumirse en una frase atribuida al fotógrafo: “Si tus fotos no son suficientemente buenas, no estás suficientemente cerca”. La cercanía no era sólo una distancia física. Implicaba comprender a las personas fotografiadas, acompañarlas y asumir que la guerra se explica mejor a través de sus consecuencias humanas que mediante imágenes generales de ejércitos y armamento.

Su método también abrió preguntas que siguen vigentes. ¿Hasta dónde debe arriesgarse un fotógrafo? ¿Cuándo la proximidad afecta su capacidad de observar? ¿Cómo se protege la dignidad de una persona herida o muerta? Capa no resolvió esos dilemas, pero su trayectoria contribuyó a colocarlos en el centro del oficio. Su obra recuerda que estar cerca puede producir información visual difícil de obtener desde la distancia, aunque también exige responsabilidad editorial.

En 1947 fundó Magnum Photos junto con Henri Cartier-Bresson, David “Chim” Seymour, George Rodger y William Vandivert. La cooperativa modificó la relación entre los fotógrafos y las publicaciones al permitir que los autores conservaran el control sobre sus negativos, la selección de sus trabajos y sus derechos. Ese modelo fortaleció la independencia profesional y convirtió la autoría fotográfica en una parte central del periodismo visual.

Capa cubrió cinco conflictos principales: la Guerra Civil española, la segunda guerra sino-japonesa, la Segunda Guerra Mundial, la guerra árabe-israelí de 1948 y la primera guerra de Indochina. También realizó retratos, escenas cotidianas y reportajes sobre figuras como Pablo Picasso, Ernest Hemingway e Ingrid Bergman. Esta producción mostró que su mirada no dependía exclusivamente del campo de batalla, aunque fue allí donde alcanzó mayor reconocimiento.

El 25 de mayo de 1954 murió en la provincia vietnamita de Thái Bình al pisar una mina mientras acompañaba a una unidad francesa. Tenía 40 años y había aceptado cubrir la guerra de Indochina para Life, pese a que anteriormente había expresado su intención de apartarse de los conflictos. Su última cámara fue encontrada junto a su cuerpo.

Su aportación al fotoperiodismo permanece en tres principios: acercarse a los acontecimientos, presentar a las personas como sujetos y defender la independencia del fotógrafo sobre su obra. Capa convirtió la imperfección técnica, cuando era resultado de las condiciones de cobertura, en parte del testimonio. No fotografió la guerra como espectáculo, sino como una experiencia fragmentada que afectaba a individuos concretos.

Su legado también debe leerse junto al trabajo de Gerda Taro y de otros fotógrafos con quienes compartió escenarios, riesgos y publicaciones. Esa revisión permite comprender que la historia del fotoperiodismo no fue construida por una sola figura, aunque Capa ocupó un lugar decisivo al demostrar que una cámara podía acercar al público a los hechos sin protegerlo de sus consecuencias.

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