En 2025 las remesas casi triplicaron las exportaciones petroleras mexicanas.
Por Bruno Cortés
México atraviesa una transformación silenciosa en la composición de sus ingresos en divisas: el dinero enviado por millones de mexicanos que trabajan en el extranjero ya supera ampliamente lo que el país obtiene por exportaciones petroleras, una actividad que durante décadas fue considerada la columna vertebral de las finanzas nacionales.
Datos del Banco de México (Banxico) muestran que durante 2025 el país captó 61 mil 791 millones de dólares en remesas, mientras que las exportaciones petroleras apenas alcanzaron 21 mil 246 millones de dólares, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
La diferencia fue de más de 40 mil millones de dólares. En términos prácticos, México recibió casi tres dólares provenientes del trabajo de migrantes mexicanos por cada dólar generado por la venta de petróleo al exterior.
El fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más pronunciado. En 2024 las remesas ya habían alcanzado un récord histórico de 64 mil 746 millones de dólares, mientras que las exportaciones petroleras se ubicaron en 28 mil 860 millones. En apenas un año, la brecha entre ambos indicadores se amplió todavía más debido a la caída de los ingresos petroleros.
Especialistas atribuyen este comportamiento a varios factores. Por un lado, la producción petrolera mexicana mantiene una tendencia descendente desde hace más de una década, acompañada por menores volúmenes de exportación y fluctuaciones internacionales en los precios del crudo. Por otro, la comunidad mexicana radicada principalmente en Estados Unidos continúa enviando cantidades históricas de dinero a sus familias.
El contraste refleja también un cambio estructural en la economía mexicana. Durante buena parte del siglo XX, el petróleo representó uno de los pilares financieros del Estado mexicano. Hoy, el ingreso de dólares depende en mayor medida de millones de trabajadores migrantes que sostienen economías familiares completas en estados como Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Oaxaca y Puebla.
Banxico reportó además que durante el primer trimestre de 2026 ingresaron al país 14 mil 457 millones de dólares en remesas. Al mismo tiempo, las exportaciones petroleras continuaron mostrando debilidad y representaron apenas 2.5 por ciento del total de exportaciones mexicanas.
Analistas financieros señalan que las remesas funcionan actualmente como un amortiguador económico nacional. En numerosos municipios del país representan la principal fuente de circulante, consumo y construcción de vivienda, particularmente en regiones rurales y semiurbanas.
Sin embargo, el crecimiento de las remesas también abre un debate político y económico sobre la dependencia de México respecto al trabajo migrante. Aunque estos recursos fortalecen el consumo interno y ayudan a millones de familias, también evidencian la falta de oportunidades laborales y salariales suficientes dentro del país.
La paradoja mexicana es cada vez más visible: mientras la industria petrolera pierde peso como motor económico, el trabajo de los mexicanos en el extranjero se consolida como una de las principales fuentes de dólares para la economía nacional.

