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Fotoperiodismo

David Seymour: la mirada que encontró a las víctimas

“Chim” transformó el fotoperiodismo al documentar las consecuencias humanas de la guerra, especialmente entre niños, civiles y refugiados.

Por Editor web Maya Comunicación · 17 de julio de 2026 · Lectura de 8 min

David Seymour no construyó su legado con fotografías de explosiones o avances militares. Su cámara se dirigió hacia quienes quedaban detrás de los frentes: familias desplazadas, trabajadores, niños heridos, sobrevivientes y comunidades obligadas a reconstruir su vida. Esa mirada convirtió al fotógrafo conocido como “Chim” en una de las figuras fundamentales del fotoperiodismo humanista.

Nació como Dawid Szymin el 20 de noviembre de 1911 en Varsovia, dentro de una familia judía vinculada con la publicación de libros en hebreo y yidis. Estudió artes gráficas en Leipzig y posteriormente viajó a París, donde continuó su formación en la Sorbona. Las dificultades económicas lo llevaron a tomar una cámara prestada y trabajar para revistas ilustradas.

El apodo “Chim” surgió como una abreviatura fonética de Szymin, apellido que muchos editores franceses tenían dificultades para pronunciar. Después de naturalizarse estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial adoptó el nombre de David Seymour, aunque continuó firmando buena parte de su trabajo con el sobrenombre que lo había acompañado desde sus primeros años profesionales.

Comenzó a trabajar como fotoperiodista en París en 1933. Sus imágenes aparecieron en publicaciones de izquierda como Regards, para la cual documentó huelgas, manifestaciones, movimientos obreros y el surgimiento del Frente Popular francés. Desde aquellos reportajes mostró una capacidad particular para relacionar los grandes procesos políticos con sus efectos sobre personas concretas.

A diferencia de otros fotógrafos atraídos por el movimiento inmediato de la acción, Seymour acostumbraba observar con paciencia. Sus fotografías no buscaban imponer una interpretación mediante recursos dramáticos. Se apoyaban en expresiones, posturas corporales y relaciones entre los personajes para explicar situaciones sociales complejas.

La Guerra Civil española fue su primera gran cobertura internacional. Entre 1936 y 1939 recorrió distintas regiones del país y documentó el conflicto para la prensa europea. Mientras Robert Capa y Gerda Taro produjeron algunas de sus imágenes más reconocidas cerca de los combates, Chim se concentró principalmente en las consecuencias políticas, sociales y culturales de la guerra. Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Una de sus fotografías más representativas muestra a una mujer amamantando a su hijo mientras escucha una reunión política sobre la distribución de tierras en Extremadura. La escena reúne maternidad, pobreza rural y participación política dentro del mismo encuadre. No aparecen armas ni soldados, pero la imagen ayuda a comprender las condiciones sociales que rodearon el conflicto español.

Chim también fotografió campesinos, milicianos, reuniones públicas, hospitales, ciudades dañadas y comunidades religiosas. Su trabajo amplió la cobertura de guerra al demostrar que el conflicto no debía narrarse exclusivamente desde el campo de batalla. Las decisiones políticas también podían observarse en una plaza, una escuela o el rostro de una madre.

En 1939 documentó a refugiados republicanos que viajaron hacia México a bordo del buque Sinaia. Aquella travesía formó parte de la recepción organizada por el gobierno de Lázaro Cárdenas para españoles que escapaban de la persecución franquista. Seymour fotografió el desplazamiento como una experiencia colectiva marcada por la pérdida, la incertidumbre y la posibilidad de comenzar una nueva vida.

Parte de los negativos realizados por Chim, Capa y Taro durante la Guerra Civil española desapareció durante décadas. Los materiales, conocidos posteriormente como la Maleta Mexicana, fueron localizados en la Ciudad de México y entregados al International Center of Photography. Su recuperación permitió revisar autorías, secuencias y métodos de trabajo de los tres fotógrafos. International Center of Photography

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Seymour se encontraba en Nueva York. En 1940 se incorporó al Ejército de Estados Unidos y trabajó como intérprete fotográfico dentro de los servicios de inteligencia. Su conocimiento de varios idiomas y su capacidad para analizar imágenes aéreas fueron utilizados durante las operaciones militares en Europa.

La guerra tuvo consecuencias directas sobre su familia. Sus padres murieron durante la persecución nazi en Polonia y gran parte del mundo cultural en el que había crecido fue destruido. Al regresar a Europa después del conflicto, fotografió las ruinas de Varsovia y los restos de la comunidad judía, pero evitó convertir su historia personal en el centro del reportaje.

En 1947 cofundó Magnum Photos con Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, George Rodger y William Vandivert. La cooperativa buscó que los fotógrafos conservaran los derechos sobre sus negativos, decidieran cómo presentar sus historias y pudieran desarrollar proyectos más allá de los encargos inmediatos de periódicos y revistas.

La participación de Chim aportó a Magnum una orientación humanista y una capacidad de análisis político. Su dominio de idiomas, conocimiento de Europa y experiencia editorial lo convirtieron en una figura de equilibrio dentro de la organización. Tras la muerte de Capa en Indochina en 1954, Seymour asumió la presidencia de la agencia.

