Tregua comercial EE.UU.-China se alarga dos meses, hasta el 10 de enero
Xi aterrizó en Andrews; Trump lo esperó en la pista y la tregua comercial se fue hasta enero. Falta lo duro.

Xi Jinping bajó este miércoles 23 de septiembre de 2026 del avión de Air China en la Base Conjunta Andrews, en Maryland, y Donald Trump ya estaba en el asfalto. No en la Casa Blanca. En la pista. Alfombra roja de unos 30 metros, guardia de honor, banderas de los dos países y las primeras damas, Peng Liyuan y Melania Trump, en el mismo cuadro. Es la primera visita de Estado del mandatario chino a Washington desde 2015 y su primer viaje a Estados Unidos desde 2023. La sorpresa no es que se hayan saludado: es que el anfitrión salió a buscarlo hasta el avión.
La visita corre del 23 al 25 de septiembre y responde a la que Trump hizo a Pekín en mayo. Es el tercer encuentro de ambos desde que el republicano volvió a la Casa Blanca: Busan, en octubre de 2025; Pekín, en mayo; ahora la capital estadounidense. Pekín lo describió como un “hito” de visitas recíprocas en menos de seis meses. Lo que no hay en la agenda es Nueva York. La 81ª Asamblea General de la ONU está en la misma semana y Xi no pisa la tribuna. Mandó al vicepresidente Han Zheng. El recado es de calendario, no de protocolo.
Mientras el avión frenaba, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo en Fox News que Washington y Pekín acordaron extender el “Acuerdo de Busan” del 10 de noviembre al 10 de enero de 2027. Dos meses. La tregua de 2025 congeló alzas arancelarias y comprometió a China a no ahogar el flujo de tierras raras a cambio de que Estados Unidos no disparara otra ronda de restricciones. Bessent habló de tiempo para “ver qué se puede hacer” y de un paquete posible sobre unos 30 mil millones de dólares en bienes de cada lado. No habló de tratado nuevo. Habló de prórroga.
Ese 10 de enero es la cifra que hay que marcar en el calendario. No es un adorno. Es la fecha en la que vuelve a existir un acantilado comercial si no hay otro arreglo. Bessent también dejó dicho que China ha cumplido la compra de soya —25 millones de toneladas— y va atrás en otros 17 mil millones de dólares de productos agrícolas. Quien venda “ya se arregló todo” está vendiendo el anuncio, no el contrato.
El jueves 24 es el día gordo. Ceremonia en la Casa Blanca, revista militar en el Jardín de las Rosas, reunión bilateral y cena de Estado en el East Room. A esa mesa están convocados, entre otros, Elon Musk, Jeff Bezos, Tim Cook, Jensen Huang, Sam Altman, Sundar Pichai, Michael Dell y Mark Zuckerberg. La fortuna combinada que se ha reportado de ese grupo pasa de 2.2 billones de dólares. No es sección de sociales. Es el mapa de chips, modelos de inteligencia artificial y cadenas de suministro sentado a comer con quien pone o quita licencias de exportación.
¿Y Taiwán? ¿Irán? ¿Los chips? Eso no se resuelve con el primer apretón de manos. Pekín suele poner a Taiwán al frente de cualquier cumbre. Washington mantiene ventas de armas a la isla. China tiene lazos con Teherán mientras Estados Unidos está en guerra con Irán. Sobre inteligencia artificial ya hubo un diálogo técnico el 20 de septiembre en Nueva York entre Bessent, el representante comercial Jamieson Greer y el vicepremier He Lifeng. El jueves se verá si eso se convierte en mecanismo o se queda en comunicado.
Xi llegó con un texto escrito, difundido por Xinhua: China y Estados Unidos “deben ser socios, no rivales”. Dijo que el “gran rejuvenecimiento de la nación china” y el “Make America Great Again” pueden ir de la mano. Es la fórmula de siempre, dicha en la puerta de la base militar. El viernes 25 cierra con té privado de las dos parejas y una visita a los Archivos Nacionales, donde están la Declaración de Independencia y la Constitución, en el año del 250 aniversario de la independencia estadounidense. Después, de regreso al avión.
Piense en dos vecinos que se pelean el predio, el agua y el letrero de la calle, y un día se invitan a comer con mantel largo. Nadie vendió la casa. Solo se pusieron de acuerdo en no aventarse ladrillos hasta enero. Así se lee esta cumbre si se le quita el himno. La alfombra cubre el asfalto; no tapa el inventario: tierras raras, semiconductores, aranceles, Taiwán e Irán siguen en la lista.
Para quien vive y trabaja en México el dato no es de postal. Estados Unidos es el primer mercado. China es el segundo socio comercial. Lo que se mueva en esa mesa pega en reglas de origen, precios de electrónicos, autopartes, fertilizantes y en la pregunta de siempre del nearshoring: si la pieza “es mexicana” o es china con pasaporte de T-MEC. Si la tregua aguanta, hay menos sacudida inmediata. Si se cae en enero, el costo viaja por la factura, no por el noticiero.
Lo que sigue es medible. Mañana, la foto de la Casa Blanca y lo que salga —o no salga— del bilateral. El viernes, Archivos Nacionales y la despedida. Entre hoy y el 10 de enero hay que ver tres cosas: si Pekín confirma en público la extensión que anunció Bessent, si aparece un número de compras agrícolas o de aviones y si Taiwán e Irán se mencionan en el comunicado o se esconden detrás de la palabra “estabilidad”. La pregunta que se le puede hacer a cualquiera en la sobremesa es simple: ¿esta tregua de dos meses es puente o solo un tapete para no pisar el lodo hasta que pasen las elecciones de medio término en Estados Unidos?


