Más del 90% del riesgo de desarrollar cáncer está relacionado con factores externos como la alimentación, el entorno y el estilo de vida. Así lo explicó el médico e investigador William Li, quien destacó que, aunque el cuerpo humano genera diariamente miles de células potencialmente cancerosas, el sistema inmunitario suele eliminarlas de forma eficaz cuando se mantiene en buen estado.
Durante su participación en el podcast ZOE Podcast, el especialista subrayó que la aparición de estas células es un proceso natural. Sin embargo, el problema surge cuando los mecanismos de defensa del organismo se debilitan por factores como una dieta inadecuada, la inflamación crónica o la exposición a sustancias tóxicas. En este contexto, la alimentación cobra un papel central como herramienta preventiva.
Entre los alimentos con mayor respaldo científico, Li destacó la soja, rica en fibra y en compuestos llamados isoflavonas, como la genisteína. Estas sustancias actúan como fitoestrógenos y pueden bloquear los efectos del estrógeno humano en ciertos tejidos, lo que resulta relevante en enfermedades como el cáncer de mama. De acuerdo con estudios citados por el especialista, el consumo regular de soja se asocia con una reducción significativa en el riesgo de muerte y recurrencia en pacientes con este tipo de cáncer.
El tomate también ocupa un lugar destacado en la lista, principalmente por su contenido de licopeno, un carotenoide con propiedades antioxidantes. Este compuesto no solo ayuda a combatir la inflamación, sino que también puede interferir en el suministro de sangre a los tumores. Investigaciones de largo plazo han mostrado que el consumo frecuente de tomates cocidos se vincula con un menor riesgo de desarrollar cáncer de próstata, especialmente cuando se combinan con grasas saludables como el aceite de oliva, que favorecen la absorción del licopeno.
Las manzanas, por su parte, aportan polifenoles como el ácido clorogénico, con efectos antiinflamatorios. Estos compuestos, junto con su alto contenido de fibra, contribuyen a nutrir la microbiota intestinal, un elemento clave en la regulación del sistema inmunológico. Una microbiota equilibrada favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta, que ayudan a reducir la inflamación, uno de los principales factores asociados al desarrollo del cáncer.
En la misma línea, los frutos rojos como frambuesas, fresas y arándanos destacan por su riqueza en antocianinas, pigmentos responsables de su color intenso. Estas sustancias tienen propiedades antioxidantes, favorecen la salud vascular y pueden dificultar el crecimiento tumoral al limitar su irrigación sanguínea. Además, su alto contenido de fibra los convierte en aliados importantes para la salud intestinal.
El especialista también puso énfasis en bebidas como el café y el té, especialmente el matcha. Ambas contienen polifenoles beneficiosos: el té aporta catequinas, que fortalecen el sistema inmune y pueden inhibir el desarrollo tumoral, mientras que el café contiene ácido clorogénico, también presente en las manzanas, con efectos antiinflamatorios. En el caso del matcha, su consumo implica ingerir la hoja completa del té, lo que potencia sus beneficios sobre la microbiota.
Más allá de los alimentos específicos, Li insistió en la importancia de evitar factores de riesgo ampliamente conocidos. El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y la ingesta frecuente de productos ultraprocesados o carnes procesadas están estrechamente vinculados con un mayor riesgo de cáncer. Estos productos suelen contener aditivos, conservantes y compuestos que favorecen la inflamación persistente en el organismo.
Otro elemento que genera creciente preocupación es la exposición a microplásticos, presentes en envases y botellas. Aunque aún se estudian sus efectos a largo plazo, el especialista advierte que su acumulación en el cuerpo no puede considerarse inocua y recomienda reducir su uso siempre que sea posible.
En conjunto, la evidencia apunta a que adoptar patrones alimentarios como la dieta mediterránea o asiática, ricos en vegetales, fibra y compuestos antioxidantes, puede fortalecer las defensas del organismo y reducir significativamente el riesgo de desarrollar cáncer. Más que una solución única, la prevención se construye a partir de decisiones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, pueden marcar una diferencia profunda en la salud.

