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Estilo De Vida

Lo que escondes bajo las sábanas puede afectar tu descanso

Cambiar la ropa de cama no basta: almohadas, protectores y colchones también necesitan una rutina de limpieza.

Por Editor web Maya Comunicación · 23 de julio de 2026 · Lectura de 2 min

Una cama puede verse impecable y conservar polvo en lugares que rara vez se revisan. Debajo de las sábanas están el protector, el colchón y sus costuras; alrededor permanecen la cabecera, las cortinas, la alfombra y las almohadas que usamos noche tras noche.

Los ácaros del polvo se alojan con facilidad en colchones, almohadas, mantas y muebles tapizados. No pueden verse a simple vista, pero sus residuos pueden causar molestias en personas alérgicas y agravar síntomas de asma.

El primer error es creer que una cama queda limpia sólo porque se cambiaron las sábanas. Estas deben lavarse cada semana, al igual que las fundas. Para controlar ácaros, algunas recomendaciones médicas incluyen mantas y cubiertas, siempre que el material soporte el lavado indicado.

El segundo error es meter un edredón enorme en una lavadora pequeña. Si queda comprimido, el agua y el detergente pueden no distribuirse correctamente. Las piezas voluminosas necesitan espacio suficiente o una máquina de mayor capacidad.

El tercero es guardar almohadas o cobijas cuando todavía conservan humedad interna. El secado completo es indispensable antes de volver a colocarlas en la cama o almacenarlas. También conviene esponjar los rellenos durante el proceso para evitar acumulaciones.

El cuarto error es rociar el colchón con desinfectantes como parte de la rutina. Los CDC señalan que la limpieza regular suele ser suficiente en la mayoría de los hogares. La desinfección se justifica principalmente cuando alguien está enfermo, existe contaminación concreta o vive en casa una persona inmunodeprimida.

La fórmula más sencilla es dividir el trabajo: sábanas y fundas cada semana; protectores, polvo y aspirado cada mes; revisión trimestral de almohadas y edredones; y una limpieza profunda una o dos veces al año. Si hay manchas, humedad, olores o alergias, el calendario debe adelantarse.

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