Rentas, permisos, impuestos, salarios e insumos presionan el bolsillo de los emprendedores mexicanos hasta niveles récord.
Para cualquier persona que quiera poner un negocio en la Ciudad de México, el primer golpe llega antes de vender el primer producto: el costo de apertura formal puede alcanzar decenas de miles de pesos. Esta cifra incluye desde permisos y derechos hasta el tiempo invertido en cumplir una larga lista de requisitos que, de acuerdo con organizaciones comerciales del país, representan una pérdida considerable de recursos por ineficiencia administrativa.
El escenario se complica con el alza en las rentas comerciales. Los incrementos en el impuesto predial derivados de actualizaciones en valores catastrales comienzan a trasladarse de forma silenciosa a los contratos de arrendamiento, con aumentos de hasta 30 por ciento en zonas como Monterrey y la propia capital del país. La alcaldía Cuauhtémoc, una de las más demandadas, registra precios de renta superiores a los 400 pesos por metro cuadrado, mientras que otras demarcaciones presentan tarifas que pueden duplicar esa cantidad.
A la presión del alquiler se suma la inflación en los insumos. Productos básicos como el tomate verde y el limón han registrado aumentos de dos dígitos en lo que va del año, impactando directamente en sectores como la restauración y el comercio de alimentos. Para una pequeña fonda o una tienda de abarrotes, esos incrementos significan decidir entre absorberlos o trasladarlos al cliente final.
La carga fiscal tampoco da tregua. Quienes deciden formalizar su negocio deben registrarse ante el Servicio de Administración Tributaria, obtener su RFC y e.firma, y en muchos casos constituirse como persona moral. A esto se añaden trámites como el aviso de apertura de establecimientos, el registro patronal ante el seguro social, y en su caso, el registro de marca, cuyo costo rebasa los dos mil quinientos pesos. La propuesta de reducir el costo de apertura a solo un par de miles de pesos —más gastos notariales— sigue en análisis, pero aún no es una realidad.
El salario mínimo también pega en el bolsillo del empresario. Los ajustes anuales en el salario mínimo general han rondado el doce por ciento en los últimos años. En la zona fronteriza, el incremento es menor pero la base es más alta. Para un negocio que contrata a dos o tres empleados, ese aumento representa un egreso fijo adicional que no puede eludir, y que en muchos casos reduce la capacidad de contratación o fuerza a ajustar los precios finales.
La publicidad digital, hoy indispensable para cualquier negocio que quiera hacerse visible, también se encareció. Los permisos sanitarios para publicidad en televisión e internet han aumentado más de un treinta por ciento en el último año. En tanto, la inversión mensual en publicidad digital para una pequeña empresa oscila entre tres y diez mil pesos, y puede superar los cincuenta mil pesos en el caso de negocios consolidados. Para un emprendedor que recién arranca, ese gasto representa una apuesta de alto riesgo.
La seguridad es otro renglón que ha pasado a ser prioritario en los presupuestos empresariales. Casi la mitad de las empresas en México han aumentado su presupuesto en seguridad en el último año, y en promedio destinan entre el 2 y el 10 por ciento de sus gastos anuales a este rubro. Sistemas de videovigilancia, control de accesos, alarmas y, en algunos casos, contratación de custodias, se han vuelto gastos recurrentes que antes no figuraban en los planes de negocio.
La logística completa el cuadro de presiones. Entre los últimos diez años, el costo del transporte y el almacenamiento se ha incrementado más del setenta por ciento, y en el último año los gastos operativos en transporte de carga aérea, marítima y terrestre han registrado aumentos de entre el 25 y el 30 por ciento. Para un negocio que depende de la distribución de mercancías, ya sea una ferretería, una mueblería o una tienda de abarrotes, esos costos se traducen directamente en precios finales más altos.
El panorama no es alentador, pero hay alternativas. La digitalización permite a muchos negocios operar con menores costos fijos: una tienda en línea evita el gasto de renta física, y las plataformas de gestión gratuitas ayudan a controlar inventarios y ventas. La clave para quien quiera emprender es planificar cada peso, conocer los costos reales antes de firmar cualquier contrato, y buscar apoyos gubernamentales como los programas de simplificación administrativa que operan en varias alcaldías. La decisión de emprender sigue siendo válida, pero hoy más que nunca, la diferencia entre el éxito y el cierre está en la planeación.


