El megaproyecto del Tren Maya, impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, enfrenta críticas renovadas tras el reconocimiento de daños ecológicos por parte de la actual secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena. Durante una conferencia de prensa, Bárcena admitió que la construcción del Tren Maya ha generado impactos significativos en la flora, fauna y ecosistemas de la Península de Yucatán, y subrayó la necesidad de una restauración integral en los tramos 1 al 7.
Entre las medidas propuestas, Bárcena destacó la eliminación de mallas que bloquean el paso de fauna, la prohibición de caminos secundarios en la selva y la protección de sistemas de cavernas y cenotes. Además, planteó un plan de reforestación liderado por comunidades locales, como los productores de árbol de chicle, para garantizar resultados sostenibles. «El problema con algunas empresas es que plantan árboles que se mueren al día siguiente», señaló la funcionaria.
Marina Robles, subsecretaria de Biodiversidad y Restauración Ambiental, enfatizó que los daños deben ser asumidos por las empresas responsables de la construcción, como el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) y la Secretaría de la Defensa Nacional. También se analiza la posibilidad de establecer un decreto para conservar la zona bajo una figura similar a la Reserva de la Biósfera.
El impacto ambiental del Tren Maya ha sido objeto de denuncias desde su inicio. Organizaciones como Greenpeace han alertado sobre la deforestación masiva, la fragmentación de hábitats y los riesgos para especies como el jaguar. Además, estudios recientes revelan que la obra ha afectado sistemas de agua dulce y provocado colapsos en suelos kársticos.
A pesar de las críticas, López Obrador defendió el proyecto como un motor para el turismo y el desarrollo económico en el sureste mexicano. Sin embargo, su negativa a dialogar con ambientalistas y abordar los daños generados ha dejado un legado de controversia.
La restauración integral propuesta por Bárcena representa un paso hacia la mitigación de los daños, pero también plantea interrogantes sobre la viabilidad de reparar los ecosistemas afectados y garantizar la sostenibilidad del proyecto. El Tren Maya, que prometía ser un símbolo de progreso, ahora enfrenta el desafío de reconciliar desarrollo con conservación ambiental.