Por Juan Pablo Ojeda
En un giro que mantiene en vilo la relación comercial entre México y Estados Unidos, el presidente estadounidense Donald Trump anunció este 26 de febrero de 2025 desde la Casa Blanca que no detendrá la imposición de aranceles a productos mexicanos, a pesar de la pausa temporal acordada con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo. Tras una negociación llevada a cabo el pasado 4 de febrero, ambos mandatarios habían establecido un respiro en la escalada de tensiones comerciales, pero Trump dejó claro que este alivio tiene fecha de caducidad: los aranceles entrarán en vigor el próximo 2 de abril.
“Los aranceles continúan, no todos, pero muchos de ellos”, afirmó el magnate neoyorquino durante una conferencia de prensa, subrayando que la medida busca proteger la economía estadounidense. Hace unas semanas, Trump había explicado que la elección del 2 de abril como fecha de inicio responde a una estrategia para evitar confusiones con el Día de los Inocentes (April Fools Day), celebrado el 1 de abril en Estados Unidos, lo que podría haber restado seriedad al anuncio.
El impacto de esta decisión no se limitará a México. En el mismo evento, el presidente adelantó que planea imponer aranceles del 25% a productos provenientes de la Unión Europea, enfocándose particularmente en autos y “otras cosas”. Aunque no ofreció detalles específicos, prometió que pronto se revelarán más pormenores de esta nueva ofensiva comercial, lo que sugiere que la política proteccionista de Trump está lejos de agotarse.
La declaración llega en un momento sensible para la economía mexicana, que depende en gran medida de las exportaciones hacia su vecino del norte. La reanudación de los aranceles podría afectar sectores clave como la agricultura, la manufactura y la industria automotriz, que ya han resentido las tensiones comerciales en años recientes. Por su parte, el gobierno de Sheinbaum enfrenta el desafío de responder a esta medida sin desencadenar una guerra comercial que perjudique aún más a ambos países.
La negociación del 4 de febrero había sido vista como un intento de distensión tras meses de amenazas arancelarias por parte de Trump, quien durante su campaña y mandato ha insistido en castigar lo que considera prácticas comerciales desleales. Sin embargo, el anuncio de hoy demuestra que el acuerdo con Sheinbaum fue solo una pausa táctica, no una solución definitiva.
Con el 2 de abril en el horizonte, los ojos están puestos en la respuesta de México y la Unión Europea, cuyos líderes deberán calibrar entre la diplomacia y la retaliación. En un mundo interconectado, las decisiones de Trump podrían tener repercusiones que trasciendan las fronteras norteamericanas, afectando el delicado equilibrio del comercio global.