El gobierno de Donald Trump lanza una ofensiva judicial contra figuras clave del sexenio pasado, tensando la liga diplomática y sacudiendo el tablero político nacional.
Por Bruno Cortés
Vaya sacudida la que se vive en los pasillos del poder y en las mesas de café de la capital. La noticia cayó como balde de agua fría: la administración de Donald Trump ha decidido ponerle cascabel al gato y apuntar sus baterías directamente contra el círculo más íntimo de la gestión que recién entregó la estafeta. No se trata de cualquier pleito de vecindad, sino de un expediente de «narcopolítica» que trae de cabeza a los estrategas de la continuidad, pues los nombres en la lista no son piezas menores en el ajedrez nacional.
La situación se puso color de hormiga cuando trascendió que personajes de la talla de Jesús Ramírez, vocero del movimiento, y el propio «Andy» López Beltrán, están bajo la lupa de las agencias estadounidenses. La narrativa oficial de «soberanía nacional», que ha sido el escudo y la bandera de este proyecto, hoy choca de frente contra una realidad jurídica que viene del otro lado del Bravo. En la capital, el ambiente se siente pesado, como si estuviéramos esperando que soltara el aguacero en plena contingencia ambiental.
El meollo del asunto no es solo la acusación, sino quiénes son los señalados. Estamos hablando del «Guardián de la Narrativa» y del «Heredero Operativo». Si a esto le sumamos que el nombre de Audomaro Martínez, el hombre de las mil orejas en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), también aparece en los papeles, el panorama se vuelve un auténtico rompecabezas para la diplomacia mexicana. Es un ataque quirúrgico a los tres pilares que sostienen la estructura: propaganda, familia y vigilancia.
Desde Washington, el discurso no anda con rodeos. Para la administración Trump, el expediente de la «narcopolítica» es una prioridad de seguridad nacional, mientras que en la Ciudad de México se percibe como una injerencia que busca doblarle las manos al gobierno en turno. La moneda está en el aire y el choque de trenes parece inevitable, dejando a la opinión pública con el Jesús en la boca ante lo que podría ser una crisis de proporciones mayúsculas para el T-MEC.
En las redes sociales y los corrillos políticos, la «tribu» ya se dividió. Por un lado, la base más fiel cierra filas y tacha de «golpismo» cualquier señalamiento que venga de la DEA o el Departamento de Justicia. Por el otro, la oposición ya afiló los dientes y se relame los bigotes esperando que estas investigaciones desemboquen en órdenes de aprehensión o, de plano, en solicitudes de extradición que pondrían a temblar a más de uno en las oficinas de la colonia Roma.
Es de llamar la atención el silencio sepulcral que guardan algunas cuentas oficiales que suelen ser muy «picudas» para responder. Ese silencio dice más que mil comunicados; es el ruido de los motores ajustándose ante una tormenta que ya no se puede ignorar. Los analistas del «Círculo Rojo» ya están sacando el ábaco para ver si esto es una moneda de cambio para las negociaciones comerciales o si, de veras, los gringos vienen por todas las canicas.
Para el ciudadano de a pie, el que se sube al Metro y lee la prensa mientras llega a la chamba, la pregunta es simple: ¿qué tanto de esto es política y qué tanto es justicia? Lo cierto es que el expediente tiene datos que no se pueden borrar con un simple «yo tengo otros datos». La filtración de estos objetivos estratégicos sugiere que la inteligencia de Estados Unidos tiene la intención de desmantelar la estructura moral que sostiene al movimiento desde sus cimientos.
Ante este escenario, se recomienda a la población estar atenta a los indicadores económicos, ya que este tipo de noticias suelen poner nervioso al peso frente al dólar. No es cosa de juego; una crisis diplomática de esta magnitud impacta directamente en el bolsillo de la gente, desde el precio del aguacate hasta las tasas de interés. La incertidumbre es, ahora mismo, el único inquilino que no paga renta en las oficinas gubernamentales.
Cerramos esta edición con la mirada puesta en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Se espera que en las próximas horas se emita una postura oficial que trate de calmar las aguas o, por el contrario, que suba el tono de la defensa soberana. Por lo pronto, el círculo íntimo está bajo fuego directo y la estrategia de herencia política se enfrenta a su prueba de fuego más amarga ante los tribunales del norte.
