Cámara de Diputados

Reforma de Sheinbaum aniquila el dedazo en las diputaciones plurinominales

Por ·

La reforma al Artículo 53 elimina listas cerradas; la mitad de los 200 curules plurinominales serán para los «mejores perdedores».

La reciente reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum en este 2026 plantea un giro radical en la forma de repartir los curules en San Lázaro. Con la modificación al Artículo 53 constitucional, se busca poner punto final a la tradición de asignar las 200 diputaciones de representación proporcional, conocidas en el argot popular como «plurinominales», mediante decisiones a puerta cerrada. El objetivo central de la iniciativa es que los escaños se ganen haciendo talacha en las calles y no por designación directa de las cúpulas.

El nuevo esquema divide las posiciones plurinominales en dos bloques idénticos para la Cámara Baja. Los primeros 100 escaños ya no serán asignados a discreción, sino que se entregarán a los llamados «mejores perdedores»; es decir, aquellos candidatos que se la rifaron en su distrito y no ganaron por mayoría, pero que consiguieron un alto porcentaje de votos válidos. Los otros 100 lugares se elegirán a través de listas regionales divididas en cinco circunscripciones, contemplando también el sufragio de los residentes en el extranjero.

A nivel técnico, este modelo impacta directamente en la estructura de la disciplina parlamentaria. Al quitarle la pluma a las dirigencias nacionales para armar las listas completas, el legislador le deberá su posición a los votos sudados en su demarcación y no al favor del líder del partido. En la práctica, la lealtad hacia el «látigo» de la bancada se diluye, lo que podría abaratar el «chapulineo» legislativo, ya que los diputados tendrán un mayor margen de maniobra al no depender del visto bueno de arriba para su futuro político.

Desde la dirigencia de Morena, Luisa María Alcalde ha salido al quite para defender el proyecto ante el escrutinio público. A finales de febrero pasado, la dirigente partidista aseguró tajante que con esto se acaba el «dedazo» y lanzó un buscapiés a la oposición, cuestionando si están dispuestos a soltar privilegios para que los militantes y simpatizantes sean quienes decidan la integración del Congreso. La narrativa oficial subraya que quien aspire a un curul deberá gastar suela haciendo campaña.

En el cuadrilátero legislativo los posicionamientos no se han hecho esperar, y la resistencia no surge únicamente de la trinchera opositora. Figuras de la propia coalición gobernante, como la petista Yeidckol Polevnsky o el legislador pevemista Luis Armando Melgar, han levantado la ceja advirtiendo que votarán en contra de ciertas disposiciones. La inquietud en los pasillos de San Lázaro radica en que esta atomización termine por debilitar la fuerza institucional de los partidos políticos como contrapeso frente al Poder Ejecutivo.

Para entender el peso de este cambio, es necesario echar ojo al retrovisor histórico. Desde finales de los años setenta, la representación proporcional se implementó en México para dar voz a las minorías que no lograban victorias distritales, equilibrando así la balanza democrática del país. Sin embargo, con el paso de las décadas, las dirigencias partidistas de todos los colores acapararon estas posiciones, convirtiéndolas frecuentemente en un pase directo para blindar a operadores políticos o perfiles que jamás caminaron en un mitin.

¿Cómo operará en los hechos la matemática electoral de los «mejores perdedores»? Una vez concluida la jornada cívica, la autoridad electoral armará una tabla de posiciones por cada fuerza política. Los candidatos que no lograron el triunfo en su distrito serán ordenados porcentualmente de manera decreciente; en resumen, el que haya perdido por un pelito frente a su rival directo será el primero en la fila para entrar por la vía de consolación, desplazando a quienes obtuvieron cifras marginales en las urnas.

En contraparte, el bloque opositor ha puesto sobre la mesa sus propias alertas respecto a las letras chiquitas del dictamen. Legisladores de Acción Nacional sostienen que el sistema actual es funcional y que las verdaderas reformas deberían enfocarse en frenar la intervención de grupos delictivos en las campañas o en instaurar elecciones primarias. Las voces críticas argumentan que el esquema oficialista podría generar mayorías artificiales y restarle solidez al pluralismo que caracteriza a los congresos contemporáneos.

Para el ciudadano de a pie, esta reingeniería significa que deberá estar mucho más avispado al momento de acudir a las casillas, pues su marca en la boleta jugará un doble papel. Ese voto no solo definirá al ganador de mayoría relativa en su alcaldía o municipio, sino que será el motor que impulse al candidato de su preferencia a colarse a San Lázaro si los números iniciales no le favorecen. Queda por ver si esta nueva regla realmente ciudadaniza al Poder Legislativo o si los actores políticos le encuentran, como es costumbre, la cuadratura al círculo.