la leyenda del ex convento de Corpus Christi

En el año del 2005 se comenzó a restaurar el convento de Corpus Crhisti, parte de un proyecto que buscó (y busca aún) rescatar los perímetros del Centro Histórico y darle mantenimiento a cientos de edificios recuperando así la historia del barrio más legendario del país. En el marco de esta recuperación, los arqueólogos encontraron una lapida fechada en el año de 1727 que contenía una inscripción “donde esté su corazón estará su tesoro”. Detrás, existía una leyenda que hasta ese momento era parte de los mitos urbanos que abundan en el Centro, sin embargo con el hallazgo se comprobó que la leyenda era certera.
Dicha leyenda comenzó con la construcción del convento de Corpus (que se ubicó frente a la Alameda Central) y que fue mandado a hacer por el Virrey de Valera, Baltazar de Zúñiga y Guzmán, quien después de una carrera prolífica en la corte de Carlos II, como consejero de Indias, sería nombrado por el Rey Felipe V, Virrey en la Nueva España.

Sobre el Virrey Baltasar de Zúñiga y Guzmán

Baltasar, de 60 años, desembarcó en el puerto de Veracruz, pasó por Puebla y permaneció en el Castillo de Chapultepec hasta que se le hicieron los respectivos honores para tomar posesión de su nuevo puesto como Virrey de la Nueva España el 16 de Julio de 1716.Virrey Baltasar de Zúñiga y Guzmán
Baltasar tuvo que enfrentar problemas que se gestaban al interior en el “calmo” virreinato, por las constantes invasiones de los ingleses que trataban de hacerse de territorios mexicanos, entonces la colonia española. Llamó a los caciques situados en Texas que habían venido sufriendo de sequías y hambrunas y que había reducido su presencia en esas tierras para agasajarlos en la capital y convencerlos de no alzarse en armas debido al abandono en el que se les había mantenido, continuó, por otro lado, la repoblación que había encargado el virrey anterior al capitán Domingo Ramón, en el norte del país. Se encontró con los emisarios del fraile Salvatierra que en ese entonces cruzaban la república provenientes del norte del país y que le comunicarían que las Baja Californias eran en realidad penínsulas. También contuvo las aproximaciones de franceses y daneses que peligrosamente se acercaban a territorios coloniales españoles con afanes expansionistas.

El corazón del Virrey Baltasar
Se dice que el Virrey fue el primer soltero de la Nueva España. Sin embargo, tenía sus amorios, y fue gracias a ello que una tarde de 1717 casi se gana la muerte, pues un ex paciente del hospital psiquiátrico de San Hipólito intentó atravesarlo con una daga; fin que su guardia personal evitó. Con este antecedente el murmullo de la época también dejó entre ver que el virrey sostuvo una relación con la esposa de dicho esquizofrénico que fue encerrado definitivamente en el nosocomio. Esta razón fue suficiente para que Baltasar mandara a construir un templo justo en el lugar donde casi pierde la vida. Aquí, en el templo de Corpus Crhisti, guardaría su corazón (literalmente), pues se enamoró de una monja a quien también le propuso matrimonio, y ésta habría de rechazarlo, enclaustrándose en el convento de Santa Isabel.
El nuevo convento de Corpus Crhisti serviría para darle cabida a las hijas de los caciques indígenas quienes solo eran admitidas en instituciones religiosas, en ese entonces como criadas. El Virrey de Valera regresaría a España para posteriormente morir en Madrid, pero su corazón, como él dejo escrito en su testamento, sería enviado como última voluntad en una caja de plata para ser depositado en el convento, muestra del arrobamiento que le causó aquel amor fatídico del que no encontró respuesta.
El Convento de Corpus Christi actualmente evoca a una pequeña caja cuya resonancia evoca el pasado en medio de un conjunto de edificios gubernamentales pertenecientes a las oficinas de Relaciones Exteriores, diseñadas por el ya desaparecido y célebre arquitecto mexicano Ricardo Legorreta. Salvar del conjunto a este pequeño recinto también es un guiño en medio del centro del país, de un corazón antiguo que permaneció en el tiempo y se mantuvo ahora en una caja cuya resonancia es distinta, no de plata y detrás de una lápida, sino en un complejo que representa a una ciudad con ánimos de renovación que mira hacia el futuro.

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