La Facultad de Química (FQ) de la UNAM conmemora un siglo de enseñanza de la Ingeniería Química en México, una carrera que ha sido fundamental para la transformación industrial del país y que ha formado a figuras de renombre mundial como el Premio Nobel de Química 1995, Mario Molina, y Luis Ernesto Miramontes, inventor de la base para el primer anticonceptivo oral.
Desde su creación en 1916 en la Escuela Nacional de Química Industrial, la carrera de Ingeniería Química ha jugado un papel crucial en la construcción de una nación moderna y próspera. En sus primeros años, fue impulsada por Estanislao Ramírez Ruiz, considerado el padre de la Ingeniería Química en México, quien diseñó el primer plan de estudios en 1927 y fundó los cimientos para lo que hoy es una de las carreras más importantes en el ámbito científico y productivo del país.
Innovación y progreso
Profesores de la FQ coinciden en que la Ingeniería Química ha sido esencial para la industria petrolera, petroquímica, farmacéutica y la fabricación de productos vitales como fertilizantes y antibióticos. Según Aída Gutiérrez Alejandre, jefa del Departamento de Ingeniería Química, el área ha evolucionado constantemente, adaptándose a las nuevas tecnologías, como los simuladores y las herramientas informáticas, lo que ha permitido una formación más dinámica y accesible.
Una mirada hacia el futuro
En la actualidad, la carrera busca preparar a los futuros ingenieros químicos con conocimientos en áreas emergentes como nanotecnología, biotecnología e inteligencia artificial, con el objetivo de que sean profesionales creativos, capaces de enfrentar los retos de la industria y contribuir al desarrollo de soluciones sustentables que favorezcan a México.
Este aniversario no solo celebra los logros pasados, sino que también proyecta un futuro lleno de oportunidades para la investigación y la innovación, campos en los que la FQ sigue marcando la pauta, formando a expertos en bioingeniería, biocombustibles, y nuevos materiales. Como lo destacó Esteban López Aguilar, la FQ sigue siendo un semillero de talento y un referente en el sector productivo mexicano.
La Ingeniería Química en la UNAM ha sido, y continuará siendo, un motor clave para el crecimiento de México, mostrando cómo la ciencia y la educación pueden transformar la nación y contribuir a su prosperidad.