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Glaciares en México: el del Pico de Orizaba pierde hasta 7 metros

Sí hay glaciares en México, pero se van: el del Pico de Orizaba perdió en promedio tres metros de espesor entre 2015 y 2025, según la Universidad Veracruzana.

Por Editor web Maya Comunicación · 3 de octubre de 2026 · Lectura de 5 min

Ilustración editorial: frente agrietado del glaciar norte del Pico de Orizaba con roca volcánica expuesta y agua de deshielo al amanecer

Un estudio de la Universidad Veracruzana midió por primera vez cuánto hielo ha perdido todo el glaciar norte del Pico de Orizaba: en promedio, tres metros de espesor en una década. Es el capítulo más reciente de una despedida que la UNAM ya documentó en el Iztaccíhuatl.

Sí, hay glaciares en México. Pero el del Pico de Orizaba perdió hasta siete metros de espesor en sólo diez años.

La idea suena a error de geografía: un país tropical, de playas y desiertos, con hielo permanente. Pero las cumbres más altas del país lo han tenido. En 1964, fotografías aéreas registraron 12 glaciares en el Iztaccíhuatl, con 1.4 kilómetros cuadrados en total, y tres en el Popocatépetl, con 0.72, según una revisión de casi 70 años de monitoreo presentada en 2025 por investigadores de la UNAM, la Universidad Veracruzana (UV) y otras instituciones.

Qué midió la Universidad Veracruzana

El 25 de agosto de 2026, el Centro de Ciencias de la Tierra de la UV informó que, por primera vez, cuantificó la pérdida de espesor en todo el cuerpo del glaciar norte del Pico de Orizaba, y no sólo en perfiles o puntos aislados. Entre 2015 y 2025, el adelgazamiento fue de entre uno y más de siete metros según la zona, con un promedio cercano a tres.

Eso equivale, según el académico Víctor Soto Molina, a 1.4 millones de metros cúbicos de hielo, más de 1.3 millones de metros cúbicos de agua: lo que consumiría en un año una ciudad de 30 a 40 mil habitantes. El frente del glaciar retrocedió unos 200 metros entre 2019 y 2026, y donde antes había hielo hoy aflora la roca.

En 2007, el conjunto glaciar del volcán sumaba 0.62 kilómetros cuadrados, de acuerdo con la revisión de monitoreo. La UV reportó en 2025 que el glaciar norte pasó de 0.46 kilómetros cuadrados en 2019 a 0.37 en 2024: unas 37 hectáreas, poco más de 50 canchas de futbol profesional.

Por qué el hielo ya no se repone

Un glaciar sano gana nieve en lo alto y la pierde abajo. El del Pico de Orizaba rompió ese equilibrio: según la UV, la nieve que se acumula ya no compensa el hielo que se derrite en los meses cálidos. Los datos del equipo entre 1990 y 2025 muestran un aumento de alrededor de un grado en la temperatura de la zona central del glaciar y casi 200 milímetros menos de precipitación al año.

Las nevadas en la cumbre se concentran entre marzo y septiembre, justo en los meses más cálidos, y por encima de los 4 mil 500 metros la nieve puede fundirse pocas horas después de caer, antes de compactarse en hielo. Además, desde 2019 aflora cerca de la cima un lecho de roca que absorbe energía solar; en 2025, la UV reportó temperaturas de hasta 17 grados en esa superficie, en una zona que debería estar en el punto de congelación.

Glaciares en México: lo que ya se perdió

En el Popocatépetl, la actividad eruptiva iniciada en diciembre de 1994 calentó el hielo desde abajo y lo cubrió de ceniza; para 2001 el glaciar ya estaba fragmentado, según la revisión de monitoreo. En el Iztaccíhuatl, la UNAM documentó que el glaciar Ayoloco, visible desde el Valle de México, desapareció en 2018, y en 2021 colocó en la montaña una placa de acero con este mensaje: «A las generaciones futuras: Aquí existió el glaciar Ayoloco y retrocedió hasta desaparecer en 2018. En las próximas décadas los glaciares mexicanos desaparecerán irremediablemente».

La UV describe al del Pico de Orizaba como el último glaciar que permanece en el país. La revisión de 2025, encabezada por Hugo Delgado Granados, del Instituto de Geofísica de la UNAM, todavía contaba en el Iztaccíhuatl un remanente llamado El Pecho. Sea uno o sean dos, el pronóstico apunta al mismo lado: en 2025, Delgado Granados advirtió que «la extinción de nuestros glaciares está muy próxima, posiblemente en los próximos cinco años».

Soto Molina, en cambio, evita poner fecha. En glaciología, explica, no se hacen pronósticos de ese tipo, aunque los datos muestran que el volumen seguirá bajando si las condiciones actuales persisten. La UV adelantó que los resultados se publicarán en breve en una revista científica especializada.

No es sólo paisaje: es agua

Miles de personas alrededor del Pico de Orizaba se abastecen de manantiales alimentados por el deshielo y la infiltración en las partes altas, y la UV considera necesario empezar a pensar en alternativas para esas poblaciones. Con la extinción del Ayoloco, la UNAM también advirtió menor disponibilidad de agua. La crisis del agua también se juega en las cumbres, no sólo en la red de tuberías; en el Valle de México ya revisamos qué significa una presión hídrica de 128.7 %. Y el fenómeno no es exclusivo del país: en los Andes, el retroceso glaciar ya eleva el riesgo de aluviones.

La placa del Ayoloco cierra con una frase que hoy pesa más que cuando se escribió: «Sólo ustedes sabrán si lo hicimos». En el Pico de Orizaba, la respuesta se está midiendo en metros.

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