CDMX y zona metropolitana enfrentan creciente dependencia del automóvil

La incorporación de alrededor de 120 mil vehículos cada año a la Ciudad de México y su zona metropolitana vuelve a colocar el crecimiento del parque automotor en el centro del debate sobre movilidad, particularmente ante una infraestructura vial limitada y los retos que enfrenta el transporte público. La cifra fue expuesta por Nicolás Rosales Pallares, presidente de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), en el contexto del Día Mundial Sin Auto.
De acuerdo con el especialista, unos 5.5 millones de automóviles circulan diariamente en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM). El dato no es nuevo: la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) habían documentado previamente un parque vehicular diario de esa magnitud y un crecimiento anual cercano a 4 por ciento.
El problema, de acuerdo con el planteamiento de la AMTM, no se limita al número de automóviles. Rosales Pallares señaló que el aumento sostenido de unidades se relaciona con mayores niveles de congestión, tiempos de traslado más prolongados, consumo de combustible y contaminación. También atribuyó parte de la dependencia del automóvil a deficiencias del transporte público en aspectos como calidad, seguridad, rapidez y cobertura.
La dimensión metropolitana resulta relevante porque los desplazamientos cotidianos no se limitan a los límites administrativos de la capital. La propia CAMe ha señalado que los flujos de población entre las distintas zonas de la metrópoli confluyen en las mismas vialidades, generando saturación y desplazamientos menos eficientes. La dependencia federal también ha planteado que fortalecer el transporte público metropolitano es una de las alternativas para reducir la presión sobre las vialidades y mejorar la calidad del aire.
El crecimiento vehicular también representa un desafío ambiental. La Secretaría de Medio Ambiente federal ha advertido que la dinámica de movilidad de la ZMVM tiene efectos tanto sobre la calidad del aire como sobre las condiciones en que se trasladan sus habitantes. Entre las estrategias planteadas por las autoridades se encuentran la movilidad sustentable, la electromovilidad y el desarrollo de alternativas al transporte basado en vehículos de combustión interna.
En este escenario, el reto para las autoridades no consiste únicamente en ampliar vialidades o controlar el tránsito, sino en generar alternativas que hagan competitivo al transporte público frente al automóvil particular. La normativa capitalina establece que la planeación de corredores y servicios zonales debe considerar el Programa Integral de Movilidad, así como estudios de oferta y demanda antes de su implementación.
La Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México también mantiene programas para renovar unidades del transporte público. En su informe 2024-2025 reportó acciones de sustitución de taxis y apoyos para la adquisición de vehículos híbridos y eléctricos, como parte de las medidas dirigidas a modernizar el transporte público individual.
El desafío, sin embargo, es de escala metropolitana. Si cada año se suman nuevas unidades mientras persisten recorridos largos, saturación vial y diferencias en cobertura y calidad del transporte colectivo, el crecimiento del parque automotor puede seguir trasladando sus costos al tiempo de viaje, al consumo energético y al ambiente. La propia CAMe ha advertido que una planeación urbana y territorial insuficiente puede contribuir a la saturación de las vías de comunicación.
Así, la cifra de 120 mil vehículos adicionales por año funciona como un indicador de la presión que enfrenta la movilidad en la capital y los municipios conurbados. Más que un dato aislado, plantea la necesidad de evaluar si la expansión de las opciones de transporte público, la movilidad activa y las alternativas de bajas emisiones avanzan a un ritmo suficiente para atender una metrópoli donde millones de personas se desplazan diariamente.


