De moteles del amor a funerarias: el crudo reflejo del invierno demográfico en Japón

En las afueras de Tokio, un edificio que durante décadas albergó un colorido motel del amor ha sido repintado de blanco y morado. Donde antes parejas buscaban intimidad, hoy familias velan a sus difuntos. Esta transformación arquitectónica no es una anomalía, sino el reflejo de una profunda crisis demográfica que está reconfigurando el paisaje urbano y social de Japón.

El país enfrenta una realidad numérica incontrovertible: en 2023, por cada niño nacido hubo más de dos personas fallecidas. Los mayores de 65 años representan ya casi un tercio de la población, mientras que la natalidad sigue en caída libre, con apenas 720,000 nacimientos el año pasado. Esta ecuación demográfica ha creado un mercado paradójico donde los servicios funerarios florecen mientras los moteles del amor -símbolo del boom económico de los 80- cierran uno tras otro.

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La transición de estos espacios revela el cambio generacional en curso. Donde antes había habitaciones con jacuzzis en forma de corazón y camas redondas, ahora se instalan salas de velación y espacios para urnas. Los llamados «itai hoteru» (hoteles cadáver) han surgido como solución pragmática a la escasez de funerarias tradicionales, ofreciendo servicios que van desde la conservación de cuerpos hasta ceremonias express para familias con limitaciones de tiempo y espacio.

https://i.blogs.es/cb647a/gj8rfrpbuaaxqzj/1366_2000.jpegEste fenómeno ha generado una profunda reflexión social. En redes japonesas, usuarios comparan la transformación con un ciclo vital acelerado: «Los mismos lugares que ayudaron a crear vida ahora la despiden», escribió un comentarista. Otros ven en estas conversiones arquitectónicas una metáfora del invierno demográfico que vive el país, donde las prioridades urbanas están cambiando tan rápido como la pirámide poblacional.

Mientras el gobierno prueba medidas desesperadas -desde subsidios por nacimiento hasta programas de citas subvencionadas-, el mercado sigue adaptándose a la nueva realidad. Empresas funerarias innovan con servicios como robots budistas que cantan sutras por menos de 500 dólares o ceremonias virtuales para familiares en el extranjero.

La silenciosa transformación de ese edificio en Saitama, donde antes resonaban risas y ahora solo se escuchan plegarias, encapsula el dilema existencial de Japón: cómo construir futuro cuando cada año hay menos manos para edificarlo y más almas que despedir. En este contexto, la reconversión de moteles en funerarias no es solo una estrategia comercial, sino un síntoma de los profundos cambios que están redefiniendo lo que significa vivir -y morir- en la sociedad más envejecida del planeta.

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