La piel de las películas: cuando el cine mexicano se toca con las manos

Hay lugares donde el cine no solo se proyecta: se respira. Los Estudios Churubusco son uno de ellos. Desde que en septiembre de 1945 se rodó La morena de mi copla, este complejo del sur de la Ciudad de México se convirtió en la gran fábrica de sueños del cine nacional. Más de tres mil producciones han pasado por sus foros, sus laboratorios y sus bodegas. Ahora, una de esas bodegas deja de ser depósito y se transforma en memoria viva.
La exposición permanente La piel de las películas, inaugurada en agosto de 2026 en la Bodega A, recupera más de mil objetos originales —vestuario, utilería, mobiliario y accesorios— que alguna vez habitaron la pantalla. No son réplicas ni piezas de museo en el sentido tradicional. Son la materia misma con la que se construyeron historias. La sotana que vistió Demian Bichir como Miguel Hidalgo, el chaleco de piel que llevó Dagoberto Gama en Morelos, la mesa donde comían los seminaristas de Obediencia perfecta, la maleta de Damián Alcázar, un confesionario de más de dos metros de altura, radios de los años sesenta, candelabros, botas pintadas para simular pies descalzos… Cada objeto guarda la huella de un oficio, de una decisión estética, de un instante de rodaje.

Durante años estas piezas permanecieron olvidadas en rincones de las bodegas, acumulando polvo y silencio. La idea de rescatarlas nació de una preocupación concreta: que el trabajo artesanal del cine mexicano no se perdiera. Lourdes García, impulsora del proyecto, y la museógrafa Patricia García, junto con la colaboración de la diseñadora Brigitte Broch, dedicaron cerca de dos años a seleccionar, limpiar, restaurar y ordenar este patrimonio. El resultado es un espacio de 342 metros cuadrados dividido en ocho módulos que invita al visitante a caminar entre las texturas del cine.
Lo que se exhibe no es solo “ropa de película”. Es la evidencia material de cómo se construye la verosimilitud. Las prendas campesinas de Hidalgo y Morelos fueron tratadas con lodo, rasgaduras y desgaste para transmitir la miseria y el polvo de la Independencia. El mobiliario de Obediencia perfecta evoca la rigidez de un seminario de los años setenta. Los objetos de Cadena perpetua, de Arturo Ripstein, cargan la atmósfera asfixixiante de su universo. Cada pieza es un testimonio silencioso de las manos que la confeccionaron, la envejecieron y la colocaron frente a la cámara.
Los Estudios Churubusco siempre han sido más que un conjunto de foros. En la Época de Oro fueron el corazón industrial del cine mexicano. Luego sobrevivieron a las crisis, a la llegada del video, a la digitalización y a los cambios de administración. Hoy, al abrir esta galería, reafirman una vocación que va más allá de la producción: la de custodiar la memoria. Cristián Calónico, director de los Estudios, ha señalado que este proyecto es apenas el inicio de un museo del cine mexicano más ambicioso. La piel de las películas es el primer paso visible.

La exposición tiene un carácter doble. Por un lado, es un acto de preservación. Por otro, es un gesto de generosidad hacia el público y hacia la industria misma: muchas de las piezas pueden ser rentadas o adquiridas, dándoles así una segunda vida en nuevas producciones. El cine, después de todo, siempre ha sido un arte de reutilización y transformación. Lo que ayer vestía a un personaje histórico puede mañana vestir a otro.
Caminar por la Bodega A es entender que el cine no se hace solo con ideas y actores. Se hace con tela, madera, metal, cuero y tiempo. Se hace con el saber de costureras, utileros, escenógrafos y artesanos cuyo nombre rara vez aparece en los créditos. Esta exposición les rinde un homenaje implícito al colocar su trabajo en el centro de la mirada.

En un momento en que el cine mexicano sigue buscando equilibrios entre la tradición y las nuevas formas de producción, La piel de las películas recuerda algo esencial: las historias necesitan cuerpo. Necesitan piel. Y esa piel, cuando se conserva y se muestra, permite que el público no solo vea el cine, sino que lo toque con la imaginación y, en cierto modo, con las manos.
La muestra está abierta de lunes a viernes, de 10:00 a 15:00 horas, en la Bodega A de los Estudios Churubusco Azteca. Entrada libre. Una visita obligada para quien quiera entender, más allá de la pantalla, de qué está hecho realmente el cine mexicano.




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