Maquinaria de paleros activada por un termo
En el INE, Montiel mandó un termo por WhatsApp. Ocho minutos después ya era “exclusiva”. ¿Para qué, si ya van arriba?

Por Bruno Cortés
El proceso electoral 2026-2027 no arrancó con un debate de plataforma. Arrancó con un vaso térmico rojo, una mesa del INE y un teléfono que no estaba guardado. El 10 de septiembre, en la Herradura de la Democracia, la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, escribió a Manuel Pedrero: “Inicia el proceso electoral y alito ya está en actos anticipados de campaña”. Adjunto: Alejandro Moreno y el termo “Vota PRI”. La sorpresa no fue el objeto. Fue el cronómetro.
A las 12:16 Pedrero contestó en tres golpes: “Woow”, “Lo llevamos”, “Todo el material que vaya saliendo”. Montiel avisó en un chat del partido que el paquete ya había salido. A las 12:20 —ocho minutos después del primer mensaje— el comunicador lo subió como exclusiva: Moreno había violado la ley frente al INE y Taddei debía hacer algo. En este país un reportaje de fondo tarda semanas. Una consigna, al parecer, tarda lo que tarda en cargar una foto.
El fotógrafo Miguel Martínez Corona, de 24 Horas, hizo el trabajo que el resto fingía no ver: retrató la pantalla. No el termo. El routing. La noticia dejó de ser si un priista lleva souvenir a la sesión y se volvió otra, más incómoda: la dirigente del partido gobernante alimenta en tiempo real a un youtuber afín y el producto sale con membrete de hallazgo. Pedrero, por la noche, aceptó el envío y negó la palabra maldita. Dijo que ella compartió información y que publicar fue decisión suya. En español de vecindad eso se traduce así: no fui palero; nada más atrapé la pelota que me aventaron al área.
Moreno no se hizo el digno. Contestó con foto, hashtag #TermoChallenge y la promesa de mandarle uno a Montiel el lunes. El dirigente de un partido que en 2024 quedó en el lodo entendió el oficio mejor que nadie: si te convierten en meme, cobra el meme. El termo, dijo, era de campañas pasadas. El INE, de momento, no ha publicado aquí una resolución que convierta el recipiente en expediente. Mientras tanto, el país discute la tapa y no el café.
La pregunta que queda en la mesa no cabe en un vaso. Morena abre el ciclo con ventaja. La medición de Buendía & Márquez para El Universal, difundida esta semana, ubica al partido en 35% de preferencia bruta y 48% efectiva; el PAN en 11; PRI y Movimiento Ciudadano en 9 cada uno. Sheinbaum cierra su segundo año con aprobación de 69% en Enkoll para El País y 68% en El Financiero. ¿Quién pide claque con ese marcador? El que sabe que el marcador de septiembre no pita en junio.
Porque 2027 no es 2024. Se renuevan 500 diputaciones y 17 gubernaturas. Las intermedias cobran factura al que se cree dueño del reloj. La propia Montiel lo ha dicho: no se vale cantar carro completo. Entonces el palero no es adorno de vanidad. Es seguro de gastos médicos para cuando el candidato propio salga con antecedentes, el gobernador propio salga en un cable de Nueva York o el voto de castigo se aparezca sin citarse. El termo es barato. Un indictment no.
Ahí se pone negra la comedia. El mismo movimiento que recita a Felipe Calderón y a Genaro García Luna cada vez que necesita un villano con sentencia —pieza de oro: el pasado no se defiende en la mañanera— convive con acusaciones de Estados Unidos contra funcionarios de este ciclo, Sinaloa de por medio, y con el reportaje del New York Times de junio sobre cuadros que habrían tocado puerta en Washington para hablar antes de que los hablaran. Pegarle al derrotado tiene una virtud doméstica inigualable: el muerto no pide el documento. El vivo, sí. Y el vivo desordena la familia.
¿Para qué, entonces, la maquinaria de paleros si ya ganaron? Para tres oficios que la encuesta no cubre. Uno: fabricar enemigo de bajo costo (PRIAN, Alito, el termo) y mantener unida a la parroquia. Dos: ganar el recorte de doce segundos antes de que el fotógrafo gane el recorte de la pantalla. Tres: desplazar. Mientras el día sea el vaso, el día no es el filtro de candidaturas que la propia dirigencia promete con UIF, Sedena, SAT y FGR. Se anuncia el detector de metales y se publica el souvenir.
El lector que vote en 2027 no se juega un termo. Se juega diputado, gobernador y la calidad del árbitro. Si el Consejo General sirve de set para WhatsApp, la pregunta no es de tribu. Es de oficio: ¿quién informa y quién repite? Pedrero puede ser un periodista que recibió una foto. Puede ser un altavoz con silla cerca. Lo que ya no puede ser, después del 10 de septiembre, es un misterio. Ocho minutos bastaron para dejar el cable a la vista, como esos aparatos que en las fiestas siguen conectados aunque el pastel ya se acabó.
La palería, en México, no nació ayer ni es patrimonio de un color. Lo nuevo es la desvergüenza del cronómetro: mandar el insumo, avisar al grupo, salir a celebrar la exclusiva y luego negar la orquesta. Ganar la presidencia no apaga esa tentación. A veces la enciende. El poder absoluto no pide periodistas. Pide ecos con ring light. Y si el eco además dice “yo decidí”, el arreglo queda de lujo: la línea viaja y la responsabilidad se baja en la estación anterior.
Cierre para llevar: un partido con 48% efectivo no necesita un termo para existir. Lo necesita para no hablar de otra cosa. Pregúntele a quien le pida el voto en 2027 una sola cosa, sin gritar: si ya van tan arriba, ¿por qué el día uno del proceso lo gastaron en un vaso y no en la lista de quién sí puede ser candidato?


