¿Kukulkán bajó del cielo para patrocinar retiros en TikTok?

Cada vez que se acerca el equinoccio, las redes sociales se inundan de un fenómeno que ya es tradición nacional: el peregrinaje de miles de personas a Chichén Itzá. Pero este año, el debate en X (antes Twitter) y TikTok no es sobre la precisión astronómica de los mayas, sino sobre cómo la majestuosa Serpiente Emplumada se ha convertido en el telón de fondo favorito para influencers que cobran miles de pesos por «descargar códigos estelares» mientras toman matcha helado.

El descenso de Kukulkán por la escalinata de El Castillo es, sin duda, una de las maravillas matemáticas y arquitectónicas más impresionantes de la humanidad. Es el momento exacto en que la luz y la sombra juegan a crear vida sobre la piedra, marcando el inicio de las siembras. Sin embargo, el contraste hoy es brutal: del lado derecho tienes la herencia de una civilización brillante, y del otro, una selva de aros de luz, palos selfie y gente gritándole a la pirámide para limpiar sus chakras.

La controversia sutil que nadie quiere tocar en los folletos turísticos es la profunda gentrificación de la espiritualidad maya. Las comunidades locales, las verdaderas herederas de este conocimiento, observan desde los márgenes cómo visitantes foráneos mercantilizan a sus deidades. Mientras un gurú de internet hace su agosto vendiendo cuarzos «cargados con la energía de Kukulkán», los guardianes originales del sitio batallan para que se respete la zona arqueológica y no la conviertan en un parque de diversiones esotérico.

Lo que los libros de historia de primaria no siempre te cuentan es que Kukulkán no era exactamente una deidad de «solo buenas vibras». Era una entidad complejísima que regía el viento, el agua, pero que también exigía sacrificios y estaba profundamente ligada a la guerra y la creación del universo a través del caos. Quitarle su dualidad y su fiereza para empaquetarlo en un video de quince segundos con música zen es, por decirlo suave, una falta de respeto a la cosmovisión mesoamericana.

Además, el fenómeno ha desatado quejas por parte de conservacionistas y antropólogos. La masificación del equinoccio pone una presión insostenible sobre la estructura de la ciudad milenaria. Cada flash, cada invasión a las áreas restringidas (porque nunca falta el que se quiere saltar la cuerda para el TikTok perfecto) desgasta un patrimonio que deberíamos estar protegiendo con uñas y dientes, no exprimiéndolo para ganar un par de likes.

Al final del día, el mito de la Serpiente Emplumada sigue vivo, pero ha mutado. Sigue bajando a la tierra, pero ahora queda atrapada en las pantallas de nuestros celulares. La próxima vez que veas el fenómeno, ya sea en vivo o en un reel viral, te invito a mirar más allá del filtro estético. Hay que respetar la piedra, admirar la ciencia milenaria y, por amor a los dioses, dejar el ego en la entrada del parador turístico.

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