Un equipo de investigadores de la UCLA ha puesto bajo la lupa un hábito cotidiano que podría tener consecuencias inesperadas. Al analizar lo que sucede cuando masticamos chicle, descubrieron que cada pieza libera entre cientos y miles de microplásticos que terminamos tragando sin darnos cuenta.
La investigación, presentada ante la American Chemical Society, revela datos preocupantes. Un chicle promedio puede soltar hasta 3,000 partículas microscópicas de plástico en apenas ocho minutos de masticación. Lo más sorprendente es que esto ocurre tanto con los chicles convencionales como con aquellos que se venden como «naturales».
¿Cómo llega el plástico a nuestros chicles? La respuesta está en su composición. Mientras que antes se usaba savia de árboles como el chicozapote, hoy la mayoría contienen gomas sintéticas derivadas del petróleo. Estas incluyen sustancias como el polietileno (el mismo plástico de las bolsas del supermercado) o el acetato de polivinilo (componente principal de muchos pegamentos).
Aunque aún se estudian los efectos exactos en la salud, los científicos advierten que estos microplásticos podrían alterar nuestro sistema digestivo y liberar sustancias químicas nocivas. Mientras llegan más respuestas, los investigadores sugieren optar por chicles realmente naturales, masticar durante menos tiempo y, por supuesto, desecharlos correctamente para no contaminar el ambiente.
Al final, este estudio nos hace reconsiderar ese gesto automático de sacar un chicle después de comer. Quizás valga la pena buscar alternativas más saludables, tanto para nosotros como para el planeta.