Sismos en CDMX: por qué el suelo cambia cómo se siente un temblor
La UNAM explica que el suelo lacustre de la CDMX puede amplificar y prolongar ondas sísmicas, pero la seguridad depende también de cada edificio y requiere evaluación profesional.

Durante un sismo, una persona puede sentir un movimiento breve y otra notar oscilaciones más largas. La diferencia no se explica solo por la distancia al epicentro: el tipo de suelo, la profundidad de los depósitos y las características de cada construcción también influyen en la respuesta.
Una explicación divulgativa de la UNAM describe tres grandes zonas en la Ciudad de México: lomas, transición y antiguo lago. No son una predicción de daños para cada edificio, sino una forma general de entender que el subsuelo capitalino cambia mucho entre regiones.
En la zona de lomas predominan rocas y suelos firmes, aunque pueden existir cavernas, rellenos y capas blandas. La transición reúne capas arenosas y limoarenosas alternadas con arcillas. En las áreas de antiguo lago hay depósitos de arcilla blanda de gran espesor, con propiedades distintas a las de un terreno firme.
La UNAM explica que la zona lacustre tiende a amplificar las ondas sísmicas y la duración del movimiento frente a las otras dos. Eso ayuda a entender por qué ciertas oscilaciones pueden sentirse con mayor intensidad o por más tiempo, pero no permite determinar sin evaluación técnica qué pasará en una vivienda específica.
La respuesta de un inmueble depende también de su diseño, materiales, cimentación, mantenimiento y modificaciones que haya recibido. Por eso, un mapa general del suelo no reemplaza una revisión estructural ni sirve para decidir por cuenta propia que un edificio es seguro o inseguro.
Una analogía útil es sacudir una charola con gelatina y otra con una tabla rígida: la misma vibración produce movimientos distintos según el material. El suelo real es mucho más complejo, pero la comparación ayuda a entender por qué el terreno puede modificar las ondas que llegan a la superficie.
¿Qué hacer con esta información? Identifica rutas de evacuación, conoce la ubicación de zonas de menor riesgo en casa y trabajo, y participa en simulacros. Sigue las indicaciones de Protección Civil y no uses la zona de suelo como motivo para ignorar una alerta o regresar a una construcción dañada.
Para conocer riesgos específicos, revisa los mapas y avisos oficiales de tu alcaldía y solicita evaluación profesional si observas daños estructurales. Las grietas superficiales no siempre tienen la misma causa; documentarlas y reportarlas resulta más útil que diagnosticar en redes con una fotografía.
La geología no determina sola el desastre: convierte una misma sacudida en experiencias diferentes, mientras que la preparación y la calidad de las construcciones influyen en las consecuencias. Saber sobre el antiguo lago explica una parte del fenómeno; la prevención empieza al traducir esa explicación en hábitos y revisiones concretas.


