Encuadernación artesanal: el oficio que sostiene las páginas
Costuras, cubiertas y pliegues dan forma al libro y revelan un trabajo que va mucho más allá de adornarlo.

Costuras, cubiertas y pliegues dan forma al libro y revelan un trabajo que va mucho más allá de adornarlo.
Abrir un libro parece un gesto sencillo hasta que una hoja se desprende o una cubierta deja de sostenerlo. Entonces aparece el trabajo que normalmente pasa inadvertido: la encuadernación. Su función no consiste sólo en dar una apariencia atractiva al volumen, sino en reunir sus partes para que puedan consultarse y conservarse.
El Archivo General de la Nación define esta actividad como la unión de hojas para facilitar su uso y preservarlas. La precisión importa porque el resultado debe responder a movimientos repetidos: abrir, cerrar, pasar páginas y volver a guardar. Una solución vistosa puede resultar poco útil si dificulta la lectura o somete al papel a esfuerzos innecesarios.
No todos los libros están construidos igual. Hay hojas sueltas y conjuntos plegados que forman cuadernillos; también existen distintas formas de unirlos y protegerlos. El AGN describe técnicas con hilo, refuerzos en el lomo y espirales, entre otras. Esa variedad impide presentar una costura o un acabado como respuesta universal para cualquier documento.
La cubierta es apenas una de las partes visibles. Guardas, hilo, cartón, tela y otros materiales participan en la estructura, según el tipo de trabajo. Una propuesta de introducción a la encuadernación artística de Cultura UNAM incluye esos elementos junto con herramientas como plegaderas. La selección de materiales cambia las posibilidades de apertura, resistencia y apariencia.
La Biblioteca Virtual de México permite observar la dimensión histórica del oficio al explicar la producción de libros de coro. En ella participaban distintos especialistas: quienes preparaban el soporte, copiaban, iluminaban y encuadernaban. A este último trabajo correspondía unir los folios y proteger el volumen. El libro era resultado de una colaboración material, no sólo de un texto.
El INAH también documenta el taller de encuadernación asociado con Antonio Salanueva, quien enseñó el oficio a Benito Juárez. Las prensas y herramientas conservadas en ese espacio permiten acercarse a una actividad que podía formar parte del sustento doméstico. Mirarlas ayuda a entender que la historia del libro incluye trabajos manuales y formas de aprendizaje.
Para explorar hoy la encuadernación, una libreta nueva puede ser un proyecto más adecuado que un ejemplar antiguo o irremplazable. Un taller permite conocer herramientas, materiales y secuencias bajo orientación. Antes de inscribirte, pregunta qué técnica se realizará, qué incluye la actividad y si está pensada para principiantes; no todas las propuestas tienen el mismo alcance.
Reparar un libro valioso plantea otra responsabilidad. Una intervención improvisada puede alterar elementos que contienen información sobre su historia. Si el ejemplar tiene valor documental, afectivo o patrimonial, conviene solicitar una evaluación especializada antes de añadir cinta, recortar bordes o sustituir piezas. Aprender a fabricar una libreta no equivale a estar preparado para restaurar una obra.
Al encargar un trabajo, explica cómo se utilizará el volumen. Un cuaderno que se abrirá diariamente, un álbum y una pieza destinada a exhibición pueden necesitar soluciones distintas. Pregunta por la apertura, los materiales y las recomendaciones de cuidado. Esa conversación permite apreciar el oficio sin reducir la elección al color de la cubierta.
La próxima vez que tomes un libro, observa cómo se unen sus páginas sin forzar el lomo. Detrás de ese mecanismo discreto hay decisiones que hacen posible la lectura. La encuadernación recuerda que las ideas también necesitan una forma material: una estructura que las mantenga juntas y permita volver a ellas.
Ilustración generada con IA. No es una fotografía documental.


