En los últimos días, una ola de imágenes generadas por inteligencia artificial (IA) imitando el estilo de Studio Ghibli ha inundado las redes sociales. Desde políticos como Delfina Gómez, Xóchitl Gálvez y Mauricio Kuri hasta instituciones como la Casa Blanca y las Fuerzas de Defensa de Israel, muchos han recurrido a esta herramienta para crear ilustraciones llamativas. Sin embargo, detrás de esta moda se esconden graves problemas: un elevado costo ambiental y un profundo descontento en la comunidad artística.
El impacto ecológico de generar imágenes con IA
Cada vez que un usuario crea una imagen mediante inteligencia artificial, no solo consume energía eléctrica, sino también un recurso cada vez más escaso: el agua. Según un estudio de la Universidad Carnegie Mellon, generar una sola imagen con IA puede requerir entre 0.018 y 3.45 litros de agua, dependiendo del modelo y la infraestructura utilizada.
El consumo se debe a que los servidores que ejecutan estos sistemas generan un calor intenso y necesitan ser enfriados, ya sea mediante sistemas de refrigeración por agua o aire acondicionado. Investigaciones de la Universidad de California revelaron que una sola consulta a ChatGPT consume alrededor de 500 mililitros de agua, y aunque una imagen no es lo mismo que una respuesta de texto, el gasto acumulado es preocupante.
Si millones de usuarios generan imágenes diariamente, el impacto ambiental se multiplica. En un mundo donde la crisis climática y la escasez de agua son problemas urgentes, el uso indiscriminado de estas herramientas plantea serias dudas sobre su sostenibilidad.
Más allá del costo ecológico, la generación de imágenes al estilo Ghibli ha despertado indignación entre los artistas. Studio Ghibli, fundado por Hayao Miyazaki, es reconocido por su animación hecha a mano y su profunda sensibilidad artística. El propio Miyazaki ha calificado la animación generada por IA como «un insulto a la vida misma», rechazando su uso en el arte.
En 2023, más de 11 mil artistas firmaron una carta abierta contra el entrenamiento de IA con sus obras sin permiso. Muchos consideran que estas herramientas roban estilos y técnicas desarrolladas durante años, sin compensar a los creadores originales. Empresas como OpenAI, creadora de DALL-E y ChatGPT, han sido demandadas por medios y artistas por violaciones a los derechos de autor.
La polémica creció cuando la Casa Blanca y las Fuerzas de Defensa de Israel publicaron imágenes generadas por IA con estética Ghibli. La primera mostraba a una migrante siendo arrestada, un tema delicado que muchos consideraron inapropiado para un estilo asociado a la ternura y la fantasía.
Por su parte, Israel utilizó este recurso para fines propagandísticos, algo que contrasta con el mensaje antibélico y antiimperialista de las películas de Miyazaki. Artistas como Karla Ortiz y periodistas como Séamus Malekafzali criticaron estas publicaciones, señalando que trivializan problemas graves y distorsionan el legado de Ghibli.
https://twitter.com/IDF/status/1906379841500254515
Aunque OpenAI defiende que su objetivo es «dar libertad creativa», el debate sigue abierto. ¿Deben regularse estas herramientas para reducir su impacto ambiental? ¿Cómo proteger a los artistas cuyos estilos son replicados sin su consentimiento? Mientras tanto, la moda de las imágenes IA estilo Ghibli sigue creciendo, pero no sin dejar una huella ecológica y ética que no puede ignorarse.