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Cámara de Senadores

Enrique Inzunza Cinco días sin fracción, 37 minutos con el logo de Morena atrás

Inzunza reaparece en el Senado el día previo al periodo. El fondo dice Morena. La carta del 26 dice que ya no es de la fracción. El resto es el expediente que el atril no quiere abrir.

Por Editor web Maya Comunicación · 31 de agosto de 2026 · Lectura de 4 min

Por Bruno Cortés

Enrique Inzunza Cázarez no está hoy en el Senado a votar una ley. El periodo arranca mañana. Está a defender el cuerpo. Tras cerca de 119 días sin pisar el recinto con regularidad, se planta en un atril cuyo letrero no admite duda: 5 Plenaria morena Senado. El video lo sube el canal institucional. El fondaje no es del “senador independiente”. Es del partido que el 26 de agosto dejó de tenerlo en la lista.

Esa es la primera costura. No la más grave. La más visible. Un divorcio de verdad cambia de pared. Este divorcio cambió de membrete y dejó el escenario.

La pregunta útil no es si Inzunza “sigue siendo morenista en el alma”. Eso no se audita. La pregunta es quién calculó que convenía más verlo con el 5 a la espalda que verlo contra un muro blanco. Porque el muro blanco lo deja solo con la acusación de Nueva York. El 5 lo devuelve a la foto de familia, aunque la familia ya pidió, en chats y en tribuna, que pidiera licencia.

Él dice que se fue por convicción, “para no dar elementos a la derecha”. El archivo dice otra secuencia: anunció que volvería al bloque el 1 de septiembre; la bancada no lo quiso adentro; él adelantó la carta. En política, adelantarse a la expulsión se llama dignidad. También se llama control del comunicado.

Desde ese atril prestado arma un caso a la medida. Pide que el país discuta un solo papel: la carta de Ismael “El Mayo” Zambada. Ese papel, publicado en agosto de 2024, nombra a Rubén Rocha Moya y a Héctor Melesio Cuén. No lo nombra a él. Es verdad. Y es el único punto en el que el senador elige pelear donde gana. El resto —el dicho de Fausto Corrales, el pódcast de Cuén, el pliego de Manhattan, el Acuerdo 156/2026 de la UIF— queda fuera de cuadro, como si el periodismo tuviera que aceptar la mesa que el acusado pone.

Cuando le hablan de dinero, el desliz es más seco. No dice “la UIF me bloqueó como persona políticamente expuesta”. Dice que le congelaron cuentas porque nunca ha sido empresario, que vive de salario y pensión. El Acuerdo existe. El Senado llegó a pagarle en cheque. Aquí no hay metáfora: hay un cambio de causa. De medida cautelar federal a retrato de honradez.

Cuando le hablan de trabajo, el número se mueve. El 22 de agosto eran 18 dictámenes. Hoy son 22 reformas. Nadie baja la lista al atril. El receso se vuelve taller secreto. La ausencia física se vuelve “Mier no me convocó”. Las dos cosas pueden convivir. Las dos no se cancelan.

El fuero merece oración aparte. Inzunza dice que no se esconde en él. Fue una vez a la FGR, sin abogado, sin artículo 90. Ese hecho está en el registro de mayo. Lo que también está en el registro es que no pide licencia, cobra, conserva inmunidad y mañana puede votar reformas constitucionales. Usar el fuero y negar que se usa es el mismo truco del logo: la cosa se tiene, la foto se niega.

Rocha aparece como quien no debería aparecer. Inzunza lo visitó. Lo admite. “Un consejo.” No hay minuta. Lo declara honorable y del mismo pueblo. Luego se niega a hablar de los secretarios sinaloenses que sí se entregaron en Estados Unidos. El perímetro es claro: yo me defiendo; el clan, en off. Quien necesite leer lealtad a Culiacán, ya la oyó. Quien necesite leer obediencia a Palacio, oye lo otro: votaré con Morena.

¿De qué se trata, entonces, esta conferencia? De llegar primero al periodo. De convertir 37 minutos en un antídoto contra el corte de Robles. De ofrecerle a Morena un voto sin ofrecerle el desgaste de la credencial. De achicar un caso federal y un homicidio estatal al tamaño de una misiva que, por fortuna para él, no lo apunta. De poner a Badiraguato de escudo y a Chihuahua de espejo. De hablar como inocente constitucional —eso le asiste a cualquiera— y como inocente “verdadero”, que eso solo lo dice una sentencia.

El lector no necesita gritarle narco. Necesita ver el cuadro. Un senador sin bancada, con cuentas congeladas, con acusación en Nueva York, con el gobernador de su estado en el mismo pliego, hablando bajo el logo del partido que lo empujó a la orilla para no cargar con él. Mañana hay lista de asistencia. Ahí se verá si el fondaje era solo un telón o el contrato: tú no sales en la foto de la fracción; tú sí levantas la mano.

La pregunta que se le puede hacer a cualquiera en el pasillo, sin ser juez, cabe en una línea: si ya no eres de Morena, ¿qué hacías hoy con su nombre atrás?

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