Su cobertura más influyente comenzó en 1948, cuando UNICEF le encargó documentar la situación de los niños afectados por la Segunda Guerra Mundial. Durante aproximadamente seis meses recorrió Austria, Grecia, Italia, Hungría y Polonia. Fotografió orfanatos, hospitales, escuelas, campos de refugiados, programas de vacunación y centros de alimentación.

El proyecto no presentó a los menores como figuras anónimas destinadas a provocar compasión. Chim permanecía con ellos, observaba sus actividades y esperaba hasta que su presencia dejaba de condicionar la escena. Esa cercanía produjo imágenes en las que los niños aparecen como personas con identidad, emociones y capacidad de respuesta, no únicamente como víctimas.

La fotografía más conocida de la serie fue tomada en una escuela de Varsovia. En ella, una niña llamada Tereska dibuja sobre un pizarrón una red de líneas desordenadas después de que le pidieran representar su hogar. La menor había sufrido lesiones y trauma durante la guerra. Su dibujo fue interpretado como una expresión de la confusión que persistía cuando los combates ya habían terminado.

La investigación histórica identificó décadas después a la niña como Teresa Adwentowska. Su historia confirmó que las heridas documentadas por Seymour no eran una abstracción visual: detrás de la fotografía existía una persona cuya vida continuó marcada por las consecuencias físicas y psicológicas de la guerra. TIME

Las imágenes del proyecto fueron publicadas en revistas y reunidas en el libro Children of Europe, editado en 1949. El trabajo ayudó a mostrar que la reconstrucción europea no podía medirse únicamente mediante edificios, carreteras o instituciones. También requería atender la alimentación, la salud, la educación y el trauma de millones de menores.

Con esa cobertura, Seymour contribuyó a desarrollar una forma temprana de comunicación humanitaria basada en evidencia visual. Sus fotografías informaban sobre una crisis, identificaban necesidades y mostraban el funcionamiento de los programas de asistencia. El proyecto estableció una referencia para posteriores campañas internacionales sobre infancia, refugiados y población civil.

Durante los años siguientes trabajó en Italia, Grecia, Alemania, Francia, Israel y otros territorios del Mediterráneo. En el sur de Italia documentó campañas de alfabetización, prácticas religiosas y condiciones de vida en comunidades rurales. Una de sus imágenes muestra las manos desgastadas de un trabajador adulto mientras aprende a escribir la letra “a”, síntesis visual de pobreza, trabajo y acceso tardío a la educación.

Seymour también registró el establecimiento del Estado de Israel y la llegada de inmigrantes y refugiados. Su origen judío le daba una relación personal con el tema, pero sus reportajes mantuvieron la atención sobre la experiencia humana: campamentos, comunidades agrícolas, familias recién llegadas y la formación de nuevas instituciones.

Su archivo incluye además retratos de figuras del cine y la cultura como Sophia Loren, Ingrid Bergman, Roberto Rossellini y Pablo Picasso. Incluso en esos encargos evitaba depender de poses rígidas. Buscaba gestos que revelaran la personalidad de los protagonistas y su relación con el ambiente.

La visión de Chim se diferenciaba de la búsqueda del peligro asociada con Robert Capa y de la precisión geométrica del instante decisivo desarrollada por Cartier-Bresson. Su fortaleza estaba en la empatía informada: conocer el contexto, permanecer cerca de las personas y dejar que sus acciones construyeran el significado de la fotografía.

Ese método también planteó una responsabilidad editorial. Fotografiar el sufrimiento implicaba evitar que el dolor se convirtiera en espectáculo. Seymour procuró conservar la dignidad de sus sujetos mediante encuadres sobrios y una distancia que permitía observar sin humillar. Su obra demostró que una fotografía puede denunciar una condición sin reducir a la persona retratada a esa condición.

El 10 de noviembre de 1956 murió mientras cubría las consecuencias de la crisis del canal de Suez. Seymour y el fotógrafo francés Jean Roy se dirigían hacia un intercambio de soldados heridos cerca de El Qantara, Egipto, cuando fueron alcanzados por disparos de una ametralladora egipcia. El cese al fuego había entrado en vigor días antes. Chim estaba a diez días de cumplir 45 años. Magnum Photos

La muerte interrumpió una trayectoria de poco más de dos décadas, pero dejó un archivo que abarca la Guerra Civil española, la posguerra europea, el nacimiento de Israel, la vida religiosa, la alfabetización y la infancia desplazada. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos conserva más de mil impresiones que documentan la amplitud de su trabajo. Colección David Seymour

Su principal aportación al fotoperiodismo fue desplazar la atención desde la victoria militar hacia sus consecuencias humanas. Chim mostró que las guerras continúan dentro de las personas después del último disparo y que una cobertura no termina con la firma de un armisticio. Su cámara encontró la noticia en quienes debían aprender, sanar, regresar o comenzar nuevamente.

David Seymour no necesitó colocarse en el centro de la acción para explicar la historia. Su obra enseñó que observar con sensibilidad no disminuye el rigor periodístico: puede ampliarlo. Al fotografiar a quienes rara vez ocupaban las portadas, convirtió a los niños, refugiados y trabajadores en protagonistas del relato visual del siglo XX.

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