Fiebre mundialista toma Bellas Artes con intercambio de estampas

Fotos y texto Bruno Cortés
A unos días del arranque de la justa mundialista, la fiebre por completar el álbum del Mundial ya tomó uno de los puntos más emblemáticos de la Ciudad de México: la explanada del Palacio de Bellas Artes, donde cientos de aficionados se dan cita para comprar, vender e intercambiar estampas.
Entre carpetas abiertas, sobres vacíos, listas marcadas y montones de repetidas, familias, jóvenes, coleccionistas y vendedores improvisados convierten el corazón cultural de la capital en un mercado futbolero al aire libre.
Las imágenes muestran a grupos sentados en el piso, revisando con paciencia cada cromo, comparando números y buscando esa estampa que falta para llenar una selección, cerrar una página o presumir el avance del álbum.

Como ocurre cada cuatro años, las figuras internacionales son las piezas más codiciadas. Entre las más buscadas aparecen Lionel Messi y Kylian Mbappé, dos nombres que cargan con buena parte del atractivo del torneo: uno como leyenda viva del futbol y otro como símbolo de la nueva generación.
El intercambio también revela una economía paralela que crece alrededor del Mundial. Mientras algunos aficionados mantienen la regla clásica de cambiar una estampa por otra, otros compran piezas específicas para evitar la incertidumbre de los sobres.
Afuera de Bellas Artes se observan vendedores con cajas, paquetes y colecciones organizadas, señal de que el álbum dejó de ser sólo un pasatiempo infantil para convertirse en una actividad familiar, comercial y nostálgica.
La escena tiene algo de ritual urbano. Padres, hijos, estudiantes y oficinistas se reúnen alrededor de carpetas como si fueran mesas de negociación. Nadie llega solo a pegar estampas: se llega a buscar, regatear, comparar y compartir historias mundialistas.

En una ciudad donde el futbol se vive en mercados, bares, oficinas, escuelas y transporte público, el álbum funciona como una cuenta regresiva emocional. Cada estampa pegada acerca un poco más el inicio del torneo.
Así, frente al Palacio de Bellas Artes, entre turistas, paraguas, mochilas y vendedores, la Ciudad de México demuestra que el Mundial no empieza con el silbatazo inicial: empieza cuando alguien pregunta, con la lista en la mano, “¿tienes a Messi?” o “¿te sobra Mbappé?”.

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