El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que realizan las mujeres representa entre el 18% y el 23% del Producto Interno Bruto (PIB) de México, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Sin embargo, este esfuerzo sigue sin reconocimiento ni retribución económica.
Durante la conferencia Autonomía Económica para Mujeres, organizada por la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTEI), su titular, Pablo Yanes Rizo, destacó la urgencia de desfeminizar, desfamilializar y desmercantilizar el sistema de cuidados y el trabajo doméstico. «Sin autonomía económica, es difícil que las mujeres construyan un proyecto de vida independiente y tengan la capacidad de rechazar diversas formas de violencia», afirmó.
Yanes Rizo subrayó que cerrar las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres es una tarea fundamental y que la autonomía económica es el primer paso. Para ello, es necesario un cambio cultural y político profundo. Además, señaló que políticas como la renta básica universal pueden contribuir a la conciliación entre la vida personal, familiar y laboral, favoreciendo la equidad de género.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, Yanes Rizo enfatizó que, aunque ha habido avances en autonomía física y política, estos son insuficientes. La brecha salarial, la concentración de las mujeres en trabajos de cuidado y de tiempo parcial interrumpen sus trayectorias laborales y limitan su acceso a mejores puestos y salarios. La disparidad también se refleja en la jerarquía laboral: los hombres ocupan la mayoría de los cargos mejor remunerados y dominan los consejos de administración de grandes empresas.
Las mujeres rurales enfrentan aún más desafíos, pues tienen dificultades para acceder a la propiedad de la tierra y al crédito, lo que limita sus oportunidades económicas. La mayoría de las mujeres en el mercado laboral trabajan en condiciones precarias y con salarios bajos o nulos.
Según Yanes Rizo, la autonomía económica de las mujeres requiere ingresos propios suficientes para garantizar independencia. De lo contrario, se perpetúa la subordinación y la dependencia, facilitando la violencia y la desigualdad social. En este sentido, es fundamental diseñar políticas públicas de gran alcance, modificar las jornadas laborales y establecer un sistema público de cuidados que alivie la «pobreza de tiempo» de las mujeres.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha impulsado iniciativas en esta dirección, como la creación de lavanderías en las Utopías, donde los hombres reciben descuentos al llevar la ropa, incentivando su participación en las tareas domésticas. Estas medidas buscan redistribuir la carga de los cuidados y fomentar una sociedad más equitativa.