Día Mundial de la Salud 2021

CDMX 7 de abril del 2021.-Un mundo más justo y saludable exige la ética social ante lo que descarnadamente ha exhibido la pandemia de COVID-19: “Vivimos en un mundo desigual, donde algunas personas pueden llevar una vida más sana y tener mejor acceso a los servicios de salud que otras, debido enteramente a las condiciones en las que nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen”.

En el Día Mundial de la Salud, este 7 de abril, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pone el dedo en la llaga, y reconoce que algunos grupos luchan por llegar a fin de mes con pocos ingresos diarios, tienen peores condiciones de vivienda y educación y menos oportunidades de empleo, experimentan una mayor desigualdad de género y tienen poco o ningún acceso a entornos seguros, agua y aire limpios, seguridad alimentaria y servicios de salud.

Todo ello provoca sufrimientos innecesarios, enfermedades evitables y muertes prematuras, y perjudica a nuestras sociedades y economías, admite el organismo que ha encabezado las acciones globales ante la pandemia, al lanzar una campaña para construir el anhelo de equidad, porque esas condiciones no sólo son injustas, sino evitables.

Pide a los líderes que, en consecuencia, garanticen que todas las personas tengan unas condiciones de vida y de trabajo que favorezcan la buena salud, y los conmina a monitorear las desigualdades en materia de salud y a garantizar que todas las personas puedan acceder a servicios de salud de calidad cuando y donde los necesiten.

Aun cuando la COVID-19 ha golpeado duramente a todos los países, expone, su impacto ha sido más acusado en las comunidades que ya eran vulnerables, que están más expuestas a la enfermedad, que tienen menos probabilidades de acceder a servicios de salud de calidad y que tienen más probabilidades de sufrir consecuencias adversas como resultado de las medidas aplicadas para contener la pandemia.

Por cierto, uno de los sectores más impactados por la pandemia son las mujeres, aun cuando “la gran mayoría de los trabajadores de salud pública son mujeres”, de acuerdo con la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) Carissa F. Etienne, quien ha señalado que ellas “son también líderes de familia y las principales proveedoras en muchos de estos hogares, y gran parte su trabajo no es remunerado o se considera mano de obra informal”.

De hecho, agrega, las mujeres han sido centrales en la respuesta contra la pandemia y, sin embargo, continúan desproporcionadamente subrepresentadas en los liderazgos de servicios de salud a nivel nacional y mundial, tanto en instituciones como en órganos de formulación de políticas”.

Datos del grupo de trabajo interamericano sobre el liderazgo de la mujer, indican que en América Latina y el Caribe nueve de cada 10 enfermeras son mujeres, mientras que solo el 25% de los puestos ejecutivos en los hospitales son ocupados por mujeres. En las Américas, aproximadamente un millón de trabajadores de salud pública se han infectado de COVID-19, 4,000 han perdido la vida y de estos dos de cada tres son mujeres.

Considera que la reconstrucción después de la COVID-19 es una oportunidad única para “construir sociedades más justas” con mujeres ejerciendo el liderazgo.

En un panel internacional organizado por la OPS se dijo también que las mujeres han cargado con el mayor peso en cuanto a intentar mantener un empleo al mismo tiempo que deben cuidar de sus hijos en casa, siguiendo con las medidas de salud pública. Precisaron que la “economía de cuidar a otros”, en la que las mujeres cuidan de los hijos y otros miembros del hogar sin paga, debería ser compensada monetariamente.

Ante esas condiciones “exhortamos a los países a que desarrollen políticas no para las mujeres sino con las mujeres”, dijo Etienne. “Se estima que únicamente el 1% de los líderes globales son mujeres y que solo el 14% de los representantes parlamentarios del mundo son mujeres. Estoy segura de que podemos hacerlo mejor. Aquí tenemos otra oportunidad para cambiar el paradigma hacia el desarrollo integral y sostenible que tanto necesitamos. No es posible que haya desarrollo sostenible si se excluye a las mujeres del liderazgo”.

La OPS plantea asimismo un enfoque Intercultural que promueva la paridad de trato entre los diferentes grupos culturales, al considerar la salud como un derecho fundamental y entender como implícita la capacidad de los profesionales de la salud de poder integrar el conocimiento con las creencias y las prácticas tradicionales al momento de enfrentar una enfermedad.

Las políticas, programas y proyectos en salud son adaptables y transferibles al momento de confrontar la inequidad étnica mediante la inclusión de las poblaciones afectadas por la misma, dentro del marco de sus actividades, añade el organismo panamericano.

Aboga por programas y proyectos con políticas inclusivas y tradicionalmente sensibles que consideran dentro de sí la medicina y prácticas tradicionales. De lo contrario, subraya, la carencia de esta consideración implica políticas, programas y proyectos culturalmente insensibles.

Por todo lo anterior, este Día Mundial de la Salud se realiza el panel virtual “Construyendo un mundo más justo, equitativo y saludable después del COVID-19 en la Región de las Américas”, de 9:00 a 10:00 h, por Zoom, YouTube, Facebook y Twitter, con interpretación simultánea en inglés, español, portugués, lenguaje de señas y subtitulado.

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