Crónica del Atrapón Chilango: Marchas en Reforma, plantones al sur y la ciudad haciendo lo que mejor sabe

Por El Zurdo Retache — Cronista del tráfico que te acompaña mientras avanzas tres metros por década

La Ciudad de México amaneció con ese murmullo que uno reconoce sin necesidad de reporte: cláxones con tono de resignación, vendedores de café haciendo el agosto y el Waze sudando frío. Desde temprano, un plantón en Avenida Revolución ya estaba calentando motores. Ahí, trabajadores del Poder Judicial decidieron acampar y recordarnos que, si alguien pelea por sus derechos, el Periférico siempre es el primero en enterarse. Nada como abrir el día oliendo a pancarta, lonas y tráfico atorado rumbo al sur.

A las 9 de la mañana, el Ángel de la Independencia amaneció más rodeado que influencer haciendo giveaway. Una multitud de colectivos se lanzó rumbo al Zócalo: Reforma, Juárez, toda esa ruta que ya se sabe de memoria esto de cerrarse por causas nobles o tragedias que se repiten con puntualidad burocrática. Hoy marchan por una policía desaparecida, un ciclista atropellado y despidos en el ISSSTE. Reforma no es avenida: es archivo histórico del dolor urbano.

Mientras tanto, allá por Abraham González, un grupo sindical decidió plantar la bandera de la reforma laboral. No avanzan ni marchan: solo están ahí, estáticos, como los coches en Insurgentes cada que llueve, tiembla o se atraviesa un microbús con sueños propios. El Eje 1 Norte ya empieza a crujir, y Chapultepec paga los platos rotos.

A las 10, Moctezuma se levantó con bloqueo premium: comerciantes exigiendo permisos. El oriente se puso espeso, el Metrobús L4 y L6 entraron en modo fantasma y quienes tenían que llegar al aeropuerto comenzaron a considerar seriamente si la teletransportación ya está disponible para el público en general.

Más tarde, estudiantes y profesores se clavaron en Izazaga, apagando por completo la circulación sobre Eje Central. Nada dice “buenos días, oficina” como ver un mar de mochilas deteniendo la urbe porque, sinceramente, la educación pública ya está cansada de ser invitada secundaria en su propia historia.

Y en Donceles, como soundtrack de fondo, colectivos feministas y de derechos humanos mantienen cierres intermitentes. Peatones, policías, oficinistas, turistas confundidos y repartidores en bici se mezclan ahí como si fuera feria medieval pero con más humo y menos dragones.

Para las 11 de la mañana, la ciudad ya había desbloqueado sus cinco jefes finales:
—Reforma cerrada por marcha.
—Izázaga semibloqueada.
—Moctezuma en paro.
—Donceles en pausa.
—Revolución en plantón.

El Metrobús, pobre, ya ni simula entusiasmo: L4 sin servicio en Eduardo Molina, L6 cojeando, y L7 prácticamente en huelga solidaria.

La zona conurbada respira tantito, pero no te confíes: el plantón en Álvaro Obregón coquetea con expandirse hacia Periférico. Y cuando Periférico se enoja, Naucalpan y Tlalnepantla lo resienten más que una pareja tóxica.

Las autoridades reparten rutas alternas como si fueran panfletos religiosos: Insurgentes, Chapultepec, Circuito, Hidalgo, Río de los Remedios, Vasco de Quiroga. Pero todos sabemos que, cuando Reforma se cierra, la ciudad entera entra en su modo favorito: “usted disculpe, joven, hoy no se llega temprano.”

Así que el consejo del día es simple:
Respira hondo, revisa @C5_CDMX, y si puedes, date chance de caminar aunque sea un tramo. La CDMX hoy no está fluyendo; está sobreviviendo.
Y tú, chilangazo de corazón, también.

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