Ranas de concha: los pendientes mayas que estudia el INAH
El INAH estudia 14 ranas de concha talladas por los mayas y halladas en el Tren Maya: piezas de 2 a 4 cm que hablan de lluvia, comercio y ritos funerarios.

Por Alejandra Lugo
Miden entre 2 y 4 centímetros, están talladas en concha y representan ranas y sapos. Son 14 pendientes mayas hallados en contextos funerarios durante el salvamento arqueológico de los tramos 2, 3 y 4 del Tren Maya, en Campeche y Yucatán, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó el 5 de octubre que estas ranas de concha ya se analizan para entender antiguas redes de comercio, técnicas artesanales y creencias de hace más de mil años.
La curiosidad está en la escala. Piezas que caben en la yema de un dedo pueden decir de dónde venían las materias primas, qué especies de moluscos se aprovechaban y cómo veían los mayas del periodo Clásico Tardío, entre los años 650 y 900 de nuestra era, su relación con el agua y la lluvia.
Qué son las ranas de concha del Tren Maya
Los pendientes provienen de cinco sitios arqueológicos: Sacamuy, Dzitbalché, Xiol, Kimbilá y Kanab. De acuerdo con el INAH, el material se recuperó en las labores de salvamento realizadas en julio de 2024 y hoy se resguarda en el Laboratorio de Zooarqueología del Proyecto Tren Maya, en Chetumal, Quintana Roo, donde trabaja la arqueóloga María Elodia Acevedo Chin, responsable de explicar los primeros resultados.
Todas las piezas comparten un acabado pulido y una técnica decorativa conocida como acanalado-inciso. Ninguna tiene detalle en las extremidades y todas presentan dos perforaciones cónicas cerca de la cloaca. La especialista identificó dos maneras de resolver la cabeza: en una, los ojos son desgastes circulares hechos por rotación y la boca es una línea incisa; en la otra, solo aparecen los ojos circulares.
Un detalle llama la atención: las ranas están representadas boca abajo. Los investigadores manejan la hipótesis de que esa posición remite a una imagen del folio 17 del Códice Madrid, en la que estos animales se asocian con la caída de la lluvia.
Ranas, lluvia e inframundo
La explicación del simbolismo pasa por la cosmovisión maya. Según Acevedo Chin, los anuros, como se llama al grupo de ranas y sapos, eran considerados deidades del agua y emisarios de la lluvia, además de seres vinculados con el inframundo y el renacimiento. Es un vínculo con el agua que en el mundo maya también encarna Chaac, la deidad maya de la lluvia.
“Acorde con sus características biológicas, fueron venerados y representados en ritos y ceremonias de fertilidad, sacrificios y agricultura, por ello, estos objetos no solo tenían valor estético, sino que encarnaban el vínculo sagrado entre el ser humano, la naturaleza y el mundo espiritual”, explicó la arqueóloga en el informe del instituto.
El material también tiene peso propio. La concha, por su relación con el agua, era relevante en la ideología de los pueblos antiguos, funcionaba como marcador de estatus social y tenía uso ritual. La especialista recordó que, de acuerdo con la bibliografía, en Mesoamérica las conchas y los caracoles se usaban para hacer pulseras, pectorales, brazaletes, orejeras, anillos y pendientes, e incluso instrumentos musicales.
Lo que todavía no se sabe
La investigación sigue en curso y hay preguntas sin respuesta. Por ahora se desconoce si los pendientes estaban asociados a entierros de personas adultas o de infantes, aunque se plantea que pudieron ser ofrendas en entierros infantiles, porque en la región se han encontrado objetos similares en ese tipo de contextos. El análisis también busca precisar la distribución de las materias primas y los hábitats de las especies de las que salió la concha.
La secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza, subrayó que “piezas, de apenas unos centímetros, pueden aportar información sobre las rutas de intercambio, los conocimientos técnicos y la manera en que las antiguas comunidades mayas entendían su relación con la naturaleza”. Para Acevedo Chin, el hallazgo “invita a reevaluar las redes de intercambio y la cosmovisión de las comunidades que habitaron la región” y deja abierta la puerta a nuevos análisis sobre los pendientes zoomorfos, en particular los de anuros.
Las obras del tren han dado varias sorpresas a la arqueología del sureste, como las banquetas milenarias que el INAH restauró en la ruta, y la región cuenta con espacios para acercarse a ese pasado, como el Museo Arqueológico del Puuc. En el caso de las ranas de concha, el siguiente paso será cruzar sus datos con estudios etnográficos para saber si estas figuras sobreviven en las creencias y tradiciones de los pueblos mayas de hoy.


