Aguascalientes — La salud pública, ese derecho constitucional que debería estar blindado contra intereses comerciales, hoy se tambalea entre lonas, paneles prefabricados y promesas huecas. En una maniobra que recuerda más a un montaje de festival que a una política seria de salud, la empresa CREAMEDIC —vinculada a Grupo CIE, conocido por organizar conciertos y eventos masivos— intenta introducir una clínica de hemodiálisis móvil en Aguascalientes, con intenciones de replicarse en otros estados. Suena como una solución moderna… hasta que se leen las letras chiquitas.
La historia comienza en junio de 2024, cuando funcionarios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) recibieron con alfombra roja el proyecto de CREAMEDIC. La empresa prometía «ahorros» al operar estructuras móviles como las que usaron durante la pandemia para atender a pacientes con COVID-19. Aquellas instalaciones fueron criticadas por su pobre calidad y costos inflados, pero eso no impidió que la empresa recibiera más de 1,682 millones de pesos por adjudicación directa. ¿Aprendimos algo? Al parecer, no.
El modelo actual de hemodiálisis en el IMSS opera bajo esquemas que garantizan calidad: clínicas propias con insumos de terceros o clínicas subrogadas que cumplen requisitos sanitarios, técnicos y humanos. CREAMEDIC propone otra cosa: una clínica prefabricada, montable, de duración efímera (seis años) y sin certificación sanitaria ni de COFEPRIS ni del Consejo de Salubridad General. Una “clínica” que, dicho sea de paso, intentaría operar 94 máquinas de diálisis, una cifra sin precedentes en modelos móviles a nivel mundial. ¿Locura? ¿Avaricia? ¿Ambas?
Para justificar su plan, inflaron los costos de la atención subrogada, pasando de los reales $1,980 por sesión a un ficticio de $2,806. Con esa distorsión, lograron proyectar un supuesto “ahorro” del 7%. Lo que no dicen es que, con cifras reales, el modelo no sólo no ahorra, sino que despilfarra recursos públicos en instalaciones endebles y peligrosas. Cualquier parecido con una estafa estructurada con Excel, no es coincidencia.
El tema del personal es igual de alarmante. CREAMEDIC propone que el IMSS ponga médicos y enfermeras para operar sus instalaciones. Pero formar una enfermera en hemodiálisis lleva entre tres y seis meses de entrenamiento intensivo. Aquí no hay tiempo, ni plazas nuevas, ni un plan real. Lo que sí hay son riesgos: infecciones, sepsis, hemorragias y hasta muerte. Lo advierten estudios del CDC, del DOPPS y de instituciones mexicanas. No es alarmismo. Es estadística.
¿A quién se le ocurre poner en manos inexpertas una terapia que puede matar si se aplica mal? A quien prioriza contratos antes que vidas. Porque no sólo es Aguascalientes. Fuentes cercanas revelan que el modelo busca expandirse a Jalisco, Veracruz, Tlaxcala y Michoacán, con contratos plurianuales que huelen más a negocio asegurado que a atención médica efectiva. Es la vieja estrategia: negocio disfrazado de innovación, envoltorio moderno para una práctica peligrosa.
CREAMEDIC no es una empresa médica. Es una extensión de un grupo dedicado a escenarios, luces y logística para espectáculos. Y ahora pretende escenificar la salud pública como si fuera una gira de conciertos. No hay experiencia, no hay infraestructura, no hay sustento técnico ni evidencia internacional que respalde este tipo de clínicas en la escala propuesta. Lo que sí hay es una maquinaria de relaciones, discursos tecnocráticos y cifras maquilladas.
Frente a esto, el IMSS debe decidir: ¿protegerá la salud de sus derechohabientes o seguirá firmando cheques para estructuras de cartón? La salud no es un negocio ambulante. Y si el sistema de salud se vuelve una carpa itinerante, lo que está en juego no es solo el dinero público, sino la vida de miles de pacientes con enfermedades renales. Porque cuando la salud se convierte en espectáculo, el telón no cae: se desploma.

