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El asteroide de Chicxulub cayó en primavera, revelan peces fósiles

Peces fósiles sepultados vivos minutos después del impacto revelan que el asteroide de Chicxulub cayó en primavera. Así lo leyó la ciencia en sus huesos.

Por Editor web Maya Comunicación · 3 de octubre de 2026 · Lectura de 5 min

Ilustración editorial: fósil de pez espátula en un bloque de sedimento con pequeñas esferas de impacto junto a sus branquias, sobre una mesa de laboratorio

Seis peces fósiles de Dakota del Norte, sepultados vivos minutos después del impacto en Yucatán, guardaron en sus huesos la estación del año en que terminó la era de los dinosaurios.

El asteroide de Chicxulub ya tenía lugar y edad aproximada. Ahora también tiene estación: cayó en primavera.

Hace unos 66 millones de años, una roca espacial se estrelló en lo que hoy es la península de Yucatán y abrió un cráter de alrededor de 200 kilómetros de diámetro, según especialistas del Instituto de Geofísica de la UNAM. Lo que siguió eliminó a cerca de tres cuartas partes de las especies del planeta, entre ellas todos los dinosaurios no avianos, los pterosaurios y los amonites.

Durante décadas, la ciencia pudo fechar aquel desastre con un margen de miles de años, pero no responder una pregunta casi doméstica: ¿en qué época del año ocurrió? La respuesta llegó de un antiguo río del suroeste de Dakota del Norte, en Estados Unidos, a miles de kilómetros del cráter.

Tanis, un cementerio que se formó en minutos

El sitio se llama Tanis. De acuerdo con los investigadores, el impacto sacudió la placa continental y desató olas estacionarias en ríos y lagos, un fenómeno conocido como seiche. En menos de una hora, ese oleaje removió enormes volúmenes de sedimento y enterró vivos a los peces mientras del cielo llovían diminutas esferas de material fundido expulsado por el choque.

La prueba de que esos animales seguían vivos está en sus branquias. Escaneos con rayos X de sincrotrón mostraron esferas de impacto atrapadas en los filtros branquiales de un pez espátula, y en ninguna otra parte de su cuerpo. El pez las coló del agua mientras se alimentaba, en los últimos minutos del Cretácico.

Huesos que crecen como árboles

El equipo, encabezado por la paleontóloga Melanie During, de la Universidad de Uppsala, en Suecia, y la Universidad Libre de Ámsterdam, analizó tres mandíbulas de peces espátula y tres espinas de aleta de esturión excavadas en Tanis en 2017. Sus resultados se publicaron en febrero de 2022 en la revista Nature.

Esos huesos crecen por capas, como los anillos de un tronco: una franja gruesa en la temporada favorable, otra más delgada cuando el crecimiento se frena y una línea de pausa cuando se detiene. En los seis ejemplares, el último anillo quedó interrumpido poco después de una de esas líneas, es decir, al arranque de la temporada de crecimiento.

Hubo dos pistas más. La densidad y el tamaño de las células óseas, que suben y bajan con las estaciones, iban en aumento, pero no habían llegado a su máximo anual. Y los isótopos de carbono en la mandíbula de un pez espátula, que reflejan cuánto zooplancton comía, indicaron que la temporada de alimentación aún no alcanzaba su punto alto. La conclusión de los autores: los peces murieron durante la primavera del hemisferio norte.

El hallazgo también ajusta cuentas con una idea anterior. En 1991 se propuso, a partir de plantas fósiles de Wyoming, que el impacto ocurrió en junio; el artículo de Nature señala que las identificaciones y supuestos de esa propuesta fueron refutados después.

¿Por qué importa la estación del asteroide de Chicxulub?

Puede sonar a dato de trivia, pero los autores creen que no lo es. En primavera, muchas especies del norte se reproducen y crecen, y los reptiles con incubaciones largas, como la mayoría de los dinosaurios y los pterosaurios, habrían sido especialmente vulnerables a un cambio brusco. En el hemisferio sur, en cambio, era otoño: algunos mamíferos podrían haberse resguardado ya en madrigueras, en espera del invierno.

El estudio cita evidencia de que los ecosistemas del sur se recuperaron hasta dos veces más rápido que los del norte, algo coherente con un efecto de la estación. Conviene subrayarlo: es una hipótesis que plantean los investigadores, no una explicación cerrada de por qué unas especies sobrevivieron y otras no.

También hay límites claros. La conclusión proviene de un solo sitio y de seis peces, y describe la estación, no el mes ni el día. Además, aunque el golpe fue instantáneo, la extinción global probablemente se desarrolló durante el deterioro climático posterior, que pudo prolongarse miles de años.

Una historia que empieza en Yucatán

Para México, el resultado agrega una capa más a una historia que ya es propia. Investigadores de la UNAM describen el cráter, sepultado bajo la plataforma de Yucatán y el Golfo de México, como el mejor laboratorio natural para analizar la evolución de la vida, el sistema solar y nuestro propio planeta. En Maya Comunicación ya contamos de dónde vino el meteorito que extinguió a los dinosaurios; y para verlo de cerca, el Museo del Meteorito de Progreso, Yucatán, dedica sus salas a ese impacto.

Sesenta y seis millones de años después, la última primavera del Mesozoico sigue dando pistas. La pregunta pendiente, todavía sin respuesta, es cuánto pesó esa coincidencia de calendario en la suerte de los mamíferos, el linaje del que descendemos quienes hoy la estudiamos.

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