Códice Mendoza: el retrato del imperio que España quiso comprender
Historia, tributos y educación quedaron reunidos en un manuscrito creado para explicar a los españoles cómo funcionaba el poder mexica.

El códice habla
Me ordenaron explicar un imperio después de que el imperio había caído.
Sobre mis hojas volvieron a levantarse los templos, caminaron los ejércitos y llegaron a Tenochtitlán mantas, cacao, plumas, escudos, piedras preciosas y pieles de jaguar. Pinté a los niños en sus casas, a los jóvenes en sus escuelas, a los guerreros frente al enemigo y a los ancianos cerca del fuego.
Un intérprete colocó palabras españolas alrededor de mis figuras. Quiso que cada imagen pudiera atravesar el océano sin perderse.
Nunca llegué al emperador para quien quizá fui concebido. Otros hombres me tomaron en el mar. Desde entonces he cambiado de manos y de países, pero continúo contando cómo una ciudad gobernó mediante la guerra, el tributo, la educación y la memoria.
Un informe sobre México-Tenochtitlán
El Códice Mendoza o Códice Mendocino fue elaborado hacia 1541, aproximadamente dos décadas después de la caída de México-Tenochtitlán. Se le vincula con el primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, de quien tomó su nombre.
La hipótesis tradicional sostiene que fue preparado para informar al rey Carlos V sobre la historia y la organización del antiguo poder mexica. Aunque las circunstancias exactas de su encargo todavía se discuten, su estructura demuestra un propósito explicativo dirigido a lectores europeos.
Fue realizado por tlacuilos indígenas y acompañado por glosas en español. En sus páginas conviven la escritura pictográfica nahua y las explicaciones alfabéticas de intérpretes coloniales.
El manuscrito original se conserva actualmente en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, en Reino Unido. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos señala que fue preparado alrededor de 1541 para Antonio de Mendoza y que su imagen fundacional de Tenochtitlán ayudó a consolidar un símbolo que hoy ocupa el centro de la bandera mexicana.
Las tres partes del códice
El Códice Mendoza está dividido en tres grandes secciones.
La primera presenta la historia de México-Tenochtitlán desde su fundación y organiza los acontecimientos a partir de los gobiernos de sus tlatoque. Las conquistas se representan mediante templos incendiados o derribados, acompañados de los glifos de los pueblos vencidos.
La segunda sección registra los tributos entregados por las provincias sometidas a la Triple Alianza. En sus láminas aparecen mantas, trajes de guerrero, plumas, cacao, maíz, frijol, chile, oro, piedras, miel, pieles, vasijas y otros bienes.
No se trataba simplemente de una lista de riquezas. El tributo mostraba la geografía del poder. Cada objeto revelaba qué producía una región, qué debía entregar y cómo se integraba a la economía política encabezada por Tenochtitlán.
La tercera sección describe aspectos de la vida cotidiana. Sigue el crecimiento de hombres y mujeres desde el nacimiento hasta la vejez e incluye escenas de alimentación, educación, disciplina, matrimonio, trabajo, guerra, religión y administración de justicia.
Gracias a esa parte conocemos representaciones de la educación doméstica, del telpochcalli, orientado a la formación comunitaria y militar, y del calmécac, relacionado con la formación religiosa, política y especializada de ciertos jóvenes.
El nacimiento de una persona y de un ciudadano
El códice muestra a niñas y niños recibiendo diferentes cantidades de alimentos según su edad. También representa castigos empleados como parte de la disciplina familiar, algunos de los cuales resultan severos desde la perspectiva contemporánea.
Las escenas no deben interpretarse como fotografías universales de la vida mexica. Son representaciones normativas: enseñan cómo debía comportarse una persona dentro del orden social.
La educación no estaba separada de la comunidad. Aprender significaba adquirir responsabilidades, controlar el cuerpo, respetar a los mayores, conocer las obligaciones rituales y prepararse para sostener a la ciudad.
El nacimiento era acompañado por ceremonias que introducían al recién nacido en una red social y cósmica. El género, la familia, el calendario y la posición social influían en las expectativas futuras.
La maquinaria del tributo
La segunda parte del manuscrito deja ver la magnitud del sistema tributario. Los pueblos sometidos entregaban productos en cantidades y periodos establecidos. Funcionarios, comerciantes, transportistas y autoridades regionales hacían posible la circulación de los bienes.
El tributo alimentaba a la élite y a las instituciones religiosas, sostenía campañas militares, permitía recompensar a guerreros y concentraba productos procedentes de regiones lejanas.
La Matrícula de Tributos, otro documento pictográfico estrechamente relacionado con esta sección del Códice Mendoza, registra los pagos que las poblaciones sujetas entregaban a México-Tenochtitlán y a la Triple Alianza. La evidencia disponible indica que pudo copiarse o reelaborarse a partir de un original prehispánico durante los primeros años posteriores a la Conquista.
Esta economía también tenía un lado coercitivo. Los bienes llegaban porque existía dominación política y amenaza militar. El esplendor de Tenochtitlán dependía parcialmente de los recursos extraídos de otros pueblos, algunos de los cuales se aliaron con los españoles contra los mexicas.
¿Por qué fue creado?
El gobierno colonial necesitaba conocer el territorio conquistado. Para cobrar tributos, reconocer autoridades y reorganizar poblaciones, era indispensable comprender las redes que habían sostenido al poder anterior.
El Códice Mendoza pudo servir como una especie de informe imperial: explicaba quiénes habían gobernado, qué provincias estaban sometidas, qué productos entregaban y cómo se organizaba la sociedad.
Sin embargo, el manuscrito no es una traducción transparente. Los tlacuilos seleccionaron imágenes desde sus propias tradiciones y los intérpretes españoles añadieron explicaciones desde otro horizonte cultural. Entre ambos lenguajes existen coincidencias, ajustes y posibles malentendidos.
La cosmovisión de un orden total
El códice revela una sociedad en la que política, religión, guerra, economía y educación no funcionaban como ámbitos completamente separados.
Las conquistas tenían consecuencias materiales, pero también rituales. El tlatoani era gobernante, juez, jefe militar y representante de un orden sagrado. El tributo expresaba sometimiento político y, al mismo tiempo, alimentaba las ceremonias que garantizaban la continuidad del mundo.
La vida individual estaba integrada a ciclos mayores. Desde la infancia, las personas aprendían que sus acciones contribuían al equilibrio de la casa, el calpulli, la ciudad y el cosmos.
El universo mexica exigía disciplina porque era concebido como un orden vulnerable. El Sol debía continuar su recorrido, las lluvias debían llegar y las fuerzas divinas tenían que recibir atención ritual. La sociedad entera participaba en esa responsabilidad.
El manuscrito que no llegó a su destino
De acuerdo con una tradición ampliamente difundida, el códice fue enviado hacia España, pero la embarcación que lo transportaba fue interceptada por corsarios franceses. Después pasó por manos de diversos coleccionistas europeos, entre ellos André Thevet y Richard Hakluyt.
Finalmente quedó asociado con la colección de John Selden y llegó a la Biblioteca Bodleiana en el siglo XVII.
Así, un documento concebido para explicar México desde la Nueva España terminó conservado en Inglaterra. Sus páginas sobrevivieron porque cruzaron fronteras, guerras y bibliotecas.
El Códice Mendoza sigue siendo una de las fuentes más completas sobre el mundo mexica, pero su mayor enseñanza quizá sea otra: ningún imperio puede explicarse solamente a través de sus batallas. También debe observarse lo que come un niño, lo que teje una mujer, lo que entrega una provincia y lo que una sociedad enseña a sus jóvenes.

