Lenguas originarias en internet: revitalización más allá de la traducción
Publicar en lenguas originarias requiere hablantes, herramientas y contextos propios; traducir no basta para construir presencia digital.

La presencia de una lengua originaria en internet no se mide sólo por cuántas páginas tienen traducción. También importa quién crea y controla los contenidos.
Los teclados, correctores y fuentes tipográficas facilitan escribir, pero deben respetar reglas y variantes de cada lengua.
Una traducción automática puede ayudar a explorar, aunque no reemplaza a hablantes que conocen contexto, humor y usos comunitarios.
Los contenidos propios cuentan. Historias, noticias, tutoriales y videos producidos por hablantes hacen que la lengua sea una herramienta cotidiana.
La escuela puede vincular proyectos digitales con memoria local. Entrevistar a personas mayores conserva vocabulario y relatos que no aparecen en libros.
La propiedad de las grabaciones importa. Compartir voces y conocimientos sin consentimiento puede convertir una buena intención en extracción cultural.
Las plataformas necesitan moderación capaz de reconocer variantes. Una lengua no debe desaparecer de un sistema sólo porque el algoritmo no la identifica.
Medir usuarios y publicaciones ayuda, pero no sustituye la calidad ni la autonomía comunitaria.
Revitalizar una lengua en línea es abrir una plaza, no pegar un letrero. ¿Qué contenido crearías para que una niña pueda usarla también en su teléfono?

