La proteína que podría cambiar la lucha contra el cáncer de páncreas

El cáncer de páncreas sigue siendo uno de los tumores más agresivos y difíciles de tratar en el mundo. Su peligrosidad no solo se debe a que suele detectarse en etapas avanzadas, sino también a que el propio tumor crea un entorno capaz de bloquear las defensas naturales del organismo, impidiendo que el sistema inmune lo ataque de manera efectiva.

Ahora, una investigación desarrollada por científicos de España y Argentina abre una nueva posibilidad terapéutica. El estudio descubrió que al bloquear una proteína específica llamada PARP2 dentro de las células tumorales se puede debilitar al cáncer desde su núcleo y, al mismo tiempo, reactivar las defensas del cuerpo para combatirlo.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Science Advances y estuvieron liderados por Pilar Navarro y José Yélamos, del Instituto de Investigación del Hospital del Mar. En el trabajo también participó el científico argentino Gabriel Rabinovich, integrante del Instituto de Biología y Medicina Experimental, del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires.

La investigación se enfocó en comprender el papel de PARP2, una proteína vinculada con la reparación del ADN. Hasta ahora, los tratamientos conocidos como inhibidores de PARP ya se utilizan en ciertos tipos de cáncer, pero en el caso del cáncer de páncreas solo han mostrado resultados positivos en un grupo reducido de pacientes con mutaciones genéticas específicas en BRCA1 o BRCA2.

Además, los medicamentos disponibles actualmente no diferencian entre dos proteínas similares: PARP1 y PARP2. Estudios previos habían demostrado que eliminar PARP1 no modificaba la progresión del cáncer pancreático ni mejoraba la supervivencia. Por eso, los investigadores decidieron analizar si PARP2 cumplía una función distinta.

Para hacerlo, trabajaron con modelos animales de cáncer de páncreas. Utilizaron ratones con distintos oncogenes activados, entre ellos KrasG12D, una de las mutaciones más frecuentes en humanos con este tipo de tumor. Los científicos eliminaron genéticamente la proteína PARP2 y observaron cómo respondía el organismo.

Los resultados fueron contundentes. Los ratones sin PARP2 vivieron alrededor de un 43% más que aquellos que conservaron la proteína. Además, el 75% de los animales tratados superó los seis meses de vida, frente al 14% del grupo de control.

El hallazgo más importante fue entender por qué ocurría esa mejora. Sin PARP2, las células tumorales comenzaron a acumular daños y errores en su ADN. Los cromosomas, encargados de almacenar la información genética, quedaron desorganizados y vulnerables. Ese caos genético activó una señal interna llamada STING, una especie de alarma biológica que avisa al sistema inmune sobre la presencia de células dañadas.

Como consecuencia, aumentó la actividad de los linfocitos T citotóxicos y de las células NK, conocidas por su capacidad para destruir células tumorales. Al mismo tiempo, disminuyeron las células que normalmente ayudan al tumor a esconderse del sistema inmune, como los macrófagos M2 y las células T reguladoras.

La doctora Neus Martínez-Bosch explicó que los resultados permitieron detectar también algunos de los mecanismos de resistencia que el tumor desarrolla con el tiempo, como la pérdida del gen supresor tumoral p53. Según la investigadora, este hallazgo podría ayudar a diseñar terapias futuras más eficaces y duraderas.

El estudio también plantea que desarrollar inhibidores específicos de PARP2 podría ofrecer ventajas importantes frente a los tratamientos actuales. Al actuar de forma más dirigida sobre el tumor, podrían reducir efectos secundarios y ampliar el beneficio a pacientes que hoy no responden a la inmunoterapia.

Los investigadores consideran que PARP2 parece tener un papel clave en tumores pancreáticos sometidos a alto estrés replicativo, incluso en personas que no presentan mutaciones en BRCA1 o BRCA2. Esto abre la posibilidad de extender el alcance de futuras terapias a un número mucho mayor de pacientes.

Sin embargo, los científicos fueron cautelosos al interpretar los resultados. El trabajo se realizó exclusivamente en modelos animales y todavía no existen inhibidores selectivos de PARP2 probados en seres humanos. Por ahora, ningún fármaco de este tipo está en evaluación clínica.

Aun así, el descubrimiento representa un avance relevante en uno de los cánceres más difíciles de combatir. El cáncer de páncreas es actualmente la tercera causa de muerte por cáncer en el mundo y mantiene tasas de supervivencia muy bajas debido a su agresividad y resistencia a los tratamientos.

La posibilidad de debilitar al tumor mientras se reactiva el sistema inmune ofrece una nueva línea de investigación que podría transformar el tratamiento de esta enfermedad en los próximos años. Aunque todavía faltan estudios clínicos para confirmar su eficacia y seguridad en personas, los resultados obtenidos muestran un camino prometedor para enfrentar uno de los mayores desafíos de la oncología moderna.

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