Análisis y Coyuntura

¿Por qué Moody’s castigó a ocho bancos mexicanos tras ajuste soberano?

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Por Bruno Cortés

Moody’s redujo la calificación de ocho instituciones financieras en México tras el ajuste a la nota soberana del país de Baa2 a Baa3.

La agencia Moody’s Ratings ejecutó este miércoles una rebaja en las calificaciones de ocho instituciones financieras clave en México. Esta acción deriva directamente del ajuste previo realizado a la nota soberana del país, que pasó de Baa2 a Baa3, alterando el panorama crediticio nacional.

El movimiento afecta de forma directa a BBVA México, Banorte, Santander México, BanBajío, Bancomext, Nafin y al Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB). En la mayoría de estos casos, las calificaciones de depósitos y deuda fueron recortadas en un escalón por la calificadora.

La lógica de la agencia es clara: la calidad crediticia del Estado mexicano condiciona la operación de la banca local. Los bancos mantienen vínculos estrechos con el soberano debido a su alta exposición a riesgos sistémicos e institucionales que provienen desde el gobierno.

Moody’s señaló tres ejes críticos que motivaron la degradación: la menor flexibilidad fiscal, las expectativas de crecimiento económico a la baja y un mercado laboral debilitado. Estos factores, en conjunto, presionan directamente el perfil crediticio de las instituciones financieras.

A este escenario se suma la incertidumbre sobre el comercio y la falta de certeza jurídica. Este ambiente afecta la estabilidad operativa de las instituciones, complicando sus perspectivas de crecimiento a mediano plazo en un entorno que exige prudencia.

Banamex presenta un caso distinto, pues sus calificaciones fueron afirmadas, aunque su perspectiva permanece negativa. En contraste, otras entidades como BBVA o Banorte lograron cambiar su horizonte hacia una perspectiva estable tras la revisión.

La calificadora reconoció que los indicadores de calidad de activos se mantienen sólidos actualmente. A pesar de ello, el riesgo subyacente crece debido al aumento constante en los castigos de cartera y a la necesidad de mayores provisiones preventivas.

El crecimiento del crédito bancario se mantendrá contenido, estimándose en un rango de un solo dígito alto. El financiamiento al consumo es el motor actual, mientras que el crédito corporativo luce limitado debido a la debilidad de las condiciones económicas.

El sector financiero aguarda la reacción del mercado tras este reajuste. Por su parte, la Secretaría de Hacienda ha defendido la solidez de las finanzas públicas, insistiendo en que el país conserva su grado de inversión y mantiene la estabilidad sistémica.