La incorporación de la llamada “Dieta de la Milpa” en los 85 comedores populares del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México (DIF CDMX) busca recuperar ingredientes tradicionales y mejorar la alimentación de sectores vulnerables; sin embargo, el reto será garantizar continuidad, abasto y alcance real de esta estrategia alimentaria en una capital donde persisten altos índices de obesidad y consumo de productos ultraprocesados.
El DIF capitalino informó que los nuevos menús incluyen ingredientes como nopales, quelites, calabaza, frijol, maíz, huitlacoche, flor de calabaza y amaranto, alimentos históricamente vinculados al sistema agrícola de la milpa mexicana. La medida comenzó a operar desde el pasado 10 de mayo en los comedores populares para el Bienestar que atienden principalmente a personas de escasos recursos.
Entre los platillos que ya se ofrecen destacan sopas de nopales con chile morita, crema de elote tatemado, quesadillas de huitlacoche con epazote, tamalitos de maíz rellenos de frijol y queso, así como gorditas de amaranto con pico de gallo. Los menús también incluyen ensaladas con quelites y platos fuertes como mixiotes de pollo con vegetales, pescado empapelado y calabacitas rellenas de huitlacoche y elote.
De acuerdo con el organismo encabezado por Beatriz Rojas Martínez, las comidas continúan teniendo un costo de 11 pesos y forman parte de una estrategia para fortalecer la seguridad alimentaria y rescatar prácticas culinarias tradicionales. Las recetas fueron diseñadas por especialistas en nutrición con el objetivo de reducir el consumo de azúcares y alimentos procesados.
Como parte de esta transformación alimentaria, el DIF eliminó de los comedores las aguas azucaradas y los embutidos, productos asociados a enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y obesidad. En su lugar, se priorizaron preparaciones basadas en ingredientes naturales y de origen vegetal, considerados de alto valor nutricional.
La institución sostuvo que la Dieta de la Milpa no sólo aporta proteínas, vitaminas y minerales esenciales, sino que también fortalece la identidad cultural y promueve prácticas agrícolas sostenibles. El modelo retoma la asociación tradicional de maíz, frijol, calabaza y chile, considerada por especialistas como una combinación nutricionalmente equilibrada y ambientalmente resiliente.
Aunque la iniciativa ha sido presentada como una política de bienestar alimentario, especialistas en salud pública han advertido en distintos estudios que los programas de alimentación social requieren supervisión permanente, presupuesto suficiente y educación nutricional para generar impactos duraderos. En México, el acceso a comida saludable continúa siendo desigual, especialmente en zonas urbanas con altos niveles de pobreza.
Datos de organismos como la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Salud Pública han señalado que el consumo excesivo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados sigue siendo uno de los principales desafíos de salud pública en el país. En ese contexto, la apuesta por ingredientes tradicionales podría representar una alternativa para recuperar hábitos alimenticios más nutritivos y accesibles, aunque su efectividad dependerá de la permanencia y expansión del programa.
El DIF capitalino indicó que los comedores son operados por grupos solidarios y atienden diariamente a cientos de personas en distintas alcaldías de la Ciudad de México, donde además de alimentación se busca fortalecer el tejido comunitario mediante una cocina basada en productos locales y conocimientos ancestrales.


